acerca lacan agujero

Hay caminos que son cul de sac. Espacios a los que no se llega a nada y que, sin embargo, tienen poder de atracción. En tales espacios, sumido en una rumiante circularidad, he pasado meses. Ante las llamadas de padre: no había respuesta. Ni ante las llamadas de madre ni de nadie. No se puede hablar tampoco de un regreso cuando uno es melancólico. No hay a dónde regresar y el objeto perdido es ya irrecuperable. Leo en un ensayo sobre Lacan y Klein acerca de la necesaria falla que se produce entre una pérdida y su simbolización en el duelo. Lo perdido no podrá contenerse en su plenitud, y en ese horlieu de dos superposiciones es donde se da el espacio de la psicosis. El punto muerto de acceso de lo Real. Para que nos entendamos: el sentimiento es el de la animalidad en medio de la razón más severa. Una intrusión, un derrame por el ser de uno mismo de un vacío y de una fragmentación. Leí meses atrás en Zizek un comentario acerca de los efectos de la visión de cuerpos decapitados en el consumo de pornografía, extensible a cualquier encuadre o plano en pantalla, de cualquier tema, en cualquier medio. Hace unos días, una nota al margen de un tal Rabinovich, que vuelve de nuevo a Lacan: “…esas imágenes llamadas parciales, las únicas que merecen ser referidas a un arcaísmo primero, que reunimos bajo el título de imágenes del cuerpo despedazado y que se confirman por el aserto, en la fenomenología de la experiencia kleiniana, de los fantasmas de la fase llamada paranoide”. Ocho horas al día de trabajo ante una pantalla entregado a los algoritmos me permiten confirmar las sospechas de la brutal intromisión que se está produciendo. La intromisión de lo Real en su forma hueca o llena de su vaciedad, por decirlo así, pues es algo que sólo se percibe fuera del lenguaje, como un borde, o un turbio volumen. Es decir: que si se piensa un poco, se encuentran los indicios claros de lo que nos está volviendo locos e inhumanos seres mecanizados por la pulsión. Digo nosotros por no sonar hotelero, pero hablo a título personal de mi propia extinción.

A tenor de la mecánica, una mención a una lectura que me ha quebrado la cabeza. Y acerca de la que quisiera pensar un poco: El Cosmos Arquetipal, de Keiron Le Grice. La publica Atalanta, una de mis editoriales fetiche über alles. Este hombre es experto en astrología, y discípulo de Richard Tarnas, pensador que me decepcionó sumamente en Cosmos y Psique.

La astrología. En los últimos años le he dedicado períodos de mi vida que siempre han empezado con fulgor y siempre han acabado en triste desolación. Leía a Le Grice y pensaba Pero a ver, vamos a ver, es que ya no puedo más de los pensadores que se deleitan en la mención de lo holístico; me cago en los entregados a las sinuosidades de lo cuántico: sólo saben ofrecer una descripción conceptual de lo holístico y lo cuántico -y todas esas subespecies- que no es más que un burdo mecanicismo ilustrado y sofisticado en su concepción, desarrollo y prospecciones de futuro. Una trampa y una sombra del concepto. Pienso que el pensamiento por la vía del lenguaje articulado es inicialmente contradictorio e insuficiente. Y de aquello de lo que no se puede hablar, se puede expresar de otra forma que no sea hablando (esta es una forma posible de acabar con el problema, como a veces lo es toda destrucción).

Según Le Grice multitud de teorías confluyen en la articulación conceptual de los arquetipos universales. De alguna forma, hay un patron, un orden. Y necesariamente las posiciones de los planetas en una centenaria lectura estadística cotejada con experiencias humanas constelan el mismo paisaje arquetipal que encontramos, por ejemplo, en la mitología. Supremas conexiones que, opino, son irrefutables, y que conforman la primera y psicodélica parte del libro. Delicioso. Pero luego, Le Grice elude dar respuestas a preguntas imprescindibles, y se esconde en la cháchara histórica y la circularidad en torno a un mismo concepto ya esbozado y machaconamente repetico. Preguntas no formuladas: 1)Hay que aclarar el papel de los cuerpos transneptunianos, así como de la enorme masa física que suponen los cuerpos de la nube de Oort. 2) Hay que aclarar cómo Plutón tiene una importancia capital en la carta existiendo cuerpos de tamaño superior en sus inmediaciones. No son preguntas estúpidas, opino. Si tomamos ambas, que Le Grice no se formula porque no se da cuenta, entiendo, del alcance de lo que está exponiendo y porque desprecia ciertas todo acercamiento materialista (grave error de fanático), podemos descubrir algo. La prueba física que desmiente una correlación entre la materia de los cuerpos celestes y el significado de los cuerpos celestes, muestra un camino para la investigación más que un cierre y un obstáculo como sugieren con voz gorilesca algunos científicos, la otra parte de la disputa. La Astrología o el I Ching pueden ser pensados como acercamientos parciales a un principio de semejanza. Sus esquemas conceptuales en verdad son inválidos, o a lo sumo toscos. Hay alguna forma en la que todo está en todo, y como es cierto que todo está en todo, necesariamente el principio primero que todavía pueda formularse como una sustancia, será la paradoja y no otra cosa (la paradoja será la última cosa, y la primera). Pienso que a su vez la paradoja no tiene resolución, pero sí existe una cualidad que nos permitiría un acceso a su núcleo, y su exploración: la paradoja sólo puede articularse desplegada en el espacio psicótico. En lo que es un agujero o allí donde nada de lo encontrado es comunicable es donde reside su núcleo, para nosotros un borde infranqueable, cuántico en el sentido de que su significado es multidimensional, y por eso impensable sin adopotar una posición. Eso explicaría para mí lo maleables que son los arquetipos, su cualidad vaporosa que tanto han utilizado patéticas voces científicas para desmentir la realidad de sus propios cerebros y experiencias. Los arquetipos deberían de ser algo así como la mejor expresión posible, en el lenguaje, de un contínuum que es vacío en el centro de la paradoja. El vehículo de esta investigación: la animalidad y otros modos de representación que ahora mismo sólo se conocen superficial (el poder del sonido de unos tambores). El abandono de las palabras y parte de la matemática. Ahora bien: ¿cómo dominar la animalidad sin ceder a la locura? Lo que yo me imagino es un futuro en el que los científicos se sumergen con escafandras en experiencias lisérgicas  para determinar la inarticulación de lo inarticulable y, esta vez, fijarlo en algo que todavía no conocemos y que no es el lenguaje.

En fin, ya veis que deliro y que no estoy capacitado para el correcto comentario de nada, por lo que todo puede ser tomado como literatura. Pero me ha parecido acertado a estas horas de la noche versar algunas ideas tras meses en busca de otros medios de expresión, lejos de la escritura. Al final, uno siempre vuelve a la escritura, y supongo que sucesivamente volveré a esta web y la abandonaré, y volveré y la abandonaré en el movimiento metonímico del deseo que, al menos por mi parte, tiene su reino muchas veces en el silencio y el vacío. Los motivos del regreso, variados. Primero: esotérico. En una reciente entrevista Amélie Nothomb, escritora a la que aprecio, dijo algo que me llamó la atención y que pasó desapercibido en el contexto de otra pregunta. Dijo que ella debía ir con cuidado con lo que escribía porque “resulta”, dijo, “que todo lo que escribimos ocurre. Y eso puede ser peligroso”. Cuando dijo eso a mí me resonó algo. Pensé, en alguna medida lo que dice es cierto y lo sé porque hace catorce años que como un paralítico escribo. Algo que lo probaría, pero sólo de forma poética: el asunto de los aztecas. El mundo de los Aztecas. Un mundo rígido y estructurado, con un sentido de la individual por completo diluido, un tiempo cíclico que se renueva cada 52 años y que no tiene un sentido acumulativo histórico, por lo que es muy sencillo hubicar un hecho en un día de la semana y mes de un año, pero no resulta sencillo ubicarlo en ningún ciclo preciso. El mundo de los Aztecas, donde sus mitos regían, auguraban y escribían una y otra vez la guía para el cumplimiento de cada ciclo. Cuando llegaron los españoles, ocurrió para los Aztecas, dentro de su mundo y su lógica, lo absolutamente inesperado. Pues en ningún mito ni historia ni pintura (recordemos que la escritura es pictórica) estaban representados los españoles, ni sus armas, ni sus caballos. Y esto es lo que hacen de forma aislada pero unificada los aztecas. Como arma posible de superación del trauma de lo que ha ocurrido y no era posible que ocurriera (la muerte de alguien), se reescriben los mitos. Dice Todorov: “La llegada de los españoles siempre va precedida de presagios, su victoria siempre se anuncia como segura. (…) Todo lleva a creer que los presagios fueron inventados después de los hechos; pero, ¿por qué?”. La escritura es para los Aztecas un posible vehículo de salvación. Los nuevos símbolos han dicho que es inevitable que los españoles lleguen y nos conquisten. Lo hemos escrito y por lo menos en lo imaginario ahora podemos aceptarlo, y podremos vivir el duelo, y entonces salvarnos.

La sección experimental de este blog pretende ejecutar investigaciones libres en torno a los aspectos esotéricos de los procesos que llevamos a cabo. No me circunscribo a ninguna escuela filosófica, ni a ninguna ideología aparte de la ideología absurda. Ustedes dirán, Pues muy bien. Y yo también diré, Pues muy bien. Sólo añadiré que agradeceré comentarios que ayuden a evolucionar las ideas que se esbozan aquí. Pues aunque la hipótesis es “la escritura tiene un poder que actualmente puede ser entendido como mágico”, de nada serviría descubrirlo a solas.

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