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Transform your game | Diario 20

Febrero 2020


Lo que dijo la vidente ya está ocurriendo. Ha habido un cambio de posición metafísica. Ayer a las 9:40 de la mañana salí del metro en Glòries para encaminarme, como cada día, hacia la nave industrial trasnochada en la que trabajo.Sobre una pequeña valla que separa la acera de un parking improvisado, se posó un mirlo negro de pico amarillo. Vino volando, curiosamente, desde el edificio de Amazon. Nos miramos el rato que duró el cruce. Es obvio que los pájaros son puentes, y que el mirlo amarillo sólo aparece en determinadas circunstancias, y que esas circunstancias son reconocibles -como una verdad desplegada sin palabras en una imagen- en el momentum justo en que se dan. Es el pájaro el que se acerca. Yo sólo esperaba la ocasión de volver a verlo. Porque eso era lo primero que debía ocurrir. El señuelo, el pórtico, una oportunidad para sellar un tránsito. No me importa que el lector considere la posibilidad de mi locura. Y casi lo prefiero. 

mirlo magico


Desde que existo, 2019 ha sido el año más oscuro que he conocido. El año en que más decisiones determinantes he tomado y más cambios estructurales he realizado. 2019 ha sido el año en que he dejado atrás a más gente por decisión tajante (y acertada: no doubt). También el año en que más he escrito. El año que más he sufrido. El año más promiscuo y extremo y fragmentado. A su vez, el año más saturnal, inmóvil, una piedra grutesca en la mirada de una medusa infame de la que he sido prisionero mientras buscaba un camino. 

El camino ha sido encontrado. 

Javier y yo tenemos una curiosa relación. Nos conocimos hace más de cinco años a través de Fabio De la Flor, editor de Delirio. Entonces, llegamos hasta él a través de un blogspot desconocido de bromas geniales. Fabio dio con él no sé cómo y tras leerlo y troncharse de la risa en soledad decidió compartirlo y contactarle. Así llegó Javier: en encuentros esporádicos. Luego, con los años, iniciamos una relación personal al compartir la misma ciudad. El vive en Horta y yo en el centro. Yo no conozco Horta y él no conocía el centro. Con ese pretexto turístico, cada ciertos meses, nos citábamos para hablar. Personaje fascinante y alma que siento afín. No en vano incluso hemos deseado lo mismo más de una vez, y no nos hemos peleado por ello. Javier fue también un gran jugador de Football Manager, por cierto. El caso: en noviembre lo introduje en un grupo de amigos porque consideré que "pegaba". Y, sin duda, pegaba. El problema es que ese grupo estaba a punto de implosionar en sí mismo debido a las drogas y la sordidez (no en vano, dicho grupo se llamaba en whatsapp "Losas y autolosas"). Nada más entrar Javier en el grupo, empezó el derrumbe del grupo. Tanto es así que él mismo se considera ahora un "destructor de grupos". Sabe, de hecho, que no lo invito a otros grupos por ese mismo motivo. Ese grupo se destruyó y no tengo ninguna intención de volver sobre sus ruinas, apunto. Quedaron algunas relaciones fundamentales. En esencia, Javier y Andrea. Volví a ver a Javier el domingo pasado con el pretexto de visitar la feria de libros de segunda mano de Sant Antoni. No visitamos ninguna feria. Sí hablamos mucho en diversos bares (terrazas, por petición mía). Fue un encuentro evocativo en el que nos remontamos hasta el principio de nuestra amistad. Ahora él escribe en El Mundo Today, inventa guiones y tiene novelas. Comentábamos, en referencia a esto, la incidencia de algunos personajes esenciales en su vida. Los maestros. Él me habló, y yo lo reconocí de alguna forma, de personas que desde el principio de los tiempos uno sabe que conocerá, personas que por el magnetismo de ese deseo sentido como cierto y natural, se acercan por sí mismas porque uno las atrae, o porque está destinado a atraerlas (quiero recordar que no creo en el espacio-tiempo ni en la existencia de los objetos. Los objetos no son cosa cierta por Dios!). Él se cuenta entre los amigos que, con trabajo en una obra y fe, ha conseguido atraer magníficos personajes a su precioso castillo de soledad y aislamiento en Horta. Sé que pronto va a hacer algo grande. 

Y no quiero tomar el pelo a nadie. Hay personas que conocen ese poder. Por ejemplo, existe el deseo difuso entre algunos amigos de atraer a la Reina de España, y varios lo han conseguido ya. Ella, todas las veces que ha sido invocada, ha respondido y ha dejado mensajes adecuados en el lugar adecuado. Porque podía ser invocada. Quizá porque debía ser invocada. Como hace algún verano en la portada de una revista del corazón, con una camiseta de Delirio como señuelo:

reina espana

Yo quiero que la Reina de España se convierta en mi lectora y para eso trabajo y medito. Además, sé de sobras que aquí encontrará materiales de su interés o, por lo menos, distracción (no me importa adoptar el oficio de juglar. Y si es necesario puedo cantar).

Lo que no ha de sorprendernos, en todo caso, es que estas cosas ocurran. No es una magia sino una técnica. El mundo es una compleja simulación que se despliega en el symbolon. Como no hay objetos, sino ilusiones de objetos, el universo entero se representa en cada uno de ellos. Cada átomo es todos los átomos, así como cada mirada es todas las miradas. No sólo en el espacio, sino en el tiempo. Ayer estaba con G., a quien muy pocas veces he mirado a los ojos, tomando el sol. Hace ya unas semanas que hemos establecido rutinas. Vamos a primera hora a por café y nos encontramos cada hora y media para fumar un cigarrillo. Hemos acumulado muchas horas de conversación por Skype -siempre fuera del horario laboral: ella es fría y distante en lo oficinesco-, de manera que aunque los encuentros físicos son esporádicos, uno tiene la impresión de conocer mucho más de lo que conoce. Ayer acordamos hacer una pausa más larga, al mediodía, para conversar. De qué, nunca se especifica. Ella considera que debo hacerle preguntas y que no le hago las suficientes preguntas. Sin embargo, todo el tiempo le hago preguntas, en esas pausas, y ella a su vez me hace preguntas. Me acribilla a preguntas. Efectivamente, desde que hemos instaurado las rutinas no hemos dejado de hacernos preguntas. En espacios de tiempo que duraban entre cinco y diez minutos. Ayer yo tenía cierto entusiasmo indefinido porque habíamos quedado para una pausa más larga. Al salir por la puerta de la oficina ella hizo su gesto clásico y hostil con la barbilla. Vamos por ahí, dijo. Nos sentamos al sol en la parte trasera del edificio de T-Systems.

t systems

Frente a nosotros, unos operarios construían un edificio. Interesantes columnas, dije, por decir algo. No son columnas, dijo, son vigas. Interesantes columnas, repetí. Empezamos a fumar con la vista al frente. Una grúa fija desplazaba escombros por el aire y, al mismo tiempo, otra grúa móvil se levantaba con dos operarios hacia las vigas. Habíamos empezado a hablar cuando los operarios se pusieron a taladrar las vigas. No oí nada de lo que me decía ni ella oyó nada de lo que le decía. De pronto me di cuenta de que eso ocurría a menudo. De que a menudo surgían obstáculos extraños en la realidad, o en nosotros, que impedían que habláramos. Unos operarios atornillando unas vigas. Interrupciones constantes de terceros. Llamadas urgentes. Conferencias. Ruidos. Semáforos. El arquetipo está claro. La torre. 

Por la tarde, ya en conversación de Skype, lo comentamos. Le escribí Te das cuenta de que siempre que hablamos hay toda clase de obstáculos para que hablemos? entre los atornilladores, la clase, las conferencias, la velocidad a la que hay que regresar. Ella contestó ¿Y qué significa eso? Yo dije Muchas preguntas haces tú hoy, ¿cuál es tu respuesta a esta?  Tardó un rato en contestar porque estaba en clase. Dijo No lo sé. Que estamos destinados a no hablar.

Y que aun así lo hacemos.

geometria del amor

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