Party Hard Tycoon y una teoría de la fiesta

En el centro de la fiesta no hay nadie.
En el centro de la fiesta está el vacío.

Pero en el centro del vacío hay otra fiesta.

Roberto Juarroz

Hacía años que no iba a la discoteca. Mis problemas de espalda y la creencia sobrenatural de que ya soy un anciano lo habían impedido. Pero el otro día, tras mucho tiempo de silencio en el campo, regresé a uno de los templos de la fiesta barcelonesa. Eso sí, llegué muy tarde. Quedaba poco para que cerraran. Los cuerpos languidecían en la pista como volúmenes en exhibición. Mi amigo yacía destruido en la barra con la corbata envuelta en torno a una copa vacía. A pesar del approach con movimiento acompasado de cadera, fui recibido con escepticismo. ¿Dónde está la fiesta?, le pregunté a mi amigo con espíritu rumboso. Aquí no hay ninguna fiesta, contestó. C’est la guerre qui correspond à la fête, me dijoY nos marchamos de allí.

Regresé a casa sin haber estado en fiesta alguna. Pero deseoso de ella. Y así, engolfado, me puse a buscar por internet algo que pudiera suplir mi ansia incluso allí, a solas. Mi tío ya me había enseñado años atrás el concepto de la fiesta solitaria en el vacío chocando con los muebles, así como los versos de Juarroz, pero yo quería algo más. Algo que correspondiera con las posibilidades del momento. Así fue cómo di con Party Hard Tycoon:

Me encontré diseñando en plena madrugada una discoteca con zona vip y capacidad para 600 personas. En medio de la noche distribuí el sistema de sonido, dispuse la tarima del DJ, aderecé los reservados con alfombras de cachemir y sofás de cuero blanco. Abrí la discoteca hacia las seis de la mañana y empezó la fiesta. Mientras jugaba a Party Hard Tycoon, excelente simulador de discotecas diseñado por Tinybuild y Pinok,  mi cuerpo se movía en la silla creando una nueva forma ultramoderna de la fiesta solitaria. Allí, con los píxeles bailando bajo ritmos midi, en lo profundo del vacío del interior de la fiesta y el espacio penumbroso de mi habitación, me pregunté: ¿Qué es una fiesta? ¿Cuál es la verdadera naturaleza de la fiesta? ¿Por qué no hay fiesta cuando se está en la fiesta? O bien, ¿dónde está la fiesta?

Platón enlazó el concepto de juego y fiesta en el Fedro, y Hegel lo suscribió con una afirmación especular: la seriedad consiste en la relación entre el trabajo y la necesidad. Es innegable que en toda fiesta hay un componente de juego y así lo atestigua la Antropología. ¿Y qué más? Nietzsche dijo, con su habitual clarividencia vagamente desplazada: «No es muestra de habilidad organizar una fiesta, sino dar con aquellos que puedan alegrarse en ella». De modo que si no es en una buena organización, ¿dónde reside pues la esencia de lo festivo? ¿Quiénes son aquellos que pueden alegrarse en ella? Incorporamos aquí otro elemento: la contemplación (el sosiego de la mirada interna a lo que se muestra). En la fiesta habita el hombre históricamente corporal que no encuentra satisfacción sino en el ver. La contemplación es un elemento clave de la fiesta. Pero una fiesta no es sólo contemplación: eso puede comprobarlo cualquiera. Además de juego, personas que puedan alegrarse en ella y contemplación, hay otro elemento, «un festivo por qué», dice Joseph Pieper en Una teoría de la fiesta (libro que, por cierto, hace años que tengo en la estantería y que no había leído hasta ahora. Aguardaba el momento idóneo para hacerlo). El elemento que falta lo encontramos en la tradición cristiana de la antigüedad (no confundamos eso con lo que ahora sabemos de la Iglesia): donde se alegra el amor, allí hay fiesta.

una teoria de la fiesta pieper

Como decía también Nietzsche, para amar y sentir alegría por algo, hay que aprobarlo todo. El espíritu de la fiesta consiste en pensar, según Pieper, todo lo que existe es bueno, y es bueno que exista. Si nos fijamos en esta afirmación, encontramos el quinto elemento, la quintaesencia alquímica: el rito religioso. Con este elemento el concepto de fiesta también se extiende a lo que los griegos creían que era su origen: el rito funerario. No hay que entenderlo en un sentido mesiánico. No hay que ponerse a rezar en medio de la fiesta, vaya. Hay que entenderlo, en palabras de Pieper, así: «Celebrar una fiesta significa celebrar por un motivo especial y de un modo no cotidiano la afirmación del mundo hecha ya una vez y repetida todos los días […]. Si el núcleo de la fiesta consiste en que los hombres viven corporalmente su compenetración con todo lo que existe, entonces -segundo plano- es el acto del culto, la fiesta litúrgica, la forma más festiva de la fiesta». Importante tenerlo en cuenta a la hora de valorar nuestras fiestas. Como importante es considerar fiesta litúrgica en el sentido más amplio (esto es: podría serlo también una desbocada bacanal discotequera, y a veces, quizá, efectivamente lo es).

Después de leer este libro me pensé a mí mismo primero en la discoteca, y luego, todavía más lúgubre, jugando a la discoteca en el ordenador. Mi deseo es el de fiesta, pero en las fiestas a las que acudo sólo encuentro un vacío que me lleva a fiestas solitarias y a su vez a otro vacío. De vacío en vacío, escribo. Party Hard Tycoon ofrece una experiencia curiosa que no debería ser solitaria (la banda sonora es el elemento en el que han puesto más interés los desarrolladores). Extraña es la sensación de encontrarse en medio de una fiesta virtual, quitarse los cascos un momento y toparse de pronto con el silencio de la habitación a oscuras. Por un momento uno no sabe si hay más fiesta en el silencio o en la pseudofiesta llena de pompa bullanguera que ha montado en la pantalla. Y eso da que pensar, por lo menos a mí, en lo extraviados que estamos.

El libro de Pieper analiza históricamente el concepto de fiesta, lo pone en relación con conceptos como el trabajo, el Capital, el Nacionalismo, y describe cómo, sucesivamente, el propio concepto se ha vaciado de sí mismo para ser investido de elementos que lo desfiguran. Un libro esencial para aquellos que deseen volver a sentir el júbilo por la fiesta que sintieron quizá cuando sólo eran jóvenes e impresionables.

2 comentarios
  1. Mabuse
    Mabuse Dice:

    Creo que te olvidas de citar a Ludovicus Magnanimus y su tratado cabalístico en torno al uso no paradigmático y claramente soez de las gafas de sol en entornos de carácter marcadamente fiestero. Como afirma Magnanimus, “el fetiche parece flotar como un corpúsculo identitario que naufraga sin remedio entre los partidarios del ente en sí.” Una joya vamos.

    Responder

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