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El estado policial de tu interior | Diario T01-E24

Marzo 2020

Quiero empezar a mostraros mi primera obra de arte conceptual. Por lo menos, una aproximación personal a lo que es mi idea de lo que es el arte contemporáneo. Después de haber frecuentado ese mundo farandulero en Barcelona y Madrid y haber visto, a grandes rasgos y con gloriosas excepciones, una total y continua impostura desvergonzada que pretende hacer pasar por Arte contemporáneo objetos que no lo son. O peor, mostrar como artísticos y radicalmente innovadores objetos que son conservadores y epigonales, y que por lo tanto nacen muertos en este, nuestro tiempo de la distopía realizada.

La obra que quiero presentar es una adaptación libre y rigurosamente contemporánea de El Castillo de Kafka. Totalmente transmedia, online, aberrantemente capitalista, abierta y sin personajes. Una adaptación que trasciende los campos de cerrados de la literatura, el arte, el márketing y la técnica. Consta de cerca de medio millón de palabras escritas, cerca de cuarenta mil palabras clave indexadas por el algoritmo de Google, arte audiovisual, un tráfico total de sesenta mil usuarios mensuales distribuidos cinco dominios web entrelazados a través de decenas de cuentas sociales, la participación de más de diez personas como colaborador@s y un tiempo de desarrollo de tres años: empecé a gestar la idea en 2018.  

El castillo

Bienvenido al Castillo

El castillo es una obra de obras. Descubre aquí la teoría, el método, las partes, las obras dentro de obras que presenta este juego de muñecas rusas que llevo tres años construyendo en soledad. Todos los métodos implicados serán públicos, replicables y explicados en tutoriales de la nueva sección /school/  (rollout: junio 2020).


Nota: Presentación de la obra en construcción (marzo-junio) debido a su monumental amplitud. Aquí su Version 1.0.

Carta a Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno,

En momentos como este, los poderes estatales aprovechan la circunstancia para tomar posesión de nuestra libertad en nombre del bien común. Como persona de izquierdas que soy, no aplaudo el estado de alerta en que vivimos, ni su retórica de la militarización. Y me sorprende que a mi alrededor, en nombre de la exterminación de un virus, exista un discurso monolítico a favor de la represión de cualquier actitud contraria a la exterminación de dicho virus. Es posible que no nos hayamos parado a pensar detenidamente en las personas que viven encerradas en pisos de 20 metros cuadrados y bajo condiciones de maltrato o escasez total. Ni en todos los supuestos intermedios que sí nos paramos a pensar cuando, claro, se trata de nuestra egocéntrica identidad. Como también es posible que no nos hayamos planteado defender algo más nuestra propia madurez como ciudadanos y como seres autosuficientes que somos. En mi opinión, el Estado nos lo debe todo, excepto el ejercicio de la violencia simbólica y efectiva que siempre ejecuta. Eso debe acabar. Debe acabar de una vez que nuestro presidente del gobierno salga en sus ruedas de prensa con discursos hechos de vocabulario bélico cuando, en realidad, esta guerra es una guerra del cuidado y la curación. No se trata de promover la lucha encarnizada contra algo que ni siquiera es un ser vivo (Coronavirus), sino que de tu boca se promueva por fin el amor y la solidaridad que tú mismo expoliaste, en nombre de tu banal criterio económico, cuando no luchaste contra los recortes de sanidad, todas las veces que tu partido realiza movimientos estratégicos y toma decisiones en favor de su propia supervivencia como virus que es. Socialista de qué. Obrero de qué. Ahora, tan solo, pero para la represión. Cada vez que nos has hecho creer que las empresas son personas. Y cada vez que has empleado estrategias de márketing barato para adulterar las formas truculentas con las que todos vosotros habéis llegado al poder. Y cada vez que hemos tenido que asistir al nivel preescolar que reina en los debates del parlamento. Y cada vez que te he visto construir un mal personaje de ti, porque no eres un histérico, sino un banal psicótico, como lo son casi todos los gobernantes, y CEOs, y líderes de nuestro feliz y decadente capitalismo tardío. Cada vez que has mentido. Cada vez que te has contradicho: el estado que diriges nos lo debe todo. Para empezar un trato digno. 

Somos nosotros, y no Él y vuestras empresas, las personas a las que hay que salvar -no sólo de Coronavirus. Suspende el pago de alquileres y endéudate por una vez por algo que merezca la pena. 

covid police

Teoría de los objetos parciales

No hay objetos. Trato de demostrarlo una y otra vez en este diario. Al mismo tiempo, todos los objetos son posibles. Esa es la paradoja de esta simulación. Una premisa irrenunciable del sistema. Porque los objetos son tan solo en nuestra consciencia relativa e intransferible, no son una propiedad fundamental de la simulación. 

Por ese motivo, hay que ir con cuidado con los objetos.

Un cuidado que debe doblarse, o triplicarse, cuando la única forma que tenemos de transmitirnos unos a otros nuestros objetos personales es el lenguaje en sus diversas formas: la palabra, el cuerpo, la proyección emocional, el volumen abstracto. 

El concepto, unidad mínima del objeto, es el enemigo. Porque por definición el concepto es un objeto expresado (inscrito) en el lenguaje, por definición será siempre un objeto inválido e imposible de universalizar. 

El extremo más radical y controvertido, en mi opinión, lo presentó la visionaria y todavía no comprendida, creo, Simone de Beauvoir al respecto del objeto conceptual "Mujer". La mujer no nace, se hace, dice ella. 

Pensad esta frase en referencia a la teoría de los objetos que planteo y observad cómo, necesariamente, el 90% de los debates en torno al tema se derrumban en su propia y endeble estructura retórica. Para comprender el feminismo desde fuera y como hombre, supongo, hay que leer y hablar con muchas mujeres (se piensan y, sobre todo, actúan cosas radicalmente distintas según su clase y condición, observo) y leer filosofía. Son ell@s en su totalidad de manifestaciones quienes nos dicen y nos dirán cómo es su objeto. Si es que en algún momento puede haber acuerdo acerca del "ell@s", o un objeto de referencia uniforme, como no prevé la teoría ni las demostraciones de que disponemos.

La mejor obra que conozco que pone en cuestión el edificio conceptual entero es El género en disputa, de Judith Butler. También es una buena lectura convulsionadora de lo que uno mismo piensa acerca del edificio conceptual la obra de Bruno Latour. En Lecciones de sociología de las ciencias se ensaya una crítica al concepto común que manejamos de objeto, si no he leído mal. Por último, es importante la obra de Carlo Gervasoni Vila, filósofo oculto de quien hablé aquí. Su teoría del lenguaje sónico Guirnal va en el mismo sentido de esta "crítica al concepto objetual".

No debemos demorar mucho más en empezar a comprender esto. Porque, por otro lado, la así llamada ciencia, muestra que nuestro sistema conceptual entero no basta, ni alcanza, ni es capaz de manejar el estado de paradoja constante que realmente parece que es el mundo.

Doy por hecho que durante el último año ya he ensayado varias veces esto del confinamiento. Hay por lo menos dos momentos en 2019 en los que desaparecí en la negrura de mi habitación. Hace un año exactamente, y después del verano. Asistir ahora a un nuevo confinamiento, pero sin la dureza entrema y el autocastigo que me impuse entonces, cuando aniquilé quien había sido para volver a ser, no me supone un gran esfuerzo. Veo claro, eso sí, que mi tiempo de confinamiento suave y constante está terminando. El viaje nocturno ha terminado. Ahora tengo el deseo de coger una mochila y acampar a solas durante días en una montaña. Sin internet ni cobertura. Sin la posibilidad de emitir o recibir mensajes. Un confinamiento en la totalidad que puede existir bajo los árboles y entre la espesura. 

Si te llamé y rompí mi silencio y actué como si la destrucción no hubiera pasado realmente entre nosotros, fue por las palabras que me dijo Mina en marzo de 2019. En mi primer acercamiento psiquiátrico fallido para la curación, también realicé un acercamiento esotérico. Creo que estabas conmigo cuando conocimos a Mina. Nos la presentó Guillem en Madrid. Especialista en filosofía y en artes ocultas, me dijo una noche de 2017 Si alguna vez necesitas algo, escríbeme. Lo hice el año pasado, otorgándole toda la confianza de la que carecía ya, y ella hizo un contacto con mi astral. Un contacto, según me dijeron luego, complicado. Pero ella, ese contacto y su mensaje fueron el principio del cambio. Acerca de nosotros dijo que había algo transustancial que nos unía y que no sabíamos cómo. Que necesariamente debíamos separarnos en ese momento. Que necesariamente habría dolor e inmadurez en esa separación. Pero que volveríamos a ser amigos y a compartir amor. Esa cosa que hace mucho se nos olvidó a ambos compartir, opino. El descuido por el que emití tantas acusaciones hasta romperlo todo. Si te llamé fue para instaurar de golpe un borrón y cuenta nueva y dejar abierta la posibilidad de que eso pase. Este es mi gesto y espero los tuyos. Dependerá de los dos ver si podemos volver a entendernos en nuestras muy separadas, creo, evoluciones.

La cuerda está cortada. Podemos volver a anudarla. Pero allí donde me dejaste no volverás a encontrarme. Ni yo a ti.

No es digno que no volvamos a darnos amor, y sobre todo, la confianza perdida, de la manera reconstruida que sea.

Si una vez en la vida, una única vez, experimentara  de golpe, como quien dice al unísono, las funciones depuradoras de los riñones y el hígado, la peristáltica del estómago y los intestinos, la inspiración y la expiración de mis pulmones, la sístole y la diástole de mi corazón, y también el metabolismo entre mi cerebro y el mundo exterior, la formación de los pensamientos abstractos en mi mente, la consciencia pura de mi consciencia de todo y de mí mismo, y la presencia obsesiva y a su vez benévola de mi alma trascendente: si durante un solo instante yo me viera, me conociese, me poseyera a mí mismo, aunque no fuera una cuestión de propietario ni de propiedad, entonces cobraría vida mi identidad; una identidad que nunca podrá cobrar vida; pero si esto se hiciera realidad uno solo de estos instantes que no pueden hacerse realidad, seguramente desaparecería mi sentimiento de alteridad y me enseñaría a saber, y entonces yo sabría qué quiere decir existir.

Imre Kertész

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