Linkbuilders (parte 1)

Seguimos una estricta regla de vida. En eso nos parecemos mucho a los antiguos monjes cristianos. Nosotros también tenemos nuestra liturgia. En lo que concierne a la observancia de la norma, es lo mismo. La norma da el ser a la cosa. Norma dat esse rei. Vinculum permanens et quasi in habitu, añadiría. Y dice así: Todo lo cumpliremos con la ayuda de Google con humildad de corazón, dejando de lado toda arrogancia, con atención y ardiente deseo, sin buscar excusas, y con la aprobación del algoritmo. Y si uno de nosotros, actuando contra la regla, urdiera en secreto y fuera del alcance de Penguin una alteración artificial de las SERPs, entonces Él tendrá la potestad de infligir a cualquiera que haya intentado este crimen la exclusión por seis meses de la comunidad. Sus páginas web permanecerán en una celda oscura donde no alcance el usuario humano. Habrá una manta o un cilicio, no habrá cinturón ni calzado; pan y agua como único alimento.

Si el monasterio fue tal vez el primer lugar donde la vida misma se presentó como un arte, nuestra forma de vida y arte se le parecen. La llamamos la estética del posicionamiento. Formamos un club apartado y solitario que ama la literatura y ha fracasado al intentar vivir de ella. Somos tres. Linkbuilders desde 2014. El summum para nosotros: una primera posición lograda sin errores en todas las KW de una web. Y contemplar supinos en el sofá el funcionamiento armónico de la superestructura de links cruzados resultante, la naturalidad con la que burlan a los centinelas de Penguin y seducen la sutil sensibilidad del algoritmo. No es una cuestión de dinero. Es una cuestión lingüística que ha requerido de la invención de una nueva forma de escritura. El lenguaje SEO sin alma; el más alto de los niveles de la semántica. Pues no somos mercanchifles ni prebendarios. Somos estetas y seguimos una regla. Un horologium vitae cenobítico al que nos ceñimos de tal forma que la vida se confunde con la regla, y la regla con la vida, porque dormimos pensando en la estructura que agradará al algoritmo y despertamos pensando en ella; comemos amontonando migas de pan o reuniendo palitos o haciendo tic tic en el borde de los platos; contamos los pasos que damos, soñamos sin cesar variantes y posibilidades de la estructura. La meditatio es perpetua. El tiempo se ha convertido en la forma del sentido interno. Hemos aprendido a anticiparnos.  Pero ya no sentimos nada.

Lorevey dijo: viviremos juntos. En una sala central colocaremos el servidor VPS y los ordenadores. Por la mañana, despertar con el alba y desayuno frugal. Entonces, lectura de la regla. La regla dice: Recibirás la bendición de un enlace benigno gestado de forma natural. La regla dice: aprenderás a repetir en el extremo de la repetición, pues a ello te has consagrado. Lectura de la regla también en la comida y en la cena, los tres en torno a la mesa y las luces bajas porque nos duelen los ojos. La regla dice: leerás la regla en los desayunos, las comidas y en las cenas. Eso mismo hacemos, en los desayunos, en las comidas y en las cena, vivere in oboedientia, in castitate et sine propio, según la regla. El resto del tiempo construimos enlaces, conectamos, empalmamos, ordenamos de acuerdo con la lógica imaginada. También escribimos textos por las mañanas, cuando nuestra percepción sensorial ha descansado. Seguimos las reglas, y si las comprendemos, las burlamos. En términos jurídicos, nos dice Loverey siempre, reclamamos el derecho de no tener ningún derecho. La paradoja jurídica. Abdicatio omnis iuris, para entregarnos libres y serviles a nuestro nuevo dios. Y añade: “¡Aquí hace falta un teólogo!”.

1 comentario
  1. Kaczynski
    Kaczynski Dice:

    Muy bien. Aunque no sea objetivo, dado que me opongo a la traducción humana que ha dado la sociedad, sola o con ayuda de la publidad, a la tecnología. Nunca he visto, en efecto, tanto rito, tanto paganismo ideosincrático. Y ahora cito Espriu:

    No et miris en el corrent
    no t’allunyis del vent.
    No estimis la teva imatge
    al fons de l’aigua.

    Responder

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