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Neutralidad del año nuevo | Diario 14

Enero 2020

Toda ontología supone la fisiología que la precede
Michel Onfray

I

La nochevieja del año pasado (2018-2019) marcó el inicio del año del pensamiento mágico. En este diario trato de condensar y anudar ideas antes de que esta fuerza expire. Si es que va a expirar. Para esa última noche de 2018 había rechazado las ofertas familiares, y lo que me habían sugerido algunos amigos cercanos tampoco me entusiasmaba. Sin embargo, acepté la invitación de un antiquísimo amigo de la escuela al que apenas veía cada ciertos años, Marcello, a una cena en un piso lujoso de Paseo de Gracia.

¿Por qué acepté esa invitación y no otras?

El motivo principal: esas semanas estaba conociendo a una chica argentina llamada Julieta, quien también iba a asistir a dicha cena y quien, en paralelo, me dijo que la acompañara como pareja. Y dos motivos añadidos. Por un lado, Marcello es un psicopompo para mí y aparece en las transiciones. Su aparición determina un turning point, por lo que debo seguir ese rastro. Tres han sido sus apariciones significativas para mí en los últimos 16 años. No sé qué soy yo para él. Por otro lado, nunca rechazo las pocas ofertas que recibo por parte de ricos y aristócratas. Me encanta conocer a esa clase de gente sin el objetivo rutinario del cazarrecompensas. Se anunciaba una cena de lujo en un piso de lujo de Paseo de Gracia regentado por dos peruanos de alto standing, que sólo estaban allí de paso, que esa misma noche tras las campanadas habrían de partir en su jet privado hacia Perú.

Esos motivos me llevaron a pasar el fin de año de 2018 con esa gente. Recogí a Ju en Rambla Catalunya y ella indicó que fuéramos a la pastelería más cara de la ciudad para llevar algo que estuviera a la altura. Por ser un simple invitado, me gasté en pocos minutos lo que no había gastado en las nocheviejas precedentes. En el ascensor del fastuoso piso de Paseo de Gracia Ju y yo nos mirábamos a través del cristal y tuvimos un último momento de intimidad antes de entrar al piso. Intensas palabras corporales. Donde había gente en extremo guapa y arreglada, personas envueltas en el aura magnífica y despreciable que distingue a los que no han conocido la pobreza material, todavía. Marcello, no aristócrata pero amigo de esas personas debido a amoríos y conexiones pasadas, era el cocinero. De acuerdo con ese dato, pensé, mi única posibilidad de integrarme en la corte de los ricos era la de adoptar el papel de bufón. Mientras Marcello cocinaba yo bebía a destajo e iba haciendo bromas o comentarios que tampoco fueron del todo comprendidos. Hice preguntas formales y simpáticas, pero nadie tiró del hilo de mi conversación. Ju me miraba con su copa de vino desde la distancia, tal vez con la turbia mirada de quien descubre que no se podían traer mascotas al lugar. Esos primeros acercamientos no salieron bien. Hasta el momento, yo había tenido trato con aristócratas de mayor edad. Los de mi edad, observé en esa misma cocina, eran huesos duros de roer. No me consta que ninguno de los presentes, en ningún momento de la velada, me hiciera ninguna pregunta. Por lo que mi fuerza inicial para la conversación se fue apagando, y la energía que creía entonces tener, se reveló como lo que era, una masa rápida de glucosa: ya había sido consumida. Por lo que guardé silencio durante toda la cena y me dediqué a escuchar las gilipolleces que decía esa gente, enumeraciones de ostentaciones e hitos materiales, piques subterráneos de poder, y a tocar la pierna de Ju bajo la mesa, ya borracho y envuelto en una sensación general de Por qué estoy aquí, mientras miraba a Marcello, mi único amigo, y lo veía fluir tan a gusto, por la condición camaleónica que tiene, muy superior a la mía, que ya es decir. La decoración de la casa acumulaba cuadros contemporáneos compuestos de manchas sin valor, opino, y muebles de formas geométricas y plantas de plástico en forma de enredadera. La vajilla era de plata y comimos unos entrantes selectos, una pasta de calabaza, aquél surtido de postres que habíamos comprado en la pastelería más cara de la ciudad. Una de las presentes decía ser maestra de reiki y me estuvo soltando el rollo de las energías universales que conspiran mientras yo apuraba mi copa evitando mirarla. Le pregunté ¿De qué energías estás hablando?, y como siempre ocurre con esta gente de las energías, se puso a la defensiva y dijo La energía que está en todas partes, somos todos energía. Sí, pero qué energía, pregunté. ¡Pura energía! Lo peor de todo es que yo también creía en esas tautologías. Pero detesto la banalización, y estaba bebido, y nadie se había preguntado por mi origen, ni Ju parecía cómoda de pronto, o tal vez esperaba otra actuación por mi parte. No lo sé. Fue un tránsito de mierda en la enajenación y la confusión de mi existencia. Fue el punto de partida del año del pensamiento mágico.

Cuando terminó la cena y pasamos al 2019, estuvimos un rato de pie celebrándolo (bebiendo, en esencia, y yo mirando por la ventana a los plebeyos que bajaban por la acera de Paseo de Gracia) y hacia la una los anfitriones nos dijeron que debían partir hacia su Jet privado y que la reunión se terminaba. Al dispersarnos en la calle Ju me sugirió que tomáramos algo en los sórdidos bares que bordean plaza Catalunya, por el puro fetichismo de hacerlo. Ambos pedimos infusiones y, colocados de cara a la acera, guardamos silencio mientras veíamos a la festiva gente pasar. Yo me encontraba sepulcral y enajenado. Como si, habiendo estado con mucha gente, no hubiera estado con nadie. Ella parecía distante. Yo la veía con un velo: todavía no veía nada. Cuando le sugerí que fuéramos a mi casa, lo rechazó. Dijo que esa noche le apetecía dormir sola, que había bebido mucho y tal. Así que a las tres de la madrugada nos despedimos de manera francamente extraña, por ser fin de año. Pero ella era muy extraña. Nuestra relación iba a durar apenas una semana más y ya.

Yo tenía un luto que hacer.

II

No se puede decir que, hace unos días, a finales de 2019 ya, yo hubiera completado ese luto. Pero mi situación era otra. Lo llamo el año del pensamiento mágico. Es posible que parte de 2019 siga llamándose así. He visto cosas en la patología que espero no volver a ver. He comprendido la intrincada articulación de mi deseo y me he decepcionado por ella. Los animales han dado sus augurios y los he seguido. Los desaparecidos lo han hecho dos veces, primero como cuerpos, ahora lo hacen como fantasmas. A lo largo de todo el año sucesos sincrónicos se multiplicaron en la medida en que yo entraba, o no, en períodos de regresión –cuya duración este año ha sido de una semana y media-. Siendo los más duros pero significativos los últimos, noviembre y diciembre, a pesar de la medicación. La imagen es la de alguien que ha cogido fuerza varias veces, ha salido al mundo con decisión, se ha relacionado de otra forma y han ocurrido demasiadas cosas inesperadas o plutónicas, y luego ha caído y ha regresado para encerrarse en una gruta unas semanas y meditar y, otra vez, volver a intentarlo. Los períodos grutescos, de contemplación, lectura, compulsión, vacío, y llanto sólo hacia el tramo final del año, han sido los períodos de autoconocimiento más importantes que he experimentado desde que existo. Y las decisiones tomadas en ellos, radicales. En su suprema contradicción, han deshecho contradicciones y he obtenido claridad.

El caso es que en los últimos días de diciembre de 2019 aparecieron de nuevo los anuncios y las posibilidades para la nochevieja. Daniel me dijo que si iba con él y unos amigos a una masía; Laura me invitó con sus amigos de Valencia a una fiesta de Castellers. Siempre surgen posibilidades. Sin embargo, este año yo ya había decidido que pasaría el tránsito solo. De alguna forma, le dije a Daniel que iba a la fiesta de Laura, y a Laura que iba a la de Daniel. A mi padre le dije que me iba con Luca y a Luca le dije que no subiría a Vallvidrera porque estaría con mi padre. Y así sucesivamente (tampoco recibí tantas invitaciones). Sencillamente, no quería compartir ese momento con nadie.

El día 31 dejé a mi primo, que había estado de visita, en la estación de Sants y me dije: Bueno, empieza aquí el tránsito. No estaban mis compañeros de piso, había confundido a todo el mundo con respecto a mi paradero. Al salir y alejarme de la estación de Sants empecé el primer tramo del rito, que implicaba pasar por lugares emblemáticos, o lugares endocrónicos de polarización negativa, a pie y deteniéndome a tomar algo en el bar más próximo a cada uno de esos lugares. No sé cómo ocurrió, pues me encontré de pronto caminando por la calle y pidiendo perdón por mis pecados, o aquellos actos o actitudes que yo sabía conscientemente que habían sido destructivas. Y en ese sobrepensar de lugar en lugar, también me pedía perdón a mí mismo, sin llegar del todo a concedérmelo. Fue entonces cuando me escribió Q. y, rompiendo mis planes de nochevieja, surgió tomar algo con ella en los momentos previos al tránsito. Subí hasta Gràcia y allí me encontré con ella y estuvimos varias horas hasta que llegó la hora de la cena. Fue el último encuentro y fue significativo para mí. Luego bajé hasta mi casa y me encerré en ella. Me había cocinado una frugalidad y había planteado un horario a seguir. El tránsito hacia 2019, había decidido, lo haría dentro de un videojuego. No sé qué hice hasta hasta que faltó media hora, pero entonces entré en Red Dead Redemption 2. Con el único objetivo de montar a caballo durante el tiempo que restara.

Y eso hice. Cabalgué por el bosque y las praderas de ese mundo fabuloso. Y me sentía libre y poderoso en mi caballo de ficción. Y cruzaba las nieves y el ancho río sin mojarme para llegar a las praderas mientras, alrededor, todo el mundo celebraba la llegada de 2020.

Si uno pudiera ser un piel roja siempre alerta, cabalgando sobre un caballo veloz, a través del viento, constantemente sacudido por la tierra estremecida hasta arrojar las espuelas, porque no hacen faltas espuelas, hasta arrojar las riendas porque no hacen falta riendas, y apenas viera ante sí que el campo era una pradera rasa, habrían desaparecido las crines y la cabeza del caballo.

Franz Kafka.

augurios animales

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Recomendación -> SMás sobre simulaciones y mundos dentro de mundos en Diario 9: Belchite random facts. Y en general en las secciones videojuegos y experimental.​​​​

Si esta es tu primera experiencia en el diario esotérico, puedes encontrar más información y diversos itinerarios de lectura aquí.


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