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Visita a una tarotista vidente | Diario 18

Febrero, 2020


Adela supo desde el principio que yo no había ido a visitarla para que me dijera el pasado o el futuro. Supo que yo quería una iniciación. Que llevaba tiempo buscando a una persona que pudiera darme respuesta técnicas y teóricas. Alguien que al escucharme no me mirara sin comprender, o con condescendencia. Alguien, de hecho, que me viera sin yo tener que explicar nada. Y que no me dijera tonterías o me tomara el pelo en torno a esoterismos de segunda. Hace más de una década que leo y experimento en torno a estos temas y como el buen catador de vinos no me conformo con cualquier cosa. 

Cuando nos sentamos frente a frente en una pequeña habitación de su casa, adopté una posición corporal impostada y un hablar neutro, vagamente pscotizado, para que no pudiera leerme. Armé, de acuerdo con todo lo que sé de psicología, un escudo contra cualquier transferencia. Ella hizo el tanteo inicial que hace toda vidente (las buenas y las malas): unos diez minutos de cháchara insustancial sobre la política urbanística del ayuntamiento. Diez minutos en los que percibí sus sondeos y rastreos, cosa que me puso a la defensiva. Porque era hábil. Hasta que de pronto se detuvo y me dijo Deja de buscar respuestas: no hay respuestas. Lo que te ha ocurrido debería haber ocurrido al principio de tu vida. Como nadie te ayudó, cerraste esa posibilidad. Y en torno a los treinta años que tienes has enfermado porque no aceptas todavía que esto sea posible

Pero es posible

Ahora uno podría pensar "menudo farol se está tirando esta mujer". Pero es que a continuación me preguntó si había visto al pájaro negro de pico amarillo en alguna circunstancia extrema. El mirlo. Ahí si que me quedé bloqueado. Marzo 2018, en uno de los peores días de autodestrucción de mí mismo en lo que llevo de vida, acabé tumbado con los gatos exhausto en el sofá, y desde el sofá, queriendo por Dios dormirme y desaparecer, vi a un pájaro negro de pico amarillo que aterrizó en la mesa de la terraza. Y aunque los pájaros negros suelen ser de mal agüero, no es este el caso del mirlo, sagrado animal. Los gatos, cosa rara, se irguieron en el sofá pero no se movieron. Yo, tumbado, estuve mirándolo unos minutos sin fuerza para levantarme, hasta que se marchó.

En el encuentro con Adela, que duró más de dos horas, ella intercaló tres tiradas de tarot (el de Marsella, clásico). Utilizaba una baraja de arcanos mayores absolutamente desgastada. Era muy difícil identificar algunas cartas debido a que su dibujo se había borrado con el uso y apenas quedaba el emblema. En la primera tirada, de carácter general y multitemático, ella cambió de actitud y empezó a encadenar hechos de mi pasado, one by one, ciertos. Sabía que me estaba medicando, sabía por qué, sabía cuál era el origen y cuál había sido el sufrimiento. Me lo explicaba a través de las cartas: por un lado hacía un comentario canónico que sólo requiere de algo de intuición, pero luego lo bajaba a los hechos concretos. Igual que dijo que había roto con una importante pareja hacía algo más de un año y medio. Igual que dijo que en mi mente estaba marcharme de esta ciudad en el plazo de pocos meses. 

Entre tirada y tirada, hablábamos. Tras esa primera aproximación, bajé mis defensas. Permití que entrara en mí y ella me permitió lo mismo. Uso estas palabras, pero no tienen nada de mágico: hay que dejar vía libre para la transferencia. De lo contrario la comunicación es ruido. Nos mirábamos fijamente a los ojos. Creo que en las dos horas y pico que estuve allí apenas apartamos la mirada el uno del otro (solo para mirar las cartas). Podía mirar a su ojo izquierdo, pero también a su ojo derecho (signo personal para mí, cuando lo hago y me siento cómodo, de que puedo entrar). Se expresaba en términos sencillos, pero lo que decía no me resultaba banal. Me hizo algunas preguntas acerca de la naturaleza del problema por el que me trato. Pero no eran preguntas que buscaban indagar o saber más para tener más cancha. Eran preguntas cerradas del estilo: cuando ocurre esto, a ti te ocurre esta otra cosa, ¿no? A lo que yo contesté, sistemáticamente, Sí, con la vaga impresión de que más que leer las cartas y los astros, estaba leyéndome la mente. 

Si no especifico y concreto este punto es porque, sencillamente, no podría hacerlo más que con palabras y metáforas aproximadas y, además, no sería comprendido como quisiera. Ella misma me lo dijo: Como buscas tanto, hablas demasiado y con las personas equivocadas. Habla solo contigo mismo, de esto, y ponlo en práctica. Hace por lo menos dos meses que lo intento mediante ejercicios diferentes (varios de ellos extraídos de la obra de Rudolf Steiner, por poneros en camino, o Gurdjieff). Respecto a los ejercicios, le hice preguntas para corroborar si ella sabía de qué le hablaba. Le decía, por ejemplo, Si hago esto, esto y esto de forma recurrente, entonces ocurre algo raro. No decía el qué para ver si ella sabía. En todas las ocasiones contestó: Claro, haces esto, esto y esto y lo que te ocurre es esto otro, ¿no?

Sí, acabé por decirle una y otra vez también, sin dar crédito a lo que estaba viviendo. La segunda y la tercera tirada trataban acerca de cuestiones mucho más concretas que yo quería conocer y que no tiene sentido tampoco revelar aquí. Todos mis compañeros de trabajo, aficionados a lo paranormal en diversos grados y calidades, se acercaron al día siguiente a preguntarme que qué me había dicho esa señora. Sólo parecían satisfechos si les refería alguna de las menciones acerca de mi futuro, cuando el futuro es precisamente lo único que no tiene sentido, de momento, tomar en consideración. Gossip. Solo diré que tal y como supo demasiado de mi pasado, tengo de alguna forma fe en las cosas precisas que dijo acerca de mi futuro. 

¿Hubo, pues, iniciación? No la hubo. No salí de allí transformado. Sí salí de allí con una calma en el corazón. Salí de allí con fe, quizá el regalo más importante y más preciado para el sostenimiento y la fuerza de uno mismo. Con fe en que muchas de las cosas que siento y experimento y trato de relatar de alguna forma no son delirio. Lo que escribí acerca de la mecánica de la precognición tiene un sentido más amplio y profundo de lo que pensaba. Y no, no tengo realmente precognición. No tengo de hecho, anuncio, ningún poder. Es tan sólo el mundo, que es mucho más de lo que creemos que es.

Sea como sea, no puedo olvidar una de sus últimas frases:

Un regalo es solo un regalo si quien lo recibe puede usarlo.

Yo estoy agradecido.

clases sociales

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Recomendación -> Si quieres profundizar en el tema de los arquetipos y símbolos para la adivinación en el tarot, te recomiendo esta reseña de El tarot creativo y el artículo de fondo, diario 26, sobre astrología e introducción al holopensamiento.

Si esta es tu primera experiencia en el diario esotérico, puedes encontrar más información y diversos itinerarios de lectura aquí.


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