elite dangerous traffic strike

Huelgas estratégicas en el universo Elite: Dangerous

Ayer, 8 de noviembre, fue un día de aturada de país en Cataluña. Puesto que no fue consensuada con los sindicatos, pudimos observar sobre el terreno un planteamiento estratégico de: hacer el máximo daño con pequeñas acciones. En este caso, el bloqueo de las infraestructuras del país: fronteras y estaciones de tren. Con deleite degusté el caótico mar de contradicciones que se formó ayer entre bloqueados, bloqueantes y partidarios y detractores externos de ambas posiciones. El ministro de interior decía: ningún seguimiento, cuando en verdad el puerto, las autopistas y las estaciones principales de tren estaban bloqueadas. La situación permitía decir, en el lado de los así llamados independentistas: “gran impacto”, sin que eso fuera contradictorio con “ningún seguimiento”.

La cuestión es que la acción y en particular sus procedimientos evocaron en mí el recuerdo lejano de una huelga que viví durante unos días en mi época de Elite: Dangerous. Os pongo en situación: Elite: Dangerous es un MMO (Multijugador Masivo Online) ambientado en el espacio, en un futuro lejano. La humanidad se ha extendido por el espacio y habita en La Burbuja, situada en uno de los brazos de la Vía Láctea. Los jugadores pilotan naves espaciales en un entorno libre y realizan intercambios comerciales, transportes de pasajeros, misiones diplomática, militares, etc, que en conjunto dan forma a la situación económica-política y social de La Burbuja. Elite: Dangerous es el mundo abierto online más grande que existe: contiene, con cartografía realista (por lo menos en el ámbito local), 400 millones de estrellas de la Vía Láctea. Antes de entrar en materia, os dejo con un curioso vídeo de la evolución del tráfico estelar del juego en sus primeros tres años de vida. Los puntitos son naves espaciales de usuario. La escala in situ del mapa es 1:1. En el mapa de la izquierda del vídeo, 1 cm corresponde a 10.000 años luz (la Vía Láctea tiene un diámetro total de 100 mil años luz). A la derecha, el entorno del sistema Sol y el entorno del sistema Colonia, un puesto avanzado de la humanidad más allá de Sagitario A, en otro de los brazos de la galaxia.

Cuando el juego se lanzó, los sistemas de orientación y navegación que incluía el programa resultaban por completo insuficientes para orientarse en un mundo tan grande. Por eso, empezaron a aparecer aplicaciones en Internet que ofrecían bases de datos actualizadas en tiempo real e información detallada que el juego no daba. Elite Dangerous Database es una de las más visitadas. En esta página, el piloto espacial puede consultar la oferta y demanda de todas las estaciones espaciales, puede asimismo elaborar complejas rutas de navegación y conocer la situación política, militar y económica de cada sistema solar habitado. Estas páginas proliferaron desde el principio, creadas por usuarios anónimos sin ánimo de lucro. Y desde el principio, el 100% de los jugadores las utilizó (es imposible jugar sin ellas).

Hasta que un día los creadores de estas aplicaciones anunciaron una huelga y tumbaron los servidores de todas sus páginas, causando estragos, desorientación, caos en el interior del juego.

Este es su comunicado, publicado el 27 de abril de 2017 en Reddit. El motivo de la huelga: la falta de apoyo por parte de los programadores del juego, la empresa Frontier. Su petición: que los desarrolladores facilitarán un puente de comunicación directo con los creadores de estas aplicaciones externas. Su acción: bloquear sus páginas webs y sembrar el caos en la orientación de los jugadores para, en definitiva, disminuir la experiencia y probar, así, su valor como pieza.

De esta manera, cuando empezó la huelga, en apariencia nada ocurría. Uno podía entrar en los servidores de Elite y entrar en La Burbuja sin problemas. Eso mismo hice yo alguna tarde. Pero una vez dentro: la imposibilidad. Sin esas aplicaciones podía volar, dar vueltas con mi nave espacial, pero difícilmente emprender ambiciosas rutas interestelares. Por decirlo así todo el mundo a trabajar, pero nada fue normal. En pocas horas Frontier, el poder instituido, en este caso, se vio obligado a reaccionar. El juego en su integridad funcionaba a la perfección pero sólo con la supresión de uno de sus soportes, en apariencia secundario, se colapsó.

Es notoria, pues, la debilidad del capitalismo en el ámbito de la protección de sus infraestructuras (en el sentido literal de la palabra).

 

tasa de rebote

Tasa de rebote y locura

La tasa de rebote es el verdadero misterio de Google Analytics. Este dato señala qué porcentaje de usuarios entra en una web y sale de ella sin haber hecho nada. No se detecta scroll ni permanencia en el sitio, nada de nada: la puesta en escena de un tropismo que no debería haberse realizado. Por lo tanto, una alta tasa de rebote indica un alto índice de visitas de mala calidad. De acuerdo con esta afirmación, si nos atenemos a las estadísticas generales, observaremos cómo en Internet predominan las visitas de baja calidad: en un blog de contenido considerado -por Google- de calidad, una tasa de rebote aceptable rondaría el 60%. De cada 10 visitas, 6 habrían llegado para marcharse a continuación. En páginas comerciales la tasa de rebote puede ascender hasta el 85% /90% sin problemas.

Apunte psicológico asociado: Un día, en el metro, observé a un chico de mi edad mientras interactuaba con el móvil. Por momentos, nada raro: conversación ilegible de Whatsapp a base, principalmente, de emoticonos. Pero entonces, un cambio: en el proceder del chico, de alguna manera, una disfunción, un bug: el muchacho salió de la conversación de Whatsapp y empezó a hacer scroll. Ese scroll subía y bajaba por la lista de conversaciones. De vez en cuando, el scroll se detenía, y entrábamos en una conversación para, de inmediato, salir de ella. La combinación scroll – entrar en conversación – salir de ella, cuya sustancia mental sólo puede corresponder a la pura pulsión, adquirió una velocidad absurda, el muchacho parecía absorto en alguna imposible búsqueda de algo, y no levantó la vista del móvil hasta que, en una parada, una tromba de gente lo molestó físicamente.

Ahora que mis viajes en metro son más frecuente y mi observación se ha ampliado, puedo confirmar que he observado esa conducta en más personas -sin distinción de género, edad, etc-. Yo mismo me he sorprendido a veces en el bucle, con lo cual considero irrefutable que ese patrón existe, y se está extendiendo.

Esta conducta puede verse reflejada en la tasa de rebote, pues la tasa de rebote mide exactamente lo observado: alguien que entra en un sitio para a continuación salir de él sin haber hecho nada, para a continuación entrar en otro sin hacer, a su vez, nada, y así sucesivamente hasta por fin encontrar un remanso flotante que es, a su vez, una escapatoria (lo que en programación C# se conoce como un break, una salida para un programa en bucle).

En este artículo, de la manera más fría e impersonal, analizaré la tasa de rebote de esta misma web. Ya adelanto que los datos son dramáticos. El análisis se ha realizado cruzando datos de Analytics con Facebook en directo, de manera que una cifra en principio anónima, la tasa de rebote, aquí ha dejado de serlo. Naturalmente, mantendré en todo el tiempo la privacidad de los usuarios sujetos a estudio.

Tasa de rebote en un efecto viral

Empecemos analizando una entrada que compartí en agosto de 2017. Se trataba de un artículo que denunciaba un impago por parte de una editorial. La naturaleza reivindicativa del artículo y su carácter experimental (se pretendía atacar con posicionamiento SEO palabras clave de la editorial que no me había pagado) produjo un efecto viral cuando lo compartí en Facebook.

En tres días, a raíz de la viralización en la red social, la entrada obtuvo estos datos:

tasa de rebote facebook

973 visitas con una tasa de rebote del 89,52%. Es decir, de 973 personas que entraron en el artículo en cuestión, sólo 101 pasaron del titular. A partir de aquí, deberíamos analizar caso por caso, pero la cifra “duración media de la sesión” (44 segundos) nos permite suponer que más de la mitad de esos 101 no leyeron el artículo. De unas 973 visitas, podríamos estar casi seguros de que 930 fueron inútiles tanto para el visitante como para el visitado.

En Facebook, el artículo se compartió 14 veces y recibió en torno a los 260 likes.

Tasa de rebote en artículos no virales

Por lo general, los artículos que publico tienen poca trascendencia. Observemos qué ocurre en el nivel más pequeño de Facebook. Cuando no se produce viralización, lo que estamos analizando es, esencialmente, la conducta de mis amigos próximos (en Facebook y según su algoritmo). Algunos ejemplos con resultados que, particularmente, me inquietan. En todo caso, muestran un patrón distinto al viral. Se ponen en juego los pesos de las interrelaciones más próximas:

  • Esta entrada dedicada al lenguaje de programación C# recibe en Facebook 34 me gusta. En Analytics vemos que esos 34 me gusta ha dado como resultado 22 visitas en la web. El procentaje de rebote de esas 22 visitas es del 83,89%, y la duración media de la visita 1:32. Puedo inferir que, en esencia, de todos los que se han manifestado tan sólo 3,5 personas han leído el artículo entero.
  • En esta reseña de un cómic de un amigo, tanto mi post en Facebook como el suyo generaron un total de 60 me gusta. En Analytics vemos que se recibieron 71 visitas de Facebook con una tasa de rebote del 78% pero, felizmente, una duración media en el sitio de 3:50 minutos. 8,52 personas de 71 leyeron el texto de manera más o menos íntegra.

Si cotejo estos datos con otros extraídos azarosamente de los cerca de 40 dominios a los que tengo acceso (pues parte de mi trabajo tiene que ver efectivamente con Internet), compruebo que los resultados son parecidos o peores (sobre todo en las páginas que “quieren vender algo”).

Puesto que, en alguna medida, pienso que la escritura es mi principal virtud, no puedo congratularme por los resultados que observo, pues más del 90% de visitas que recibo vía tráfico social (incluso cuando sólo se trata de amigos o conocidos) no leen en absoluto lo escrito. Uno, por supuesto, no claudica, pues ya ha aceptado que el fracaso es también una forma de acceder a nuevos impulsos. Pero lo que no puedo evitar es la inquietud que suscita esta preponderancia general de tasas de rebote superiores al 70%, dato constante que nunca es afectado por el contenido (es decir, un contenido superior, incluso un contenido perfectamente pensado para la psicología del lector en Internet, mantendría tasas similares).

No me imagino, en la calle, que el 70% de las acciones de las personas empezaran a consistir en “entrar y salir de panaderías sin siquiera mirar el escaparate”, gente entrando por la puerta de un bar y saliendo por la ventana sin haber percibido al camarero, barrenderos que recogieran las hojas otoñales para seguidamente volver a esparcirlas a sus espaldas, y toda una sucesión de bucles que, de darse manifiestamente en el mundo físico, quebrarían su integridad simbólica.

Por eso se dan, sin freno, en Internet, el espacio abierto y anónimo (no tanto, no os lo creáis) para la pulsión.

programacion lenguaje c mundo

Creación de mundos en lenguaje C# orientado a objetos / elucubraciones

En mi rosicler infancia tenía en el armario una caja con unas mil piezas de Tente, una especie de alternativa de los 90 a Lego. Con ellas pasaba tardes enteras dedicadas a la construcción de edificios y, sobre todo, de vehículos que sistemáticamente hacía chocar entre sí. El problema: cada navidad y cada cumpleaños desde 1990 hasta por lo menos 1995 pedí en vano nuevas piezas de construcción Tente. Mi padre me lo explicó claramente cuando tenía 6 años: “Tente ha quebrado y ya no fabrican piezas”. Pero no por ello dejé de pedirlas. Por lo tanto, esas 1000 piezas que de que disponía fueron el total absoluto de piezas de mi infancia a disposición para construir. El límite. En mis sueños nocturnos imaginaba edificaciones monumentales, pero en la vigilia debía claudicar ante la insalvable frontera que representaban esas 1000 piezas y la imposibilidad, según padre, de adquirir nuevas.

En conclusión, debido a la escasez infantil nunca pudo realizarse plenamente la fantasía constructora. De hecho, quizá por esa propia escasez material surgió la voluntad inmaterial de la escritura: imaginación a cambio de sustancia, quid pro quo. Pero la fantasía constructora perdura y como anhelo es también fuente de impulso. Durante mucho tiempo me entregué precisamente a videojuegos del tipo “simulador de construcción” (de ciudades, de edificios, de coches, de trenes, etc). En ellos edifiqué mucho. Pero el anhelo tampoco fue colmado. La última parada en este sinuoso recorrido en busca del objeto perdido (la pieza de Tente nunca obtenida) ha sido el lenguaje de programación C#.

Tal y como una vez me ocurrió con los libros: un día estaba delante del ordenador jugando a un simulador de construcción de ciudades cuando percibí un hastío existencial notorio. El simple hecho de jugar, como el simple hecho de leer, de pronto no me bastaba. Mientras jugaba, empecé a preguntarme cuáles serían los engranajes del videojuego que tenía en pantalla, y si esos engranajes constituían un lenguaje creativo. Me figuré qué posibilidades ofrecía aquello y empecé a investigar.

Los primeros pasos fueron fraudulentos. Descubrí que el lenguaje de programación más popular en entornos de videojuegos y Windows es C#. Me apunté a un curso especializado en “crear videojuegos” con Unity -programa para crearlos-, y me lancé al estudio de la sintaxis y gramática de C#.

A las dos semanas lo había abandonado. Primero, porque no entendía nada. Lo que tenía delante era una lógica distinta. Comprenderla y manejarla implicaba adoptar posiciones nuevas en la mente. Segundo, porque había una presencia importante de matemáticas: movido por el prejuicio me vi incapaz a priori de afrontar el reto. Además, en mi entorno había escepticismo: tengo 32 años y cuestiones como la programación se imaginan vocacionales, no tardías.

Sin embargo, el abandono fue temporal. Tan sólo una retirada. Pues regresé con fuerza hace unas semanas al estudio habiendo aniquilado todo prejuicio, toda imposibilidad y todo bloqueo tras un verano de riguroso vampirismo, y me inicié finalmente en el mundo del lenguaje C#. El objetivo: capturar el anhelo antañón: la creación de mundos a través de piezas, esta vez infinitas por imposibilidad de quiebra.

El lenguaje C# es un lenguaje orientado a objetos. Con él, podemos representar cualquier cosa que imaginemos. Pongamos un ejemplo que yo mismo he seguido, y que desarrollaremos poco a poco. La posición inicial es la del programador sentado ante un proyecto vacío de Unity. Este programador quiere hacer algo en apariencia ambicioso: crear un mundo. ¿Qué es lo que hace? En primer lugar, imagina cuál será ese mundo y cuáles serán sus variables. Nuestro mundo será una rejilla de 100×100 cuadrados (cada cuadrado de 32×32 píxeles), es decir, un mundo 2D (x e y). Este mundo sólo tendrá dos tipos de terrenos: hierba y vacío. En principio, no contendrá nada más.

De acuerdo con estos datos, el programador crea diversos objetos. El primero, es el objeto Mundo. Este objeto contendrá a su vez un conjunto de dos objetos reunidos en la clase Baldosas: hierba y vacío. Estos objetos, una vez diseñados, se ponen en juego a través de un controlador que los formaliza (hace visibles). Este controlador conoce la definición que hemos hecho de mundo, y lo renderiza utilizando las baldosas. En nuestro caso, el controlador utiliza un método procedural (la disposición de las baldosas es aleatoria). Este es el mundo primero, simple y esencial, pero otro mundo en todo caso dentro de la simulación:

unity programacion lengua

Los cuadrados verdes son baldosas de hierba, y los cuadrados vacíos son baldosas de espacio Vacío. Es un mundo simple y sin duda bastante tonto, pues en él no hay nada más que él mismo, de momento. Los objetos interactúan entre sí de manera orgánicas: unos invocan partes de otros en la ejecución. En caso de errores, el lenguaje ofrece salidas al programa, es decir, toda anomalía puede ser prevenida y el programa puede contener métodos que solucionen problemas sobre la marcha.

En principio, si nos fijamos en lo esencial, tenemos una concepción del mundo claramente dualista, pues el fundamento es el 0 y el 1. Sin embargo, el estudio del lenguaje me mostró algunas virtudes específicas que encuentro extrañas y de valor inestimable. En C# se puede tener un estilo. Quien domina el lenguaje es capaz de expresar las instrucciones y definir los objetos con un rango mayor de creatividad, por un lado, y de efectividad técnica por el otro. Puesto que todo programa lo ejecuta un procesador con una capacidad limitada, la eficiencia técnica es un valor, así como la capacidad de expresar más con menos. Al mismo tiempo, mientras se da una conceptualización por completo abstracta y se escribe el código que define un mundo acotado (una versión de realidad), se compone el apartado visual que es el resultado material -en la simulación- del mundo. En la expresión simbólica, en el programador se materializa la insalvable transición de la idea a la cosa, aunque sólo sea la cosa proyectada en pantalla.

Un pasaje de código:

lenguaje c programación

Este pedazo de código corresponde al controlador que ejecuta el mundo y lo renderiza (nos lo muestra: transforma el concepto en cosa). Con // se pueden escribir en medio del código comentarios que el programa no lee: si os fijáis en los // veréis paso a paso qué hace cada parte. Lo primero, se invoca el objeto Mundo. A continuación, se le indica cómo va a generarse (con un sistema procedural), y finalmente se invocan las baldosas, por un lado, y sus correspondientes imágenes por otro (la hierba), y la idea toma sustancia. Nuestra idea en particular, es tosca, pero permite comprender el gran rango de posibilidades del lenguaje. El poder contemplar, aunque fuera en un espacio ficcional, cómo una idea tomaba sustancia, ha sido una de las experiencias más relevantes de los últimos tiempos, hasta el punto de llegar a considerarlo incluso un procedimiento curativo de la disposición neurótica -principalmente la mía: no soy doctor.

¿Cómo distinguimos aquí el estilo? Pongamos un ejemplo. Si en nuestro programa permitimos que, de vez en cuando, una baldosa cambie (por ejemplo, que pase de ser hierba a vacío), tendremos que programar un código que enseñe al programa a revisar cada X tiempo todos los objetos de tipo Baldosa del programa para ver si se han dado cambios en ellos y para, en consecuencia, renderizar dichos cambios. Un programador torpe plantearía un método que cada X tiempo rastreara los 10.000 objetos que componen nuestro mundo y, uno por uno, les preguntara: “Oye, ¿has cambiado?”. El programador hábil lo enfocaría de otra manera: en lugar de un rastreo desde fuera, programaría una aviso desde dentro. El programador hábil diría: cada vez que un objeto cambie, será el propio objeto el que lo anuncie. De esta manera, el programa se ahorra 10.000 preguntas de golpe y obtiene una función equivalente mucho más fluida. Se podrían tomar otros caminos, pues la sintaxis y la gramática de C# lo permiten, y cada uno de ellos diría mucho de su creador, desde el nivel del código hasta el nivel final de la renderización. Lo que se observa en todo caso es esencial, en mi opinión: cuando uno penetra en los entresijos del código se desvanece la imagen binaria, abrupta, que uno tenía en la fantasía de la programación. Aparece un mundo orgánico de cuerpos que se invocan y se manosean entre sí de forma orgánica. Los objetos no son diamantes internos incrustados en la cochambre accidental de todas sus relaciones. Las relaciones son también el objeto, tal y como lo verían filósofos como Latour o Whitehead (Cuando fuimos modernos o Proceso y realidad, dos libros de estos hombres donde se habla del tema). Sería cometido de un filósofo con mayores competencias que yo el realizar un estudio ontológico del lenguaje C#, sin dejar de notificar que existen lenguajes cuyos planteamientos y definiciones conceptuales de lo que es un objeto, se amoldan a una u otra visión filosófica del tema, la Ontología orientada a Objetos, un tema de debate enconado y posiciones opuestas e irreconciliables en el campo de la filosofía.

Hará falta todavía algo más de pericia para sentir, efectivamente, que algo ha sido creado de la nada en este contexto (ahora mismo, gran parte del código es copiado). Y habrá que ver también qué papel juega en todo esto mi interés principal y mi competencia destacada, la escritura. El texto se renderiza en la cabeza, por lo que entiendo que la posición del acto imaginativo es distinta en escritura y en programación. Y por eso mismo complementaria. Y también habrá que ver si el recuerdo lejano de ese límite impuesto de piezas de Tente, se quiebra.

 

filosofos presocraticos

El valor de los filósofos presocráticos

Por esto mueren los hombres; porque no son capaces enlazar el principio con el fin.
Alcmeón de Crotona

 

Recuerdo que nuestro profesor de filosofía en el Liceo Italiano tenía en el centro exacto de su frente un hueco, una perforación bélica cuyo origen nunca quiso aclarar. A menudo solía colocarse frente a la ventana para elucubrar cuestiones de orden celestial. Entonces, de acuerdo con un mecanismo que sigo sin comprender, el Sol matutino se reflejaba en la concavidad de su herida como una magia, y de pronto su frente parecía irradiar un haz de luz. Dios terrenal o ilusionista juguetón, nos domó con esa clase de golpes de efecto y siempre le escuchamos con atención. Descanse en paz.

Parece que cierto afán por compartimentar se esfuerza en ordenar por separado a los autores literarios y a los filósofos de la antigüedad. De Píndaro sabemos de la hermosura de sus versos olímpicos, pero nada se nos ha dicho nunca de la plasticidad y altura poética que conservan los escasos fragmentos que se conservan de Anaximandro, y si no fuese por Hölderlin y por el placer que siempre transmite toda idealización, no estimaríamos apenas el nivel que alcanzan las composiciones de Empédocles de Acragante, aquél que se suicidó arrojándose al volcán Etna. Su virtuosismo como neologista, el extraordinario dominio que tenía de la ambigüedad.

Acercarse a la obra de los filósofos presocráticos implica penetrar en un mundo mutilado que en su desfiguración ofrece la posibilidad de una figuración. De algunos no conservamos más que pensamientos sueltos y fragmentarios, referencias de segunda y tercera mano, y una cantidad asombrosa de divertidas mentiras. Con otros la fortuna ha sido benevolente y a pesar de los milenios transcurridos podemos darnos por satisfechos con lo que de ellos conservamos. Resulta curioso saber que gran parte de esos fragmentos se han transmitido de la manera más precaria y arbitraria. Parece casi un milagro que hace apenas unas décadas (1962) se encontrara en una tumba de los alrededores de Salónica, entre los restos de la combustión de un cadáver incinerado, un papiro quemado que contenía un pasaje desconocido que los filólogos, tras largas cavilaciones, atribuyeron asombrados al propio Heráclito. Se conoce como el Papiro de Derveni y desde hace cincuenta años ha ayudado a engrosar nuestro conocimiento del filósofo de Éfeso (aquel al que muchos atribuyen falsamente la expresión “Todo fluye”; falsamente porque esa sentencia es apócrifa, tan sólo una interpretación realizada a vuelapluma por el propio Platón). De modo que si tenemos que hablar aquí del valor literario de estos pensadores, habría que elevar también a la categoría de poético el trabajo de los filólogos que los estudian (Aprovecho para homenajear aquí a nuestro querido, recientemente expirado, Agustín García Calvo).  Porque si empezamos a investigar cómo demonios han perdurado a lo largo de más de dos milenios todas estas ideas, encontraremos tantas historias fabulosas que podríamos escribir una novela entera. Sirva como prueba otra curiosidad que me llama poderosamente la atención: Hipólito, un teólogo del siglo III d.C., con el objetivo de refutar a los herejes, escribió una obra titulada Refutación de todas las herejías gracias a la cual han llegado hasta nosotros fragmentos originales de varios pensadores presocráticos. La gracia reside en que Hipólito reprodujo fragmentos originales al considerar que las herejías se basaban en muchas ideas presocráticas / paganas. Es decir, que algunos fragmentos han llegado hasta nosotros gracias a personas que los repudiaban.

fragmentos presocráticos

Debemos situar a los filósofos presocráticos en un contexto (siglos VI y V a.C) en el que existían fórmulas preestablecidas, esquemas y modelos de narración estrechamente ligados con la poesía y la prosa literaria. No existía entonces un género propio de la filosofía, como pudiera ser el ensayo o una prosa científica desligada de una métrica, sino que la especulación filosófica de estos pensadores se manifestaba a través de géneros tan dispares como la épica, la elegía o la tradición gnómica (aforismos proverbiales), construidos según esquemas de versificación propios de la poesía: hexámetros, dísticos elegíacos, trímetros yámbicos y otros. El proceso de alejamiento y de abandono de los recursos poéticos en favor de una prosa más fría que permitiera  expresar las ideas sin el condicionante de un ritmo, el número de sílabas o una intención estética, habría de ocurrir más tarde y paulatinamente. Aunque en muchos de estos autores ya asistimos a una tensión que busca romper los moldes preestablecidos, el proceso aún es apenas incipiente.

Ahora bien, de entre los catorce filósofos presocráticos canónicos, no todos tienen un valor literario igual, como es natural. (Suponer lo contrario sería hacer una concesión más a la mitificación que envuelve a estos personajes. Baste decir, al respecto de dicha mitificación, que todas las biografías que se conservan -un ejemplo muy claro lo tenemos en Vidas ilustres de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio- son apócrifas. Una aproximación académica a su figura obtiene como resultado que no sabemos, en la práctica, casi nada de quiénes fueron, qué hicieron o cómo vivieron). De Tales de Mileto, por ejemplo, ni siquiera hay constancia de que alguna vez escribiera algo. En cuanto al resto de pensadores milesios, cabe destacar, sobre todo, a Anaximandro, que emplea, tal y como afirma Teofrasto, “términos más propios de la poesía”, siendo su opuesto el caso de Anaxímenes, del que Diógenes Laercio señala “una dicción simple y sin artificio”. Sin embargo, seis son los fragmentos directos que conservamos del primero y apenas dos del segundo. Realizar un ejercicio comparativo con tan poco material resultaría parcial, pero sí es cierto que se pueden intuir vagamente las divergencias entre ambos. Y estas divergencias explican muy bien el resultado del proceso de abandono de los artificios de la poesía por parte de los filósofos. Si Anaxímenes es más pobre en ese aspecto se debe a que se acerca al estilo de los logógrafos, interesados en la observación directa y en el uso del símil no como figura retórica sino como elemento demostrativo, algo que concuerda con el afán de estos filósofos por comprender la naturaleza como una entidad metodológicamente observable según criterios de pragmatismo científico.

Tras este pequeño conato de alejamiento de las formas literarias imperantes, la filosofía desplaza su centro de la ciudad de Mileto a otras ciudades y otras geografías en las que siguen imperando formas poéticas muy definidas. Debemos pasar por alto la misteriosa figura de Pitágoras (probable testaferro de un conglomerado de mentes más amplio) por carecer de fragmentos directos. Asímismo omitimos la figura de Alcmeón de Crotona, del que sí conservamos cinco fragmentos indirectos que no nos permiten calibrar su valor como autor literario (la cita que encabeza este artículo es un ejemplo bastante enigmático). Más interesante es Jenófanes de Colofón, declarado poeta errante sobre el que versan opiniones dispares: algunos lo descalifican como filósofo y otros lo celebran como un teólogo a tener en cuenta. Se encuentra en el límite que separa ambas concepciones. En efecto, es la elección del verso como modo expresivo lo que no permite discutir la existencia de intenciones estéticas en su obra. Se sabe que escribió poemas breves al estilo de losHimnos Homéricos y que utilizó el género elegíaco para expresar ideas de orden teológico. Por otra parte, la utilización de figuras retóricas lo desenmascara definitivamente como poeta; en los fragmentos que conservamos se manifiesta su pensamiento a través de un enjambre de anáforas, comparaciones y ritmos que no pueden sino dificultar la expresión pragmática de un pensamiento racional. De todos los presocráticos tocados por las musas, este es el que menos me gusta. Tengo más aprecio por Parménides, cuya obra expresada en hexámetros esconde pasajes de interés lírico y, a la vez, pasajes más prosaicos y oscuros. De esta manera, algunos lo acusan de haberse plegado a ficciones míticas y otros de ser demasiado frío e insulso, sobre todo en los pasajes más complejos de su doctrina (expresada en el poema Acerca de la Naturaleza). Queda de manifiesto en su figura la dificultad que implica conjugar un pensamiento racional, preciso y reflexivo con un molde, la épica, que incita al embelesamiento. El poema es irregular, aunque literariamente merece la pena destacar los primeros compases, donde el autor hace un uso de la ambigüedad y el doble sentido tan brillante que habrá importunado a más de un traductor incauto. Por otra parte, utiliza un recurso bastante interesante: su doctrina le es revelada en el texto por una diosa que habla en primera persona. Ciertos críticos han querido ver en este enmascaramiento un intento de guardarse las espaldas ante las críticas que pudieran caer sobre las novedosas ideas que proponía el filósofo, aunque parece esta interesante interpretación una anacronía.

Seguramente sea Empédocles de Acragante el gran poeta-filósofo presocrático, o por lo menos aquel que logró conjugar de mejor manera las dos vertientes  incompatibles que hemos manejado aquí. Como Parménides, es un gran conocedor de los recursos homéricos, pero alcanza una altura poética muy superior. No sólo por una mejor resolución en el ámbito de la composición sino por su amplio vocabulario y la presencia de una naturalidad expresiva que, en ocasiones, se ha puesto en duda en el caso de Parménides. Bajo la forma del poema didáctico logra exponer sus ideas con extrema lucidez sin que el nivel literario se vea mermado por el requerimiento del rigor. Pensadores como Aristóteles criticaron dura y paradójicamente su gran capacidad para la metáfora al entender que ese recurso entraba en contradicción con la expresión filosófica. Esta crítica resalta aún más el valor literario que debemos otorgarle al gran suicida.

En este selecto grupo merece la pena incluir a Heráclito, un pensador que manejó el aforismo tradicional con vocación oracular. Preciso y seco, voluntariamente ambiguo -al estilo de una sibila-, queda justificado el apodo que se le atribuye: “el oscuro”. Y aunque cada frase es una sentencia, de acuerdo con la tradición gnómica, existe en su obra -siempre que se han conservado fragmentos consecutivos- cierta voluntad compositiva de conjunto que, en la época, resultó novedosa. Este modelo fue imitado por Anaxágoras, Zenón, Meliso y Diógenes, los cuatro de un interés relativo en cuanto al tema que tratamos.

Tenemos, por lo tanto, a un grupo de pensadores que, sirviéndose de modelos clásicos, empieza a encaminarse, a modo de esbozo o intento parcial, hacia el género propio de la filosofía: el tratado en prosa. En ese conato de desligamiento aún se conservan algunas formas propias de la composición poética que incrementan el valor literario de estos autores. Con el tiempo y salvando el caso único de Platón y su forma dialogada, el tratado en prosa se convertiría en la forma específica de la especulación filosófica tal y como la conocemos hoy en día, y las distancias entre filosofía y poesía se incrementarían salvo honrosas excepciones como De rerum natura de Lucrecio.