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Prometheus Rising, túneles de realidad y Yoga | Diario T02E02

Cuando el pensador piensa, el demostrador demuestra.
Robert Anton Wilson


Allí donde estés, ahora mismo, tienes la capacidad de pensar cualquier cosa. Incluso cosas que no son, en apariencia, materialmente realizables. Puedes pensar, porque eres libre de hacerlo, que Dios existe. Puedes pensar que Dios no existe. Puedes pensar, por ejemplo, que las tortugas son malignas y despreciables. Pero también puedes pensar que las tortugas son benignas y adorables. Pensar una cosa u otra determinará tu estar en el mundo, tu interacción en el mundo y, sobre todo, la articulación de un esquema. 

La clave es esta. Piensa en esta frase: Lo que el pensador piensa, el demostrador lo demuestra

Prometheus Rising, de Robert Anton Wilson

Este fenómeno lo vemos y vivimos todo el tiempo en las redes sociales, y son las redes sociales las que lo han intensificado. Nunca hay un consenso masivo y uniforme. Lo que vemos son grupos de opinión que tienen sus propios argumentos, enfrentados a grupos de opinión que tienen otros argumentos contrarios. La síntesis, a poco que sigamos los hilos de conversación, jamás se da. ¿Quién tiene razón? Para temas como el fascismo o el feminismo, parece obvio que hay más razón en un sitio que en otro. Pero esta es la trampa: todos tienen razón en sus propias esferas de sentido y, al mismo tiempo, no la tienen en el contexto del resto de esferas. ¿Existe una esfera que sea la verdad objetiva, o más verdadera que otras? Esa es la pregunta. 

Podemos bajar al discurso científico, pretendidamente objetivo, y encontraremos exactamente lo mismo si lo diseccionamos. En La vida en el laboratorio Bruno Latour hace esa tarea de disección (siguiendo el método antropológico de investigación de campo) y muestra cómo, en un laboratorio de endocrinología, muchos de los resultados objetivos que se obtienen provienen, una y otra vez, del substrato psicológico de quien plantea los problemas y sus soluciones, que a su vez está determinado por su voluntad e intereses. Por lo que, aun siendo resultados comprobables y reproducibles, serían otros resultados si los planteamientos de origen fueran distintos. En los años 60, por ejemplo, se publicaron estudios científicos contradictorios acerca del LSD. ¿Causa el LSD daño en los cromosomas, o no los causa de hecho? Tenemos, en esa década, contundentes estudios que prueban lo uno y lo otro. ¿Cómo es posible? Una vez más: lo que el pensador piensa, el demostrador lo demuestra. 

¿La conclusión es que todo es relativo, o bien podemos ir más allá saltar esta afirmación que no nos conduce más que a un decepcionante camino sin salida? Podemos ir más allá. El relativismo es carne de mentes débiles. Aquí lo haremos a partir de Prometheus Rising, un curioso libro del psicólogo y escritor de ciencia ficción Robert Anton Wilson. Autor de culto cuyo principal interés radica en el enorme espectro mixado de sus conocimientos. Ese enorme espectro corresponde a una mente humanista que, sin prejuicio, aprende todas las versiones de realidad, y las pondera, y extrae sus propias conclusiones, generando a su vez una visión de realidad particular. En el libro podemos encontrar un manejo ágil de referencias a Finnegans Wake de Joyce, y al mismo tiempo un conocimiento sobrado como divulgador en otros campos como la computación o la física.

Esto es lo que llamamos túneles de realidad. Cada uno está sujeto a nivel individual al suyo, y a su vez se adscribe a túneles de realidad a nivel macro. Los túneles implican sistemas de creencias racionalizados que, naturalmente, se afinan y entran en contradicción irreconciliable con otros. 

La incomunicación entre dos personas o dos colectivos nace del no poder o no saber salir del propio túnel, instaurándose así pugnas abstractas por el monopolio del sentido. 

Hardware y software: el cerebro y sus programas

A partir de la afirmación inaugural ("Lo que el pensador piensa, el demostrador lo demuestra") Wilson nos introduce en el funcionamiento del cerebro, sus estructuras y modelos, para ofrecer una nueva perspectiva sobre los túneles de realidad. Es importante destacar esta palabra, "modelo". La base de su modelo es la siguiente afirmación: "El cerebro es algo parecido a un bio-ordenador electro-coloidal, pero no un ordenador de estado sólido como los que conocemos, donde los estados se aislan en proposiciones resueltas por un sí o un no". Es importante la expresión "es algo parecido a" porque lo que ofrece Wilson es precisamente un modelo, no una descripción efectiva de la realidad de nuestro cerebro. Podemos decir en cierto sentido que es una metáfora. El modelo puede clarificar la cosa, pero el modelo no es la cosa en sí. 

El mapa no es el territorio. El menú no sabe como el alimento que representa. De hecho, no sabe a nada.

De acuerdo con este modelo, el hardware de nuestro cerebro es, efectivamente, aquello que está dentro de nuestra calavera. Por otro lado, el software, en este modelo, está en cualquier lugar y en todos los lugares. Cualquier objeto, las obras de Platón, todo aquello que es información es software, programas, y necesariamente debemos instalarlos-incorporarlos para que formen parte de nosotros (con los sentidos), aunque ya están ahí afuera, como cosa o como potencia (idea). Cada conjunto de programas en un cerebro individual consiste de cuatro partes: 

  1. 1
    Genética: Elemento estrechamente relacionado con el hardware. En nuestra genética se imprime lo fundamental: los instintos  
  2. 2
    Huellas: Programas también relacionados con el hardware. El cerebro está preparado para instalarlos, pero en un momento dado de su evolución, no de base. 
  3. 3
    Condicionamiento: Programas construidos sobre las huellas, y a partir de la interacción con el mundo (el software oceánico)
  4. 4
    Aprendizaje: Programas instalados por la voluntad y el foco de consciencia.  Son los más maleables.

Con este esquema, el individuo nace con un cerebro con unas funciones X y, a partir de entonces, a medida que crece y evoluciona, instala las huellas, condicionamientos y aprendizajes que lo configuran como el "self" en desarrollo. Siguiendo la imagen de Wilson, el conjunto es un circuito que determina el mapa de nuestro mundo. Las limitaciones de este mapa son las que nos llevan de nuevo a la afirmación Lo que el pensador piensa, el demostrador lo demuestra. El circuito resultante configura nuestro túnel de realidad. Y se da por supuesto que no puede haber dos circuitos iguales, aunque sí puede haber circuitos afines. 

Por otro lado, siguiendo a Timothy Leary, dividimos este circuito, el hardware y el software instalado en nuestro cerebro, en ocho circuitos u ocho niveles distintos. Estos niveles, representan diferentes estados evolutivos de la consciencia. Según esta teoría, el grueso de la humanidad tiene cerebros ampliamente funcionales en los cuatro primeros niveles. Es en el contexto de la sociedad de la información cuando están empezando a aparecer cerebros funcionales a niveles superiores.

La gradación en niveles, de inferiores a superiores, por otro lado, no responde a una cuestión moral, ni a una ponderación de valor. El hardware de los cerebros del reino animal, como veremos, apenas pasan del nivel 2 en su desarrollo efectivo, pero eso precisamente los hace exquisitamente complejos en esos dos niveles. Sea cual sea el lugar evolutivo en que se encuentre un cerebro (siempre predomina un circuito u otro, aunque el contexto es holístico), la suma siempre es 100, y además, en el caso del cerebro humano, tiene la posibilidad de activar las funciones de los niveles superiores (condicionamiento y aprendizaje + lenguaje y memoria). Vamos a ver cuáles son. 

Los ocho circuitos del hardware de la mente, y el Yoga

Repasaremos los ocho circuitos comparándolo con las etapas del aprendizaje del Yoga según Patanjali, pues existe una coherencia entre ellos y puede servir para darle un sentido práctico a dichos circuitos (qué podemos hacer con ellos). De una forma simbólica clara parece que las diferentes etapas de aprendizaje buscan aplacar, dominar, tomar consciencia de cada uno de los circuitos, para poder pasar al siguiente. De ahí su naturaleza evolutiva. 

Una de las gracias de este libro, es que el desarrollo por extenso de esto que aquí resumiré se produce con una cantidad de referencias cruzadas (desde diferentes campos de conocimiento) convincente y coherente. Además, se nota que el autor, Robert Anton Wilson, es también escritor de ciencia ficción. No le falta sentido del humor y su aproximación es tan seria como lúdico-juguetona. Hay que tomarlo como un modelo.

Circuito Oral - Circuito de supervivencia

Todo aquello que tiene que ver con la conservación del cuerpo (respirar, comer, etc) está impreso en este circuito. 

asana yoga

Asana: La primera etapa, postural, consiste en conseguir mantener una misma postura durante largos períodos de tiempo (o bien una sucesión coreografiada de posturas fijas). En la terminología de Wilson, la práctica asana permite estabilizar el circuito de supervivencia atemperando todas las emociones interiores al estado de quietud. 

Circuito Anal Emocional - Territorial

Los mecanismos y estructuras de poder residen en este circuito. Tiene que ver con el momento en el que el niño debe hacerse un hueco entre los adultos, en esencia. En muchos mamíferos se ejemplifica con leyes territoriales, rituales de dominación y sumisión, etc. 

Pranayama: El ejercicio y el control de la respiración es el siguiente elemento fundamental a controlar en la práctica del Yoga. Las fuerzas del segundo circuito (poder y dominación) se atemperan con la práctica de respiración profunda, reflexión sobre ella misma y estados de quietud prolongados.

Circuito Lenguaje-Semántico

Con este circuito, que ya distingue a humanos de otras especies animales, se tiene la capacidad de imprimir con el símbolo, generar una memoria, construir artefactos de sentido con el lenguaje. Este circuito empaqueta y clasifica el entorno en taxonomías. Cada humano, de acuerdo con su propio túnel de realidad. En este circuito reside la temible trampa en la que nos encontramos encallados, nosotros que nos queremos y no podemos comunicarnos: el lenguaje.

dharana yoga

Dharana o mantra: Dharana consiste en concentrarse en una única imagen (por ejemplo un triángulo rojo en la mente) y en ir dejando pasar otras imágenes, verbalizaciones e impresiones que cruzan la mente en el momento de la práctica. Debido a su dificultad, se utilizan como alternativa los mantras: concentración en una sola frase, por lo general sin sentido externo, repetida múltiples veces (Hare Krishna Hare Krishna...). Esta práctica ayuda a atemperar el tercer circuito, que suele coincidir con el "monólogo interior", el "superyó", la voz racionalizadora.

Circuito Socio-Sexual y Moral

Las primeras experiencias del orgasmo imprimen este circuito. Procesa el placer sexual y localiza las definiciones personales de "lo correcto" y "lo equivocado" dentro de un contexto social. En la sociedad en la que vivimos este circuito esta altamente intensificado. La sexualización de los contenidos del mundo fabricados por seres humanos es mayor que nunca, así como la facilidad de acceso, y  nunca como ahora han existido tantos grupos y bandos ideológicos comunicados entre sí, y aun así granulados en sus propias islas de sentido y verdad.

Estos primeros cuatro circuitos representan la evolución del estado de bebé a la edad adulta. Hacen posible la supervivencia genética del hardware, a su vez.

Yama: Esta práctica implica, pero no se limita a, celibato. El objeto último de Yama es perder el interés tanto en los aspectos sociales como sexuales, precisamente aquellos que dominan en este circuito de la mente y que hoy en día están masivamente extendidos (particularmente los sexuales, en un movimiento de apertura que podría ser de todo menos progresista en este contexto, en verdad). Acostumbrarse a la vida ermitaña es también una consecuencia de Yama. Y para aquellos que no quieran el retiro absoluto, existe el Tantra, inventado en el norte de la India en la época de Patanjali, cuyo objetivo es transmutar las energías sexuales hacia estado superioriores o propios del quinto circuito.

Circuito Holístico Neurosomático

Las experiencias extáticas o numinosas activan este circuito. Se puede acceder por el uso de sustancias químicas o por la pura práctica (como en el ejemplo que seguimos del Yoga). Se trata de la comprensión e integración del Soma, y de la dualidad cuerpo-mente. Hay un cierto acceso perceptivo a lo trascendente, a aquello que no somos nosotros (acceso al sentimiento oceánico). Aquí los túneles de realidad empiezan a abrirse. El sujeto puede empezar a com-prender aquello que está fuera de su propio túnel de sentido. 

niyama

Niyama: Significa "supercontrol" y "no-control", el estado paradójico de ser uno mismo espontáneamente y de forma deliberada. Wilson hipotiza que "las bio-energías deben descargarse en alguna parte, así que cuando uno las ha atemperado con Asana en el primer circuito, Pranayama en el segundo circuido, Dharana o mantra en el tercero, y Yama en el cuarto, dichas energías se mueven de forma explosiva hacia el quinto circuito".

Circuito Neurogenético Colectivo 

Tan solo lo alcanzan y activan yoguis avanzados. La activación de este circuito implica, simbólicamente, tener acceso consciente a las estructuras primordiales (el ADN que contiene todo nuestro script evolutivo), los objetos, sus partes, la totalidad de los hechos futuros y pasados. Lógicamente, la posición del observador aquí se ubica ya fuera de su propio túnel de realidad. Ha comprendido la naturaleza deformante de su perspectiva y su consciencia ha ampliado el foco, y al comprender las estructuras fundamentales, puede comprender los diversos túneles de realidad que surgen a partir de ellas.

fractal

Dhyana: Meditación en bruto. Implica la unión del yo con los objetos de la mente y el mundo. Este estado meditativo elevado implica dominar los anteriores y quien lo alcanza comprende el sentido de la afirmación: la mente y sus contenidos son funcionalmente idénticos. Lo cual implica el acceso al siguiente nivel (meta-programación, o transformar la realidad física). Con Dhyana, para ser más precisos, la capacidad de quien medita es tal que, si se medita en un pájaro, se es ese pájaro.

En palabras de Aleister Crowley: "En el transcurso de nuestra meditación comprendemos que los contenidos de la mente se reducen a dos tipos: Objetos externos variables / Sujeto interno invariable (en apariencia). Cuando se tiene éxito en Dhyana el objeto ha sido transformado en mente. El sistema "yo" y "no-yo" puede ser abolido.

El Circuito de la meta-programación

El acceso a este circuito permite el reprogramado de uno mismo de forma consciente, la reconfiguración de las huellas de los propios circuitos, incluso en sus circuitos más básicos (hard-wired). En esencia, implica un dominio del conjunto mente-materia para realizar cambios sobre ella. Lo dominan yoguis avanzados y la capacidad se resume metafóricamente en el poder moverse entre realidades paralelas (poder cambiarse a sí mismo de manera que todo alrededor cambie). El movimiento entre realidades paralelas lo esbozamos en el anterior capítulo, sobre reality transurfing.

samadhi

Samadhi: El origen del término tiene que ver con la "unión con la deidad". Sin embargo, hay disputas: ¿una deidad o muchas deidades? (la eterna disputa de lo uno y lo múltiple). En la práctica, quien alcanza este nivel no sólo puede ser capaz de ser o experimentar a otros seres vivos. También es capaz de comprender y ser lo inorgánico. En la práctica, la totalidad de los elementos del universo. Lo cual lo convierte en una presencia viva, y no ya en la máquina mecánica que fríamente reconoce nuestro ego sin entrenamiento y ciego (y por lo menos los cuatro primeros circuitos, todavía dominantes hoy, de la mente).

El circuito cuántico no-local

Transferencias como la muerte y resurrección (clínica) o las experiencias transtemporales (precognición) activan este circuito. Afina al cerebro con el sistema de flujo de información cuántica del universo, tal y como sugieren diferentes teóricos un tanto especulativos. Este circuito activo, en esencia, permitiría prácticamente al pensador pensar en la totalidad de las cosas, crear su propia realidad, etc. Un estado nirvánico, de deidad, en esencia. Al que teóricamente se podría llegar con la práctica del Yoga y a través de los estados descritos por Patanjali, que acabamos de ver. El Yoga es uno de los posibles caminos simbólico-prácticos que ha encontrado el ser humano para activar todos los circuitos hacia la unidad, con la correspondiente disciplina -que es muy exigente.

Redes sociales y túneles de realidad

En algunos artículos de la sección /internet/ nos hemos acercado al funcionamiento de los algoritmos en el contexto digital. Tanto el algoritmo de Google, como el de Instagram o Facebook son máquinas de clasificación que seleccionan un tipo de contenido específicamente pensado para nosotros (a partir de nuestro comportamiento e interacciones). Estos algoritmos son precursores del efecto burbuja (Eli Parisier). Si nuestro cerebro, sea cual sea, ya se instala en sus propio túnel de realidad y sentido, el uso de algoritmos hace los efectos de un embudo: ellos nos muestran aquello que corresponde a nuestro túnel y ya. Esto lo puede observar de forma muy sencilla cualquier usuario de Youtube: verá que todas las recomendaciones se contextualizan en cosas ya vistas, pero apenas encontrará caminos que le lleven fuera del círculo vicioso que sus propios intereses han creado. 

Este es uno de los motivos por los que, durante muchos meses (mientras el algoritmo no lo detectó) usé un bot en Instagram. Ese bot miraba por mí las cuentas de mis amigos, daba likes, seguía y dejaba de seguir a gente según su criterio... El resto de usuarios podían percibir que estaba presente, pero yo ya no estaba allí. Me había escapado al ver, de forma recurrente, cómo las redes sociales me cerraban en pinza las posibilidades. Para empezar las creativas. El sólo efecto de usar sistemas que se basan en algoritmos (Netflix; sigo poniendo ejemplos) es un intensificador del túnel de realidad en el que debemos dar por supuesto que estamos. Dicho consumo hace cada vez más difícil comprender ideas y mundos que no son el nuestro, sean los que sean, y contribuyen a generar una actitud apriorística que puede llevar a fuertes equivocaciones (lo típico de pensar e institucionalizar opciones aparentemente felices que en realidad son catastróficas para el ser humano).

En la línea de lo que expresa Wilson y siguiendo una perspectiva consipiranoica: los algoritmos de las redes sociales crean bucles en los primeros cuatro circuitos de la mente, exacerbándolos y agotándolos a partir de la extenuación del circuito de recompensa del cerebro; impiden la evolución. En términos energéticos, nuestra energía desciende al concentrarse en los substratos fundamentales (Oral - Anal), y se pierde amplitud de consciencia. Veámos como.

El agotamiento

Cualquier usuario de redes sociales reconoce el estímulo que supone un "me gusta". Para aumentar el uso de redes sociales como Youtube, Instagram o Facebook sus propios creadores han trabajado en mecanismos que estimulen al usuario, ya sea activo o pasivo. El usuario activo recibe gratificaciones por sus post (pero el silencio de pronto se convierte en un fracaso), el usuario pasivo tiene acceso inmediato a millones de usuarios y sus historias de éxito, sus representaciones impostadas, etc, y no puede evitar un efecto comparativo. Menciono a grandes rasgos estos mecanismos porque, en todo caso, el punto clave consiste en que intensifican circuitos de base, áreas más primitivas de nuestro cerebro. El segundo circuito de Wilson, relacionado con el poder, con el "quien la tiene más grande" es la diana fundamental de estas estructuras, con la consecuencia de un aumento masivo del Narcisismo y las psicosis (y recordemos: el psicótico no sabe que es psicótico). Pero también lo es el circuito psico-sexual, si nos atenemos a la brutal sexualización del contexto de Internet en la era del capitalismo tardío, y a los devastadores efectos psicológicos masivos que esto está causando, incluso en personas totalmente normales y funcionales (es tan masivo que no puede ser percibido por la masa). Podemos mencionar aquí algoritmos como el de Pornhub, pensados para atrapar en círculos a sus usuarios dándoles aquello que precisamente buscan sus más oscuros e irrealizables deseos. Vemos pues, que en el conjunto de medios, redes, espacios de internet más masivos, predominan mecanismos que son precisamente todo lo contrario a lo que hemos esbozado al explicar los siete pasos del Yoga. Estas redes son mecanismos útiles en muchos aspectos pero, por su propia estructura y concepción, tramposos a efectos de nuestra evolución como especie. 

Por este motivo, aunque mi presencia en Instagram ha sido intensa en los últimos meses, en realidad ha sido nula, mediada por bots. Lo mismo en otras redes, que o bien no uso, o bien transitan robots. Como inciso, aquí os dejo un vídeo sobre Bots de Instagram que he grabado en mi canal de Youtube (al que animo a suscribiros):

Hace ya años que descubrí en mis carnes el agotamiento del circuito de recompensa primario y las terribles consecuencias a lo que eso aboca, las enormes pérdidas personales que implica, y su difícil recuperación. Pero puesto que estoy en el camino de la recuperación investigo, aprendo, adquiero nuevos hábitos y abandono los antiguos, y cambio en busca de ese aumento de consciencia. Y esa es una finalidad en sí misma: el cambio hacia otros estados de consciencia.

(Si se puede, pido que sean más amplios y holísticos, hacia arriba en el modelo de Wilson).


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