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El fenómeno de la sincronicidad | Diario 22

Marzo 2020

El amor se extingue cuando los dioses nos abandonan. Tú lo sabes bien.
Friedrich Hölderlin


Extraordinario suceso en Valencia. La sincronicidad ha hecho acto de presencia otra vez. De eso quiero hablar aquí. En este tiempo de cuarentena.

Ayer, primer día de confinamiento, un violinista entró en el parque del interior de manzana y se puso a tocar una versión de Imagine de John Lennon con las cuerdas claramente desafinadas y con una técnica de digitación primitiva o lamentable. Los ciudadanos encerrados en sus casas se arrojaron entonces a los balcones y vitorearon su acto artístico improvisado, y lo viralizaron en las redes de inmediato y gritaron entre aplausos ya histéricos tras 24h de confinamiento ¡Otra, otra, otra! y el violinista rústico, de pronto impulsado por el éxito de su lamentable interpretación, ahí va que se lanza a tocar para mi desgracia y sin sentido Losing my religion, de REM, en su violín desafinado, en medio del solitario patio de manzana, subido sobre un banco de madera del ayuntamiento, y luego escucho una cosa rara que quizá fueron los Beatles alguna vez, y luego otra, y otra, y otra. Yo, como antropólogo y stalker de profesión, me mantengo en todo momento en mi balcón elevado y observo sin emociones ni implicación la escena. Lo que ocurre es que a la cuarta canción los mismos que vitoreaban y se autocomplacían por ser quienes eran, humanos, de la forma más injustificada, empiezan a burlarse del violinista. Unos estudiantes le gritan improperios. Los mismos que antes promovieron el Otra, otra de los cojones. Ahora ya da igual. El violinista no escucha nada, aunque todos tratamos furiosamente de que se calle ya de una puta vez, y sigue embalado inmerson en ofrecernos clásicos del siglo XX mientras estas líneas escribo.

Hace dos fines de semana bajé a Valencia con dos compañeros de trabajo, Sergi y Laura. Con ellos mantengo una estrecha relación, consolidada en el barbecho oficinista que ofrecen dos años de capitalismo y penuria. Sergi es escritor de primera, aunque de momento se dedica a las crónicas de carreras de coches retro. Mi deseo es que pronto se ponga a escribir literatura. Laura tiene algunos poderes que desconoce todavía. Y es mi amiga porque siempre que estoy cerca de ella percibo una energía especial con la que es delicioso interactuar. Nos entendemos de forma ligera y poco verbosa. Hay un lento conocerse que estrecha un vínculo de amistad entre mí y estas dos personas. Y como suele ocurrir con los compañeros de oficina cuando se da un encuentro fuera del escenario diario, en este viaje descubrimos muchas cosas de nosotros que seguramente motivan que estrechemos nuestro vínculo. Y eso quiero consignar aquí antes de pasar, brevemente, a los hechos de la sincronicidad.

Hace dos años estuve en Valencia con mi ex-pareja. El penúltimo día, mientras comíamos en una terraza del centro de la ciudad, una gitana nos abordó y quiso decirnos la providencia. Fui yo quien, tontamente, le di coba. Vamos a seguirle el rollo, me dije o le di a entender a mi acompañante, quien lógicamente suspiró y miró al cielo y se desentendió de lo que ocurrió a continuación. Paseamos con la gitana, quien me explicó de forma abstracta y vaga los rudimentos de su técnica del mal de ojo, los malos espíritus, y cosas así. Muy imprecisa. Pero no totalmente impostora.En un momento dado la señora cogió mi mano y la de Marga y nos puso una pulsera roja a cada uno. Dijo que era un conjuro de unificación, refiriéndose a los dos lazos pálidos que ahora teníamos en las muñecas.

Después, cuando quise darle veinte euros, veinte euros le parecieron mal. Me amenazó con lanzarme un mal de ojo si no le daba más dinero. Dijo que sabía que yo escondía en mi monedero y en el interior de mi ropa dinero que debía darle por el conocimiento y el conjuro y la providencia que ella me había dado. Apuntándome con esa pistola abstracta del mal de ojo me acompañó hasta un cajero y me sacó otros veinte euros, cuarenta en total. Le supliqué clemencia cuando pidió más, le dije que éramos estudiantes, mentí atribuladamente mientras Marga asistía desde fuera a la escena seguramente pensando ya en lo ridículo que era yo y en lo bien que hacía en empezar a desentenderse ya lentamente de mí -en referencia a escenas como esta la verdad es que no puedo quitarle la razón-. Tuve que sujetar a la gitana por el brazo y obligarla a que me dijera que no me había lanzado ningún mal de ojo. Eso me aseguró soltándose de mi agarre. Aunque ella también mentía, sé ahora.

A los cinco minutos Marga y yo visitamos un curioso museo del que recuerdo una pieza artística que consistía en un puñado de figuras de juguete en una manifestación socialista de sí mismas.

sincronicidad en valencia

Al salir de ese museo la pulsera había desaparecido de mi muñeca. Ya no estaba allí. El conjuro de unificación tan sólo había durado cinco minutos. Me atormenté. Tomamos algo al lado del puente con las dos torres medievales, un gelato italiano. He recordado desde entonces muchas veces a esa gitana. 

Un año y medio más tarde volví a Valencia. Pero esta vez con Alba y en tránsito hacia su pueblo manchego, El Pedernoso. En ese lugar interior, tierra de cultivo intensivo de pistacho y ajo, vive su extraordinaria familia. El padre, particular figura, construyó una inmitación del Parque Güell en medio de la Mancha con sus propias manos y la ayuda de dos operarios. 

pedernoso parque guell

Y también compró una colina junto a la montaña para edificar allí las más raras estructuras esotéricas.

pedernoso colina

Mi relación con Alba fue breve e intensa, pero terminó. Recuerdo muchas cosas de ella. Su fuerza y su inteligencia. Cómo me devolvió la confianza en mí, y también cómo sin querer, entiendo, nos la arrebatamos en el incendio tumultuoso que fue nuestro amor. Gran escritora, por cierto. Entre otras cosas ella prometió regalarme para mi cumpleaños un banner publicitario en esa misma colina abocada a la autopista AP-36 Valencia Madrid para publicitar mi web, Monstruopedia.com. Dudo que ahora me haga tal regalo, pero sí quisiera negociar la instalación de dicho banner, por placer y diletancia, en la autopista que une la capital con Valencia. Ahí lo dejo.

construcciones parque pedernoso

Lo que se ve en la imagen es un detalle de la colina. La flecha ubicada a la izquierda señala una especie de cueva excavada con una cuchara, así como una instalación de jacuzzi hecha a mano por el padre de Alba. La segunda flecha, a la derecha, señala el principio de un sendero boscoso que rodea una misteriosa cúpula central a medio construir. En ese sendero boscoso fotografié a dos mariposas en una imagen arquetipal que, desde entonces, llevo conmigo y no consigo olvidar.

mariposas sincronicidad

Las mariposas, de la especie Iphiclides podalirius, creo, estaban inmóviles y parecían unificadas en una fusión perpetua. A pesar de que soplara el viento. A pesar de que interactuáramos a su alrededor engolfados. No se movieron. La fusión no se quebró ni siquiera ante el peligro mayor y definitivo de nuestras masas en ese estrecho sendero boscoso construido una vez por un hombre visionario (otro apunte extraño y esotérico sobre mariposas, aquí). Como último apunte, El Pedernoso fue uno de los primeros municipio de España en tener Internet. Además, en el rudimentario sistema de posicionamiento de entonces, aparecía en el primero de la lista de municipios con el truco de añadir a su nombre un número o un signo, pues la lista de municipios online de entonces era alfabética. Pionero de la Mancha, y pionero del growth hacking.

Hace dos semanas, la sincronicidad. Valencia otra vez. Después de llegar a casa de Laura y de conocer a sus padres y dejar las maletas, partimos hacia el centro en coche. Nuestro coche para el viaje ha sido un fabuloso Seat Ibiza edición limitada que Sergi conduce con una elegancia y un disfrute que admiro.

Observé en el viaje cómo, después de los peajes, aceleraba a fondo en arrebatos histéricos de furia y violencia aceleradora para luego mantenerse en una estable e incorrompible velocidad de crucero hasta el siguiente punto de frenada. Como digo, Sergi es un novelista en potencia y eso debe ser y será consumado. Pero por la noche, ya en Valencia, estamos en otro coche, hay más personas. Se trata de un Peugeot que nos lleva hacia el centro de la ciudad. Donde buscamos aparcamiento en vano durante un rato. Peugeot donde explico, y me miran como si fuera bobo, que una técnica útil para encontrar aparcamiento consiste en desearlo sin deseo mientras se cuenta hasta diez pensando en los números como formas en la cabeza. Me encanta arrojar conocimiento y que se me tome por un niño delirante. La vidente ya me advirtió que a estas alturas hay que dejar de jugar con ello. Y he dejado de jugar con ello. Encontramos aparcamiento. Al salir del coche hay un problema con las llaves. Yo me alejo un poco y miro a mi alrededor. Estamos en un parque. Estamos en una acera. Al otro lado de dicha acera hay un bar. Lo reconozco. Ese fue el bar que visitamos Alba y yo en nuestro tránsito hacia el Pedernoso, en nuestro tránsito hacia la Capital. 

Luego, solucionado el problema con las llaves, nos encaminamos hacia un bar al aire libre que nos quieren enseñar. Mientras atravesamos un puente Laura se acerca a mí y me dice Tengo el presentimiento de que voy a encontrarme con mi Ex. Lo asegura como si eso fuera ineliduble y, de acuerdo con nuestro intercambio de energía, siento que lo que dice es verdad: encontrará a su ex. En ese mismo puente le cuento el episodio de la gitana y el conjuro unificador, porque creo que estamos en el mismo exacto lugar donde perdí la pulsera. Efectivamente. Llegamos al bar de moda. Las personas con las que vamos nos introducen en un grupo que conforman unos quince médicos. Le digo a toda esa gente que no tengo nombre y que no pretendo recordar los suyos, pero que somos amigos. Laura desaparece. Sergi me acompaña en silencio, observador -otro atributo de novelista- . Realiza breves y concisos apuntes ambientales que refuerzan nuestra posición ante esos médicos. Los médicos hablan de sangre y se cuentan operaciones y casos extraordinarios. No lo entiendo: los médicos son guapos y brillan en la noche. Actitud gremial, en definitiva. Confío en que toda esa gente hoy, estos días, esté bien. A pesar de mi misantropía, es grande el noble arte de la medicina.

En un momento dado consideramos que Laura lleva demasiado rato desaparecida. La buscamos. La encontramos y, así es, está con su ex. Se han encontrado a la salida del baño y conversan. Ella está traspuesta. Lo vemos desde lejos. La rescatamos. Salimos del bar de moda. Por algún motivo, aunque nuestra intención es escapar de ellos, los quince médicos nos siguen fuera del bar de moda. Hay que esquivar a esta gente, sugiero. Esquivamos a esta gente realizando movimientos confusos por las calles. Cenamos pizza en un mítico restaurante. Acabamos llenos y cansados. Queremos dormir. Queremos volver a casa. Cuando salimos del mítico restaurante dos o tres médicos de esos nos pillan y abordan para hablarnos de sangre. Nos alejamos. Laura sugiere entonces pasear por el casco histórico. Y aunque estamos cansados, decimos Vale. 

El casco histórico está solitario. A lo lejos, en no sé qué plaza barroca, aparece una figura encorvada. Un mendigo, o algo así. Una mendiga, distingo en la oscuridad. Introduzco la mano en el bolsillo y busco instintivamente una moneda. Me paro cuando la mendiga y yo nos cruzamos. Ella también se para. Sergi y Laura siguen caminando. La mendiga es una gitana. Le doy la moneda a la gitana. La gitana me mira con curiosidad. La gitana me dice ¿No quieres la providencia?

Entonces me doy cuenta.

Es la misma gitana del trágico conjuro unificador. Vuelve a estar ante mí y vuelve a tenderme el lazo de su fatal mal de ojo. He de actuar, ahora, en este momento, de forma definitiva y precisa. Eso es lo que pienso. Porque si todo lo que escribo en este diario es cierto, no actuar implicará más años de penuria y ostracismo. Así que actúo. Y para hacerlo recuerdo en ese momento a Rodrigo Cortés, extraordinario director de cine de inteligencia prodigiosa, a quien conocí años atrás en Salamanca. Rodrigo contó que una vez una gitana lo abordó y le pidió dinero. Él se negó. La gitana se enfureció y empezó a blasfemar. Y en un momento dado lanzó el mal de ojo. Y Rodrigo dijo que lo sintió, que sintió el mal de ojo. Y que dentro de él surgió una fuerza extraña. Y que sujetó a la gitana por los hombros y mirándola con cara desencajada le dijo Esto que me acabas de lanzar te lo devuelvo yo cien veces más. Cien veces más. 

rodrigo cortés

El mal de ojo es una transferencia inmediata de una carga negativa. Se puede contrarrestar si en la devolución uno muestra una firmeza definitiva -te lo devuelvo cien veces más. Cuando la gitana, por segunda vez en nuestra historia en esta vida, me dijo que me iba a echar la providencia, dije un "No" terrible y en baja voz que la detuvo. La descolocó tanto que, a sus setenta años, empezó a balbucear "Pero si estoy embarazada...!". "Ya te he dado algo", dije con la violencia del y cien veces más: "No". Y no hizo falta ni alzar la voz. El control de la mirada fue suficiente. Porque ya no me da miedo mirar fijamente a los ojos del otro. Y eso hice, cerrando un pequeño círculo de casualidades encadenadas. Librándome de un supuesto y secundario mal de ojo que ha vivido en mí dos años ya. Enfrentarme al asunto y desactivar su magia.

Al día siguiente pude conocer en profundidad a una persona extraordinaria: el padre de Laura. Con quien paseamos por los huertos del pueblo, y comimos bocadillos de carne de caballo, y hablamos de historia, y de la banca, y de la vida; con quien encontramos a un hermoso caballo encerrado, y nos hicimos algunas fotos, aunque poco antes hubiésemos comido la carne de su especie. Ya casi no como carne.

victor balcells con caballo escritor

Las pupilas de ese hombre eran particulares. Alrededor de un profundo marrón había un círculo plateado en el que me posé todas las veces que me dirigí hacia él. En esa estimulante conversación con ellos pensé en todas las conversaciones pasadas que no he tenido -y hubiera querido tener- con personas interesantes, por timidez y neurosis.

Pero ya no me maldigo por ello.

Esa es precisamente la curación.

gaviota agresiva paranormal

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Recomendación -> Si quieres seguir con el tema de las sincronicidades, aquí un artículo que analiza las sincronicidades artificiales generadas por el algoritmo de Facebook.

Si esta es tu primera experiencia en el diario esotérico, puedes encontrar más información y diversos itinerarios de lectura aquí.


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