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Maestros antiguos (y nuevos) | Diario 27

El confinamiento puede ser una buena prueba o test sobre uno mismo. No quiero hablar de los otros, y tampoco del coronavirus. A pesar de que tengo una de las enciclopedias de Monstruos más grandes de la red, con una sección específica dedicada a microorganismos, no encontraréis en ella ninguna ficha sobre este virus. No salgo a aplaudir a las ocho de la tarde, como tampoco en mi puta vida me he manifestado. Mi propuesta es otra y, además, es previa a este desastre. Celebro la solidaridad general. Pero también pienso Filisteos, sátrapas del narcisismo: la solidaridad y el amor se muestran cuando nada indica que se necesitan. Vergüenza autocomplaciente la del aplauso para luego entrar en casa y enchufarse Netflix, y petar la red para ver series que, en definitiva, están componiendo algoritmos matemáticos a partir de nuestros propios y erráticos datos.

La sofisticación del Capital no tiene límites. El Capital estaba en mayo del 68, como está en el fondo de las estúpidas y banales teorías del poliamor (y eso que ahora soy eso, supuestamente), y como está detrás del coronavirus. El Capital es una hiena oscura que sólo se revela cuando ya es demasiado tarde. Ha conquistado muchos terrenos, cada vez más. Uno de sus más triunfales conquistas: la literatura, el sistema editorial entero. Yo voy por libre, amigos, y me sudan la polla, como se suele decir, el bienpensismo, si se llama así, y las opiniones ajenas que no respeto. 

Para conseguir esta autonomía, he tenido que liberarme de muchas cosas y personas. En esta entrada, bajo el significativo signo del 27, quiero rendir homenaje a todos mis maestros y maestras (recordad, mi ascendente es Sagitario). Aquell@s que, desde que tengo uso consciente de la consciencia, me han ayudado a dirigir el foco, y me han hecho más grande de lo que era, y me han sustentado cuando algo no estaba bien. A todas las personas que mencionaré aquí, y también a las que por desgracia quedarán fuera por error o agujero de la memoria: gracias incluso por haberme hecho sufrir. Tampoco tengo en cuenta a amigos o amigas con los que me he construido en intercambio igual. Los maestr@s tienen otra cualidad.

Al final de la entrada repaso también el encadenamiento de sucesos personales que han tenido lugar tras la publicación del artículo sobre Astrología fundamental. Yo es que todavía no me explico cómo se articulan tantas evidencias a mi alrededor: el mundo es mágico y cada uno tiene un propósito. Ojo, aquí no empieza mi camino como profeta. No quiero saber nada de eso. Los únicos profetas sois cada uno en vuestra mente y para ella, en la proyección desplegada en el holomovimiento.

Silvana

Asciendo tortuoso hacia las fuentes del ser a lo largo de la regresión. Llego a un tiempo difuso, cuando tenía cinco años, en el que apenas recuerdo que hubiera diferencias entre la forma y las palabras. Recuerdo a mi profesora de primaria en el Liceo Italiano, Silvana, y me pregunto por qué la imaginaba entonces, en clase, como una sirena poderosa a la que amaba. Amaba a Silvana. Ella nos enseñaba italiano, gramática y tal, y nos leía algunos días novelas juveniles en voz alta. No más. Pero yo la miraba y la pensaba como una sirena. ¿Y no es acaso la sirena fatal? No lo era entonces: para mí entonces era una encarnación de lo divino. Silvana fue para mi imaginación el primer despliegue de la carne. El nacimiento del amor, que es la función básica de la relación. Y la bajada al lenguaje, su articulación. Volví a encontrarla con más de veinte años y no pude decirle la radical importancia que tuvo para mí al bajarme a la forma y articulado desde las nubes eclécticas de la ensoñación.

Profesora Geminiani

Aquí lo que no recuerdo es el nombre. Geminiani fue nuestra profesora de literatura, historia y geografía en la escuela media (ESO, aproximativamente). En la formación continua en los colegios italianos se da mucha importancia a los exámenes orales (brutalmente olvidados en el patético sistema educativo español). Estos exámenes ya empiezan en la primaria pero es en la escuela media donde se ponen cuesta arriba. Cada mañana, Geminiani llegaba, abría el registro de clase y, tras mirarlo un rato con cara de circunstancia, llamaba por sorpresa a alguien a la pizarra y lo interrogaba sobre lo que llevábamos estudiado en el conjunto del año. 

Entre ella y yo hubo un vínculo especial y específico. Ella consiguió que me interesaran genuinamente sus materias, y yo conseguí responder a sus expectativas. Empezó dura y severa, pero en los últimos compases de nuestra relación de casi tres años, nos llegamos a apreciar y yo no pude nunca decirle que, por ella, se hizo mundo en mí.

Ugo Primiceri

Aquí, palabras mayores. Primiceri era un profesor mítico del Liceo. Muy conocido por su dureza para con los alumnos. Al llegar a clase exigía que nos levantáramos, que guardáramos silencio. Exigía que nos dirigiéramos siempre a él en italiano y dándole de usted bajo pena de expulsión. Nos introdujo con látigo en el latín, en la tradición clásica, en la lectura de la Eneida y en El desierto de los tártaros, de Buzzati. 

Lo recuerdo claramente: él sí que daba miedo al coger el registro de clase y revisar los nombres de la lista. En esos momentos, los alumnos nos mirábamos con terror y nopodermiento, y conteníamos la respiración a la espera de que él, deleitándose, pronunciara un nombre para someterlo a un duro interrogatorio. Mítica es la escena ocurrida con Álex Esfandiari, un compañero que se había unido a nosotros sin saber demasiado italiano y que recibía un trato especial. En su caso, el ejercicio cada semana consistía en ir traduciendo la Eneida del italiano al castellano. Y estelar fue su primera intervención en clase cuando tradujo el principio de la Eneida, ¡Oh, grandi figli di Troia!, por el muy español ¡Oh, grandes hijos de puta!

Tuve a Primiceri durante un solo curso (los profesores del liceo tenían contratos de seis años y luego debían regresar a Italia o pasar a otra escuela). Al principio, un día, en mi primera interrogazione orale, llegó a preguntarme que qué hacía allí, que si sabía algo de italiano, porque no lo parecía. En la última clase del curso mi italiano era perfecto y nuestro vínculo literario. 

Él fue la primera persona que me dijo: debes escribir. Geminiani lo había esbozado de alguna manera, pero Primiceri me lo dijo. Y siempre lo tengo en mente cuando escribo, porque me hizo aprender la disciplina y el tesón, me enseñó a revertir lo que parecía imposible en mí a través de la rigurosidad. Me daba miedo y conseguí que dejara de dármelo. Varias veces he tratado de buscarlo sin éxito. Podría profundizar y conseguirlo. Pero creo que si no lo hago es porque temo escribirle, años después, de nuevo en un italiano macarrónico que ciegue sus ojos de pena y decepción. Pero quiero hacerle llegar mi gratitud.

Enrique Vila-Matas

Recuerdo que cuando saqué mi primera novela, Hijos apócrifos, casi todos los críticos y reseñistas que escribieron sobre ella y sobre mí destacaban, sin excepción, que yo era sobrino de Enrique Vila-Matas. Menudos gilipollas: por la propia posición del apellido no puedo ser su sobrino. Es cierto que hay un vínculo parental de sangre, pero este se reduce a 1/32 partes compartidas del código genético. Para mí ha sido una losa, pues yo también me considero un escritor original y pionero, tal y como él ya ha sido reconocido que lo fue.

enrique vila matas

Sin embargo, es un maestro para mí, y sí, de alguna forma he aprovechado ese vínculo de sangre. Primero, maestro porque sus novelas, a los dieciocho años, transformaron mi modo de entender la literatura (de algo rígido y decimonónico a algo vigoroso, creativo y gustoso) y me lanzaron furiosamente a la escritura (Kafka también, entonces). Luego, cuando ya había publicado algún libro, tuve algún encuentro con él en el que recibí su consejo práctico: consejos que todavía hoy atesoro.

Pero nuestra relación, desde hace años y sobre todo por mi decisión, se reduce a los encuentros fortuitos que tienen lugar en los funerales de la familia. Allí es donde hemos conversado las últimas veces (reseño un raro episodio con mariposas el día del funeral de la madre de Enrique). Sigo su obra y tal vez en algún momento nos acerquemos como iguales que somos ahora, pero ha sido un gran maestro. No olvidaré nunca la apertura de mente que supuso leer Bartleby & Compañía junto con El mal de Montano. Ni comprender el mecanismo de su feliz ironía, que es precisamente parte de ese 1/32 que comparten todos los Matas en alguna medida, seguro.

Jorge Páez

Caminaba destruido por una calle secundaria de Salamanca, harto ya de mi existencia en la Residencia Universitaria Oviedo, cuando me topé con Jorge, a quien había visto un día en una tertulia literaria sin cruzar palabra. Me detuvo en esa calle secundaria y a bocajarro y sin posibilidad de anticipación me dijo: Sé que escribes: ¿quieres hacer un texto sobre el kitsch y la mierda para mi revista?

jorge paez

¿Qué es el kitsch?, pensé yo mientras respondía entusiasmado, como de pronto iluminado por un foco, ¡Claro! Ese mismo día, en ese encuentro, me invitó a ver con él y otro amigo (el impresionante escritor oculto y secreto Luis Miguel Dos Santos; a saber dónde estará) El desencanto, de Jaime Chavarri. Película documental sobre la familia de poetas Panero que me hizo creer en la fuerza posible de la literatura, y en la existencia de almas que yo no creía que pudieran existir.

Jorge es todavía mi amigo, y hemos hecho el tránsito desde esa figura de maestrazgo a la igualdad de quienes se quieren y se buscan y aprecian a través del tiempo y la distancia. Curiosamente una de sus ex novias me escribió el otro día. Me abrió un privado tras diez años de silencio para decirme ¿Recuerdas la carta astral de Jorge? Jorge tiene la Luna en Cáncer de los grandes escritores. No conozco a nadie que haya ayudado desinteresada y continuamente a tanta gente como él. Su corazón es grande. Ahora mismo, me dice, trabaja como voluntario en una residencia de ancianos del centro de Madrid.

Las últimas veces que caminé con él por Lavapiés, la gente se detenía a saludarlo con aprecio. No era un ídolo, sin embargo, y eso es importante para destacar su trascendental fuerza: era un amigo. De muchos. De casi todos. Aprecié más todavía la literatura, la historia antigua, las oscuras pasiones del amor, por él y gracias a él. Y fue él la primera persona que publicó un texto mío en papel. Revista Mombaça, el texto se titulaba de forma epigonal e imitativa -yo apenas tenía 20 años- La necesidad de la mierda.

Juan Antonio González Iglesias

Conocí a Juan Antonio en clase de Latín clásico 1, el primer año de humanidades en Salamanca. En una tertulia literaria que frecuentaba, lo leíamos furiosa y apasionadamente. Sus poemas todavía me entusiasman. El primer contacto fue raro y mediado por el prejuicio (el mío). Al entrar en clase vi a un señor joven y muy musculado que, por supuesto, no pude tomar por nuestro profesor de latín: pensé que era un bedel. 

juan antonio gonzález iglesias

Pero empezó a hablar y a los pocos segundos ya estaba magnetizado por él, su presencia y su palabra. He conocido a muchos poetas importantes en mi vida, y sólo él, Zurita (mirad el Canto a su amor desaparecido) y Gamoneda me han parecido contar con un espíritu que irradia la violencia alquímica que les caracteriza.

Tuve ocasión de conocerlo a nivel personal más tarde, y llegué a vivir como inquilino de un apartamento de su propiedad. Éramos vecinos y amigos. No puedo describir cuánto y de qué manera aprendí en esa época, pero fue mucho. A nivel literario, pero también personal: por él descubrí la parte homosexual que hay en mí y que yacía sin reconocimiento en mi interior. 

Sin embargo, debido a mi tumultuosa personalidad de entonces, que oscilaba entre el querubín y el diablo encarnado, acabó expulsándome de su casa y retirándome la palabra. Llegó a decirme que cuando escuchaba "Víctor Balcells", le venía a la mente lo peor que a alguien le puede llegar a la mente. 

Hace unos días un amigo me escribió un mensaje en el que ponía: "Tío, ¿sabes que Juan Antonio ha muerto de coronavirus?". Me traspasó algo, prueba de que mi aprecio por esa persona es incombustible a pesar de nuestra violenta ruptura. Empecé a enviarle notas de voz a mi amigo para que me dijera YA qué pasaba y me puse a buscar en Google. Felizmente, mi amigo me escribió al cabo de un rato: "ay no, me he equivocado, he leído difunto por difunde. Nada, que Juan Antonio ha escrito algo sobre el coronavirus. Estoy borrachito".

Celebro que siga vivo, y que siga creando. Pienso en ti.

Digo lo que me dicta mi corazón sereno

Homenaje a Darío Jaramillo
a partir de unas palabras de Ezra Pound

Otros escriben para desconcierto
de las generaciones actuales
y venideras. Yo
Sólo aspiro a que alguien
(no necesariamente en el futuro)
en alguna cultura muy antigua
me comprenda.

Fabio de la Flor

Fabio, ahora mismo, es mi amigo y hermano. Pero también es mi editor y también ha sido mi maestro. No sólo he aprendido de él, sino que he podido ser partícipe de lo que es un espíritu en expansión. Su voz y su risa irradian, y probablemente no sea consciente del poder que tiene (de lo contrario estaría proyectándolo todavía más). Él apostó por mis relatos y logró que se vendieran tanto. Y que se me respetara por lo menos como escritor de segunda (ya he dicho en varias ocasiones que, por mi eclecticismo, no me puedo permitir aspirar a ninguna grandeza concreta: el papel de escritor secundario y secreto es el que quiero. Ser una estrella requiere de táctica. Y yo ahora solo soy un killer en aquello que me interesa de veras adquirir, o bien destruir).

Fabio de la Flor

Nuestra relación, creo, representa muy bien el papel dinámico de todo maestro en la vida de uno. Yo mismo he estado y estoy en su posición con gente más joven que yo, y también experimento ese papel dinámico. En el que el maestrazgo se convierte en amistad, y las posiciones se eclipsan mutuamente en una nueva unidad a la que ambos polos (él, yo) asistimos al principio con tirantez e incredulidad. Así me ha ocurrido con amigos a los que he ayudado: en un momento dado se han separado brutalmente de mí para empezar a identificar su propio self frente a mi posible ascendente. Y luego han regresado como iguales. 

Mi relación con Fabio tiene ya más de diez años. Con él he viajado y conocido a personas y personajes, con él he creado libros, pues esas obras son conjuntas aunque solo las escribiera yo. Y con él en esta vida seguiré gravitando en un entrelazamiento cuántico. Siento gratitud.

Y tiene mi lealtad.

Diana Zaforteza

Mi relación con Diana siempre fue compleja, pero ella me dio la oportunidad de trabajar en el mundo editorial, y de conocer el mundo aristócrata y el mundo de los vampiros. Aunque mientras duró nuestra relación no acabó de cuajar, pienso en ella también con gratitud.

diana zaforteza

Tengo pocas dudas de que ella es un vampiro. No tiene olfato ni gusto, tiene poder de hipnosis, gran fuerza en las manos, y no envejece. En mi opinión fue vampirizada por el Conde de Siruela, de quien es vecina. Su madre también ejerció un fuerte ascendente sobre mí las veces que fuimos a visitarla a la masía del Empordà. Diana publicó la única novela que he escrito, y de ella he aprendido aspectos ocultos de la condición humana. Muy ocultos.

Inka y Jacobo

Considero a estas dos personas mis benefactores directos aunque ellos seguramente no sean plenamente conscientes de ello. De hecho, sólo en una ocasión nos hemos citado para hablar los tres (y, cómo no, fue un encuentro para mí trascendental; no creo que lo fuera para ellos). 

inka y jacobo

A lo largo de más de una década, los libros que han publicado en Atalanta han sido una guía fundamental para mí. Sin ellos, no me cabe duda de ello, no habría escrito ni una sola línea de este diario. He sido lector fanático, he llegado a escribir contraportadas de sus libros por el puro placer de hacerlo, y una vez comí con ellos y, sobre todo Inka, me transmitieron un mensaje contundente y esencial que he podido entender años más tarde y túnel oscuro mediante: había que pasar de la fragmentación a la síntesis. Tocar la tierra. Enraizarse en ella. Es obvio y así me lo dice la mente que, por las sincronicidades que se han articulado con ellos (tal vez sólo visibles desde mi perspectiva), son dos grandes maestros constantes, que ni siquiera necesitan estar presentes o hacer nada directamente para serlo.

Maria Elena Sammartino

Escribí un artículo dedicado María Elena y a lo que aprendí de ella. A él os remito. María Elena fue durante unos meses, entre 2018 y 2019, profesora de un seminario teórico sobre Freud. 

María elena sammartino

Donde un grupo de aspirantes a psicoanalistas leíamos línea por línea la obra de Freud. Y donde yo descubrí la importancia de este autor: no solo por su teoría, sino por su modo de investigación integrador, audaz, capaz de desdecirse, que sigo y considero de lo más digno que se ha ejecutado en el siglo XX. Vomito, claro está, con cualquiera que ataque a Freud desde posiciones de género, o desde perspectivas modernas, señalándolo como un tipo equivocado e incluso proyectando una idea demente de carca. Al menos quienes lo estudiamos sabemos cuáles son su debilidades, y sabemos que él mismo sabía que eran debilidades (hemos leído en profundidad sus textos sobre la sexualidad femenina, por ejemplo, y los hemos comentado entre mujeres, y hemos tenido acceso a mucha literatura psicoanalítica contemporánea y femenina que arroja luz). Y también sabemos de Freud, y apreciamos, la enorme cantidad de intuiciones trascendentales que dejó en cada una de sus líneas. Al estilo de Nietzsche, pues también era un excelente estilista. Poder acceder a Freud y poder comentarlo con una psiquiatra de la altura y el prestigio de María Elena, cuya vertiente humanística nos permitía divagar across domains de manera casi mística, me permitieron aprender mucho sobre mí y las personas que me rodean en un año difícil.

Eduardo Braier

Cuando terminó el teórico 2 de Freud, pasamos al teórico 3, centrado en El complejo de Edipo. Allí conocimos a Eduardo Braier, mi último maestro, prestigioso psquiatra y psicoanalista argentino. Nunca he tomado tantos apuntes herméticos en mi vida, y nunca he llegado a comprenderlos a semejante velocidad gracias a la didáctica excepcional de este hombre. 

eduardo braier

Es uno de esos maestros que se va por las ramas y echa mano de un amplísimo abanico de experiencias clínicas y personales deslumbrantes, profundamente literarias y simbólicas. He comprendido con él tantos aspectos de la personalidad humana, que me supo muy mal tener que abandonar su clase. Aquí puedo decirlo: mi propio psicoanalista, en una de sus pocas recomendaciones directas y personales, me recomendó que dejara durante un tiempo de estudiar acerca de la locura. Que eso sería fundamental para seguir mi proceso. Y así ha sido. Tuve que abandonar, pero volveré a ello, ¡maestro! (casi lo grito con júbilo por la cantidad de cosas que sus palabras aclararon con luz poderosa en mi mente, sobre mí, quienes me rodeaban, y sobre el complejo espacio simbólico de las relaciones).

Por cierto, Eduardo es un gran pianista autodidacta. Como también lo fue otro maestro (menor) en mi vida, el professor Contento. El canto y el poder surgen de sus manos. También ha escrito muchos libros, que podéis consultar en su página web.

Coda: conclusiones y "lo que está pasando"

Finalizo este texto con una nota al pie, vital, si es que hay vida y dinamismo que vivirse en el confinamiento. Lo hay. Este período es para mí un período de alta introspección. También ha sido un período de meditación y puesta en práctica de técnicas que solo recientemente he conocido. 

Los resultados, por decirlo así, me acojonan. El mismo día de la publicación de la anterior entrada de diario, empezaron a moverse muchos hilos relacionales que estaban estancado. De todo tipo y de todos los niveles, y quiero resumirlos aquí. Sobre todo el día 4 de abril. Primero, han entrado en contacto conmigo tres personas con el mismo exacto mensaje: el contenido de lo que relatas yo también lo he pensado, y no tengo a mucha gente con quien compartirlo. Se trata de A., con quien mantengo una conversación de Facebook, y quien me ha mostrado una obra escrita que considero en extremo afín a este diario (ojo, escrita en 2013). De C., a quien conocí en Salamanca precisamente por el tema de la carta astral, y con quien ayer tuve una larga conversación por skype en la que compartimos los efectos fundantes y transformadores de la locura. Y de T., a quien conocí secundariamente en la fiesta de cumpleaños del indómito pintor Marcel Rubio y con quien mantengo una conversación sobre el misterio. También me ha escrito K., pero he tenido que rechazarla. K. apareció ya en 2015 y fue muy agresiva conmigo. He tenido que rechazarla y le he pedido y le pido perdón por ello.

Por otro lado, el mismo día, resurgir de intereses que yo creía muertos. Los cito directamente porque, a mi entender, esas personas no leen este diario (y si lo hacen, pues ahí va): Q. me escribe por primera vez en tres meses con un matiz de cercanía distinto. Algo ha cambiado en su posición respecto a mí, y tal vez podamos seguir conociéndonos (aquí la última referencia en el diario a esta persona). L., de quien hablé aquí, y quien también había adoptado una actitud y un perfil bajo desde hacía dos meses, me escribió la misma mañana diciendo "me he acordado de ti". Y también su posición conversacional es mucho más abierta. Inciso: naturalmente hay que tener en cuenta los efectos aislantes sobre el deseo que provoca el coronavirus. Pero no deja de sorprenderme la abrumadora cantidad de presencias aparecidas sincrónicamente -la sincronía no es porque haya un posible deseo hacia mí, sino porque hay una voluntad comunicativa directa y abierta que antes, unas horas antes, parecía imposible-. Casi no he podido gestionarlas (pues sigo teniendo mis amig@s personales consolidados y varias relaciones muy intensas día a día).

Por último, el mismo día, María dio por fin el paso para que habláramos directamente, y cara a cara, tras más de diez años de silencio y separación. María es una de las personas de las que he estado más enamorado en mi vida. También fue una relación intensa y destructiva. Ambos aprendimos mucho, pero en la devastación. Pudimos por fin hablar y traspasar lo adolescente que nos había llevado al vórtice, y recuperar de forma inmediata y como si fuera ayer, una extrema afinidad, y mostrarnos aprecio, y revisitar aquello. Significativa conversación de horas en pantalla y por Skype, esa feliz e incierta solución moderna, que de alguna forma está ayudando a quienes introspeccionan, a soldar vínculos, a solucionarlos.

concepto delirio

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Recomendación -> Si quieres leer otro texto que se remonta a tiempos lejanos, y que además introduce en los campos magnéticos del trauma: Diario 7: Lugares endocránicos de polarización negativa.

Si esta es tu primera experiencia en el diario esotérico, puedes encontrar más información y diversos itinerarios de lectura aquí.

Nota Bene: Este diario se encuentra sujeto a un experimento de posicionamiento altamente sofisticado, del cual publico todos sus resultados en El Castillo remake, y del cual publicaré su método completo explicado para su réplica abierta, si se quiere. Sintentiza todo mi conocimiento autodidacta (o no) de años en Internet y tiene un solo objetivo: conseguir lectores de valor para esta página web y sus artículos. A su vez lo considero una pieza de arte contemporáneo que, pido, sea justa y abiertamente valorada en su monumentalidad.

El diario tenía un promedio de entre 20 y 40 páginas vistas diarias antes del primer rollout de El Castillo. Después de enchufar la arquitectura básica, hemos pasado a ser un total de más de 200 lectores únicos con un tiempo de lectura promedio de 10 minutos por visita. Muchos de ellos, según los árboles de navegación de Analytics, están leyendo desde la entrada 1, Acerca de la forclusión, todo el diario. Cosa que me llena de emoción. Gracias. Y además me congratulo a mí mismo por haber seguido adelante este planteamiento estratégico contra el criterio de otros SEO Specialist y teóricos del mercanchifleo.

Gracias por vuestra respuesta y afiliación a esta larga y profunda investigación.

trafico diario victor balcells



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