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La ouija, el chonismo & beyond | T01-E25


Marzo 2020

La voluntad de no engañar es la misma que la voluntad de no equivocarse.
Friedrich Nietzsche


En los siete días que duró el núcleo central de mi colapso quedé por primera y única vez con MC. O así se hacía llamar en Tinder. Hicimos match a mediados de 2019 pero no tuvimos nuestro único y significativo encuentro hasta enero de 2020, hace ya dos meses. En ese lapso de tiempo (los lectores de este diario ya saben que esto del tiempo es una mera formalidad), hubo un largo y esporádico chat. 

Ciudadana del Carmelo de Barcelona, MC encarna el tipo de espíritu que más se ha revalorizado para mí últimamente. Choni, radical y postmoderna sin saberlo, me evitó y me toreó durante meses con sus oscuras chulerías y sus jocosos comentarios. Pero al mismo tiempo permitió que se instalara un juego que culminó con la cita, y luego con el fin natural de nuestra relación en esa misma cita. Hay en ella autenticidad. Y violencia interior. La fuerza telúrica, o bien el espíritu plutónico. Nueve años más joven que yo, estudia derecho. Por esa misma razón, motivos de etiqueta gremial, aparece en muchas de sus fotos tindérica como una ejecutiva de Pedralbes trajeada. Sin embargo la noche de nuestra cita en el monte Carmelo se presentó con una de esas magníficas y olvidadas sudaderas de Alpha Industries,

alpha industries

terriblemente despeinada, y al mismo tiempo con un ligero y suntuoso maquillaje en la cara; feroz de una forma inexpresable y magnética en el caminar nocturno bajo la luz de las farolas; la reconocí a lo lejos y el primer face to face, como suele ocurrir con la naturaleza choni, fue parecido al reencuentro entre dos viejos conocidos. 

monte carmelo

Nuestro acuerdo tindérico era el siguiente: fumarnos un porro y hacer la ouija en alguna parte de la herrumbrosa montaña. El tema sexual se daba por supuesto en la arquitectura de nuestro hablar. Podríamos hacer el amor entre los arbustos, llegado el caso. En definitiva, uno sabe si hay algo, a estas alturas, un interés, o si se está otra vez ante el surtido de subterfugios de la posesión y el dominio (la impotencia mental y material es un indicador). MC me guió engolfada por un sendero secundario hasta una roca saliente. En la que colocamos el tablero hecho a mano (por mí, en mi casa) para hacer la ouija, ritual en el que supuestamente hablamos con unos esperpénticos abuelos que dijeron ser nuestros abuelos y por el que se produjo el principio de la materialización de nuestro contacto físico: dos dedos que se tocan sin apretar, sobre la moneda. 

Fue un extraño y significativo encuentro, ubicado en el epicentro mismo de la destrucción. Casi podría decir que, con MC, esa noche, hice el tránsito final entre la persona que era y la persona que soy de tal manera que ella pudo ver el momento exacto del tránsito, precisamente aquello que no se puede ver en el holomovimiento: la estructura en despliegue secuencial. La noche en que la crisálida se hace mariposa: y no hay una palabra que designe "eso" que se metamorfosea. Porque, ¿cuándo acaba la crisálida y cuándo empieza la mariposa? Este es un buen ejemplo para comprender nuestra incapacidad de ver estructuras en despliegue secuencial. Hay en el lenguaje una limitación específica que parcela y aísla. Nuestra consciencia esencialmente verbal e ilustrada sólo puede polarizarse entre las dos vertientes de un punto cuando se produce un cambio. Pero resulta, es claro, que en la crisálida, aunque no lo veamos, ya está en todo momento la mariposa.

El espacio y el tiempo están mutuamente implicados, tal y como ocurre en los mandalas (y por eso su ejecución es sanadora, como veremos en próximos episodios de este diario).

mandala

(Quiero haceros notar, antes de seguir, que el gráfico zodiacal también conforma un mandala, y que sólo se puede leer bien si se hace de forma holográfica, lo cual implica un alto grado de incertidumbre y paradoja al bajarlo a la palabras; la mayor parte de críticas contra la Astrología pretenden juzgarla con un método incompatible con su propio método). 

Este soy yo: cinco posiciones plutónicas y, cómo no, el Mercurio con el Marte de la violencia verbal con que os avasallo cada ciertos días.

Mientras subíamos por la montaña, antes de llegar a la roca, MC escupió un par de veces con actitud chulesca. Me fijé en el movimiento equilibrado de sus atléticas piernas. La malla de Adidas, las zapatillas Tubular que una vez vendí en mi primera web, Comprar Chino Bien. Y cuando nos sentamos en la roca y nos pusimos con el tablero de la ouija dibujado con bolígrafo, tuve entonces un poderoso déjà vu, seguramente surgido del encadenamiento de isomorfismos Alpha Industries - escupitajos chulescos - Adidas - Ouija - Roca montañosa y resolución, personalidad.

El déjà vu de otra ocasión, diecinueve años atrás, en 2001, de otra ouija que hice y que, en su momento, marcó el principio de mi interés consistente por el esoterismo y lo paranormal. 

Estábamos en Fraga, ciudad fronteriza entre Cataluña y Aragón. Con dieciséis años y parcialmente enamorado, subía hasta ese extraño pueblo sustentado en torno a dos pilares económicos, la fruta y su mítica discoteca Florida 135 (donde, sin saberlo, vi a los mejores DJs de mi tiempo: Richie Hawtin y su dominio simultáneo de seis platos; Carl Cox. Sin saberlo). 

florida 135

Allí solía ir cada dieciséis días (y ocurrió durante dos años) con Sandra, mi primera pareja. Después de trabajar en el servicio de noche del Bar Martín, hoy transformado (crisálida-mariposa) en el prestigioso Restaurante Martín

Sandra es una de las pocas personas con poderes que he conocido. Lo comprobamos su hermana y yo en la cima de la ruina del castillo de Fraga, una madrugada al salir de la discoteca (otra persona probablemente con poderes que conozco, aunque poderes denunciables, es el dueño de la discoteca, si es que no ha muerto ya, quien, como un fantasma, recuerdo, se deslizaba por los reservados y asomaba la cabeza para pajearse si encontraban sus ojos algo de carne). Sandra llevaba en su bolso una ouija dibujada sobre un papel. 

castillo de fraga

¿En qué consistían sus poderes? Sencillo y demostrado: decidimo que, de los tres, sólo dos jugarían a la ouija. Mientras que el tercero quedaría fuera y se apuntaría en un papelito una palabra. El objetivo era preguntarle al espíritu, ya que los espíritus tienen algún tipo de omniscencia, qué palabra había escrito la persona que no jugaba, y que la dijera en el tablero.

Cada vez que Sandra jugaba, ya fuera conmigo o con su hermana, la moneda se desplazaba por el tablero y decía exactamente la palabra que la persona que no jugaba había escrito. Esto ocurrió por lo menos cuatro veces consecutivas ante nuestros atónitos ojos (Sandra, por su parte, estaba completamente exaltada y gritaba con su vozarrón jergoso, hoy atenuado, creo, por la maternidad que celebro, por cierto, y sigo por Instagram). 

Pero ese mismo fin de semana en que creí en sus poderes, también creí en su locura. Al día siguiente, ya en su casa, estábamos en el salón a solas cuando empezó a hablar con una silla vacía. Pero Sandra qué haces, le dije. Hablo con este señor, dijo. 

¿Pero qué señor?

El señor de la silla.

En la silla no había ningún señor. Pero como veníamos de un episodio trascendental en la ouija, lo primero que pensé fue Realmente habla con los fantasmas. Cuando le pregunté, ella describió al señor invisible (o que yo no veía) de la silla como alguien muy parecido al caballero calvo de los míticos anuncios de la Once:

calvo once

Pero con un fusil en su regazo. O eso dijo Sandra, y yo escandalizado cogí un papel, escribí una palabra sin que ella la viera, puse el papel delante de la silla vacía y le dije a Sandra: Dile al calvo que diga qué palabra he escrito en el papel. 

A diferencia del juego de la ouija, que había sido genuino, aquí Sandra se comportó de forma extraña. Dijo que el calvo no quería decir nada. E insistía en que tenía un fusil. Y entonces se puso violenta. Y vi en sus ojos una sombra, una transición no notificada, claro, y de pronto allí había otra persona (este diario empieza con un análisis detallado del fenómeno de la forclusión, explicativo de muchos fenómenos de posesión o visión fantasmal).

¿Trascendencia o locura? Con dieciséis años, no sé cómo, decidí explicárselo a sus padres y planteárselo desde el punto de vista de: creo que vuestra hija, mi novia primera y fundacional (juntos atravesamos el umbral simbólico de la desvirgación), debería visitar a un médico. 

Poco tiempo después rompimos y yo no vi su proceso. Sé que se medicó y trató, y que pudo purificarse del diablo para mantener el aspecto espiritual que la caracteriza. Sandra sigue siendo una persona en extremo poderosa. Y las apariencias engañan. Como supe en una sola noche que MC también era persona poderosa. De hecho fue el agente nuclear. La singularidad. 

astrología fundamentos

Siguiente entrada -> Diario 26: Lo que he aprendido de la astrología. Medicina hermética. Texto de investigación especulativa sobre el tema de la astrología. Introducción teórica y práctica. IProfundización en el holopensamiento.

Recomendación -> Si quieres evocar otras citas de Tinder con algo de teoría astrológica, salta a Diario 3: Tinder. Para descubrir a otra persona con poderes, como Sandra, salta a Diario 10: Cosas que claman. No te defraudará.

Si esta es tu primera experiencia en el diario esotérico, puedes encontrar más información y diversos itinerarios de lectura aquí.

El Castillo
Remake

Un remake híbrido de El Castillo, novela de Franz Kafka. Representación sinestésica en una construcción gigantesca y laberíntica en @. Arte contemporáneo


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