1. Cord cutting ritual, o sobre cómo conocí a Imoen

Cuánto tiempo he tenido de retiro e introspección para llegar a comprender que lo que necesitaba era lo contrario: no la soledad de las montañas, sino la compañía. No la aspiración a la unidad, a la mónada que sólo se piensa a sí misma, sino la multiplicidad en la que uno puede guardar silencio porque escucha a otro. Solo cuando volví a dar amor pude sentirlo de vuelta.

Simple de decir. Simple usar palabras como amor y otro. No tan simple sentirlas dentro o transferirlas. Mi objetivo aquí, ahora, tras más de un año sin aportar nada nuevo en este espacio (o lo que es peor, dando vueltas sobre fantasmagorías), es relatarlo. Un proceso que a su vez ha sido una investigación ecléctica en la que también profundizaré. Pero esta vez no una investigación a solas, a dos manos, un cerebro, una sola re-flexión. Esta vez cuento con la ayuda de Imoen, quien me ha permitido escribir este diario a cambio de que le lea en voz alta lo que escribo. La aviso por Whatsapp y a los pocos minutos llama a la puerta de mi habitación, abre sin esperar respuesta y se tumba en la cama y me dice Venga. Yo le leo en voz alta lo que he escrito y aunque en ocasiones diga disparates, o no la deje favorecida en el texto, o incluso revele secretos íntimos de ambos, le parece bien cualquier cosa, y le gusta que la llame Imoen. También, dice, encuentra cierta comicidad en mi prosa, cosa que declaro ya de antemano falsa. Este pretende ser un diario serio. 

Imoen y yo empezamos a trabar amistad como compañeros de piso al mes de llegar ella a casa. Lógicamente, antes de entrar a vivir con nosotros yo le había pedido sus datos astronómicos para conocer nuestra exacta relación astral como compañeros de piso. La había analizado y había emitido un veredicto ante mis compañeras, con quienes también la había triangulado. El feeling ya había sido bueno en la entrevista y los resultado astrales inmejorables: fluidez energética. Empezamos a dialogar el día en que me preguntó si estaba interesado en asuntos esotéricos, cosa que confirmé aportando pruebas (entramos en mi habitación y le mostré mi altar de piedras de poder y mi tarot antiguo Des Viscontis. En el altar las piedras, cornalinas, ojos de tigre, turmalinas negras que había ido coleccionando según mis carencias y déficits psicológicos, estaban dispuestas creando formas geométricas en torno a tres velas amarillas, palo de santo y ese tarot antiguo). Me dijo que quería hacer un ritual pero no sabía cómo. Yo le dije que no era experto en rituales, no en profundidad, pero que había leído mucho sobre ellos. 

Quiero cortar el vínculo con una persona, dijo.

¿Del pasado?

Mi pregunta era una obviedad y no contestó. Estábamos junto a mi altar y ella había cogido el cuarzo blanco, piedra primordial y básica de toda la colección. Me fijé en sus manos pequeñas y delicadas.

¿Cuántos años nos llevamos?, le pregunté. 

Imoen levantó la vista de la piedra y me miró. 

¿Por qué lo preguntas?

Estuve a punto de decirle Porque lo he notado en tus manos pero opté por callarme. Ahora, meses después, tengo la impresión de que si lo hubiera dicho, si hubiera contestado Porque lo he notado en tus manos, estaríamos en otra línea temporal, y nuestra relación sería otra, y existiría un deseo porque habríamos querido ambos tomar esa dirección. Es una impresión vaga que no puedo confirmar, estando ahora en otra línea temporal en la que somos amigos. La misma palabra amigos no concuerda exactamente con la sensación que tengo al estar junto a ella. La siento más bien como mi hermana. Aunque tampoco es eso. Como una forma cóncava en la que poder derramarme, siendo yo también otra forma cóncava a su vez. Cuanto más abstraigo nuestra relación a una geometría más fácil me resulta expresarla. Si le hubiera contestado en ese momento Porque lo he notado en tus manos ahora la cosa sería distinta, e Imoen y yo nos desearíamos. Y ya he dicho antes que le leo en voz alta lo que escribo. Tal vez consigne en nuestro siguiente capítulo lo que ha contestado a esto. Nos llevamos once años.

Esa tarde le pasé un artículo introductorio sobre el ritual de Cord cutting, no sin antes avisarla en los peligros que podía entrañar meterse a hacer rituales. Aunque no tengo experiencia en el sentido de maestría, tengo algo de experiencia y puedo decir que, cuando practiqué la magia, la magia funcionó y yo comprendí el misterio que todavía supone el mundo, pero no pude controlarla, se me escapó de las manos y causó inesperadas y duras consecuencias para mí. Si haces este ritual tienes que hacerlo bien, le dije, y casi estaba ya con la mano levantada y señalándola con el dedo para recalcar la importancia del asunto, cuando ella impidió mi gesto con su mano y dijo Tranqui, lo haremos bien.

¿Lo haremos?, pregunté. En el altar había una tirada de cartas que todavía recuerdo: la muerte invertida, la fuerza y el mago. Una tríada que yo interpreté en ese momento cómo es necesario volver. Volver a la vida y, por lo tanto, también a la escritura. Seguir investigando, pero de otra manera. Así que pasamos parte de la tarde buscando información sobre los materiales que íbamos a necesitar, y parte de la tarde de compras por la zona de Rocafort, donde abundaban las tiendas de brujería y artes esotéricas. Volvimos a casa cuando ya era de noche, al filo del toque de queda. Estábamos solos en casa porque el resto se habían marchado a pasar el fin de semana con la familia o en pareja -realmente, lo ignoro-. En el camino le expliqué el ritual que hice y cuáles fueron sus consecuencias. No era un ritual de Cord cutting, cortar la cuerda, sino lo contrario, un amarre, la atracción de alguien. Le expliqué cómo durante unos días, en un período en el que -tengo que contextualizarlo- me medicaba y drogaba al mismo tiempo en una espiral de destrucción importante, y con el juicio menguado, estuve estudiando el tema de los amarres, pasando por alto todas las advertencias que encontraba en el camino.

[Aquí Hannahjayne1111 cuenta cómo un ritual de amarre se le volvió en su contra, y recibe las severas advertencias y ayuda de otros usuarios. Al parecer intentando amarrar a otra persona, ocurrió que la otra persona reaccionó de forma contraria, eliminándola y dejando de contestar, y ella se obsesionó. Por decirlo así, el hechizo actuó sobre ella: el deseo de forzar el amor en el otro provocó que ella fuera la única en quedar encadenada. HelloDarknessMyOle lo expresa bien en un comentario secundario: 

Mientras le hablaba a Imoen de los amarres y sus peligros, la iba introduciendo también en una parte del material del que es objeto, hoy en día, nuestra investigación: la red social Reddit: fuente de conocimiento y a su vez escaparate del delirio de nuestra mente. Pero ese día mi intención era otra: le iba nombrando cosas como Reddit y hablando de mi pasado oscuro y malogrado como mago para testear hasta qué punto íbamos a entendernos. Imoen me escuchaba con atención y el relato de mi pasada desgracia parecía divertirle. Piensa, le dije, que yo estaba loco. No puedo calibrar exactamente hasta qué punto, pero imagínate tomar varias pastillas, al mismo tiempo drogarte y, simultáneamente, vivir encerrado y llevar una vida onanística abundante: testeé a fondo los extremos de mi juicio y viví y conocí el delirio. Eso era lo que le decía y ella se reía. Ya basta de justificaciones, dijo. Hiciste un conjuro de magia para poseer algo, dijo.

Eso hice, contesté. Ahora, desde la perspectiva de unos hábitos de vida ciertamente frugales, trato de conciliarme con esa época larga, amplia, en la que dejé de ser yo por un tiempo.

Entonces hiciste el conjuro y lo que pasó es que acabaste tú encadenado como la usuaria esa de Reddit, ¿no?

Eso mismo, dije.

¿Sigues encadenado?, preguntó de inmediato.

En ese momento nos miramos. Demoré la respuesta un instante y ella lo sintió como un titubeo. No me dio tiempo a seguir:

Sigues encadenado.

Suspiré y le dije que había seguido consejos sabios para dejar de estar encadenado y que por lo menos ahora llevaba una vida firme, y muy alejada de mi pasado. Sus comentarios me daban a entender que Ya veremos si eso es cierto, mientras volvíamos a casa para hacer el ritual de cortar la cuerda.

Por su parte, ella me había dado muy pocos detalles sobre su asunto. Es el pasado, había dicho, y no tendría sentido deleitarse con él, dijo, después de que yo hubiera precisado, detallado y ofrecido una porción de mi pasado en bruto. Me sentí ridículo, exhibicionista, y al mismo tiempo pensé que iba a aprender cosas de Imoen, y se disipó cualquier voluntad de pasar el resto de la tarde a solas en mi habitación, porque quise seguir con ella. 

Habíamos hecho una mezcla en la compra de los ingredientes a partir de diferentes fuentes. [Aquí encontramos toda clase de fuentes. NikkiLittle celebra el éxito de un ritual de cortar la cuerda con un ex narcisista, hecho con dos velas negras, una foto del día de la boda y un sórdido cuchillo ante la foto. Somehumanperson17 sugiere algo más simple: dos velas con la mecha atada, y se extiende en los peligros que entraña el ritual. El artículo de Vice sobre el tema, más sofisticado, sugiere la utilización de una vela negra, salvia blanca, agua de Florida, hilo de algodón negro y hasta un caldero para alojar un fuego. Yo, personalmente, prefería de largo las intervenciones en el foro de Reddit a los artículos que encontraba en el buscador. Me gusta sobre todo la sección de comentarios, donde el contenido expresado en el hilo es interpretado y transformado de formas diversas por otros usuarios, creándose en extrañas cadenas de conocimiento apócrifo, sobre todo en los hilos esotéricos con poca moderación]. Optamos por las dos velas con la mecha unida, y la intención escrita en un papel, pero no escatimamos en gastos para hacernos con otras velas y utensilios para hacer otros conjuros más tarde, a pesar de mis continuas advertencias acerca de la dificultad que entraña la magia como disciplina: es como aprender a disparar. De buenas a primeras uno ni siquiera imagina la fuerza de retroceso que tiene el percutor. Pues aprenderemos a dominarlo, dijo Imoen, que había estado viendo unos vídeos de Damien Echols y buscaba esencias de cobre, de rosa, sal y otras sustancias esenciales que nos entregaban en saquitos de tela, en todo momento advirtiéndonos de su peligro, los vendedores acechantes de las tiendas esotéricas de Rocafort.

Imoen escribió la intención y declaró en voz alta que con respeto pedía la disolución del vínculo con una persona, a la que aquí llamaré Elron, por confidencialidad. Al escucharla hablar con los ojos cerrados, antes de escribir la intención y prender la mecha, me pregunté qué clase de confianza había sentido conmigo como para mostrarme esa misma escena. También descubrí que sabía mucho más que yo sobre artes esotéricas a pesar de que había sido yo quien principalmente había hablado durante todo el encuentro en tono de maestría. Invocó los nombres de los Arcángeles y me sorprendió cuando invocó también a Metatron, el Ángel escriba. Respetuosamente pidió la disolución del vínculo con Elron. Pidió que toda energía que entre ambos pudiera transmitirse en adelante fuera tan solo positiva. Que el cese del contacto fuera el cese de las hostilidades pero también la posibilidad de un pensarse entre ellos de forma distinta. Pido que cada uno pueda seguir su camino en paz, dijo, y a continuación guardó silencio para escribir la intención en una hoja de papel que puso debajo del plato con las dos velas de mecha entrelaza. Prendió la mecha y quedó quieta mirando el fuego. Estábamos en la penumbra de ese fuego. Seguramente entonces mis ojeras fueran negras concavidades a su vista, por lo que traté de mostrarme afable en mi silencio. Ella me miró y sonrió desde esa penumbra y no dijo nada. El poder estar ahí, en el silencio que compartimos mientras las velas ardían, me pareció la mejor forma de declarar el inicio de nuestra amistad. 

Lee el segundo capítulo de la serie: Dopamine fasting y Nosurf

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