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I have been kind. See, I have left the jars sealed,
Lest thou shouldst wake and whimper for thy wine.
And all thy robes I have kept smooth on thee.
Ezra Pound

 

No sé hacer otra cosa que saquear. Por eso tantas veces he fantaseado con el vampirismo, disfraz sofisticado del latrocinio y la violación. Tampoco olvido las palabras de un anciano profesor de pedagogía escuchadas hace años en un sórdido máster de periodismo científico. Valieron sin duda los dos mil euros del curso y han determinado parte de mi vida. Ya habíamos repasado la historia general de la física en 4 horas, y la historia de la biología y la historia de la psicología, todo ello en un total de 12 horas. Alelados estábamos por el saber y, sobre todo, por la posibilidad de adquirirlo en su totalidad en cerca de 20h magistrales según se nos había prometido, habilitándonos así para ser “periodista científicos”, cuando apareció el calvo y anciano hombre. Su traje clásico, con mocador en la pechera, emanaba un impreciso perfume que ahora sólo puedo evocar fácilmente si huelo un kiwi. Era el catedrático de pedagogía y venía hablarnos de su campo. Y ya estaba yo dispuesto ante la hoja de apuntes para concentrar el saber mundial en tres páginas manuscriptas cuando comprobé que la clase no iba a ser de esa naturaleza. Gloriosamente, no iba a haber resumen en 4h de la historia general de la Pedagogía. En cambio, el hombre empezó a hablar de sus investigaciones personales en el campo. Qué triste y cinematográfica es nuestra mente, pienso ahora, pues de aquellas cuatro horas sólo me queda una única anécdota, que además ha sido idolatrada -lo cual es pecado-.

El profesor dijo: ante un problema dado, tendemos a penetrar en el camino de nuestros prejuicios a medida que la respuesta se dilata.

La habilidad de los grandes jugadores de ajedrez reside, en gran medida, en la capacidad de descuadrar la lógica de un movimiento dado. Es decir, ante un problema dado, son capaces de quebrar los caminos matemáticos de la propia experiencia y encontrar soluciones distintas. Estas soluciones, por su naturaleza disruptiva, son arriesgadas. El profesor dijo que en el campo de la pedagogía se habían dado grandes avances cuando los investigadores habían comprendido que en otras disciplinas cercanas, como la zoología, había conocimiento útil al que no estaban accediendo por puro prejuicio, o primitivo efecto burbuja (el gremio). Por lo que la idea es muy simple y, de acuerdo con mi experiencia, funciona inexplicablemente incluso cuando se lleva hasta su extremo: ante un problema dado para el que no encontramos más camino que el ya transitado en vano: ruptura total. Muchas veces, ejecutada de la manera más simple: coger un libro cualquiera de la estantería, leer al azar, y buscar una conexión posible con lo que se está pensando. Cualquier conexión posible. El método se perfecciona con el tiempo: cuando hay un problema dado, hay ya un conjunto de libros a los que se acude. Este conjunto de libros mental siempre pertenece a un conjunto de saber y semántico exterior al conjunto de saber del problema dado. Si me topo con un problema de SEO Técnico de naturaleza puramente práctica, tengo a La Biblia como un posible libro de referencia para realizar el ejercicio de escapada.

Quiero profundizar un momento en la naturaleza de este ejercicio o práctica. Cuando hay un problema dado (por ejemplo, darle coherencia a este artículo), no sólo acudiremos a un conjunto de libros que vagamente podrían tener afinidad (la sofisticación de esta afinidad dependerá de nuestro dominio del lenguaje poético, como veremos), y no confiaremos absurdamente al azar una posible respuesta. Es esencial, también, saber comprender las semejanzas sinestésicas de un problema para poder encontrar las mejores respuestas posibles. Por ejemplo, sin saberse cómo, un día estudiando el concepto gráfico aplicado al trading de “la nube de ichimoku”, pensé que sería conveniente repasar la conceptualización de la música atonal de Shönberg (habrá artículo). Cualquier investigador serio objetará que es un método diletante y sin posibilidad de sistematización (depende de la capacidad de viraje de la mente de quien lo utiliza), por eso sugiero utilizarlo en páginas web de esta naturaleza (esta misma): blogs que son mucho más literarios que académicos, y que no entran ni entrarán en circuito alguno (y que nadie lee). Este artículo pretende ser un ejemplo del método, al mismo tiempo que se piensa a sí mismo en su proceso.

Un axioma: Es el momento de prestar atención a los equívocos y los intersticios, porque en lo sustanciado y fantaseado no hemos encontrado ninguna respuesta. Veamos cómo. Ya aviso que en este artículo voy a realizar muchas digresiones: es recomendable leerlo en papel.

 

Jacques Lacan

Hay un libro de Jacques-Alain Miller que me ha acompañado a lo largo del último mes. He dilatado mucho su lectura porque es un libro difícil que resume la última etapa del pensamiento del psicoanalista (y enorme filósofo) Jacques Lacan, el últimisimo Lacan (Tout Dernier Enseignement). Aunque en las primeras páginas se hace un alegato a favor de la claridad, debemos disentir con el autor acerca de su concepto de claridad: el libro, aunque en parte clarificador frente al rarísimo pensamiento de Lacan, no es todo lo clarificador que podría ser. El mismo pensamiento de Lacan, según Miller, “se renovaba cada día”, por lo que hay diferencias sustanciales entre lo que pensó Lacan al principio de su enseñanza y lo que pensó en su ultimísima enseñanza (esta traducción tiene algo de hilarante; cada vez que la escribo me río). Hay etapas, como suele ocurrir con todo pensador, y hay una especie de radicalización al final, que es la que aquí nos interesa.

Para mi gusto, Lacan tiene un vínculo estrecho con Nietzsche: es radical, muy raro incluso para nuestro tiempo y por eso ambiguo o muy velado en sus afirmaciones. Cada vez que en el libro de Miller llega un entrecomillado con una cita de Lacan, uno, por decirlo así, se abrocha los cinturones.

Lacan no miente cuando, al principio de una de sus clases, dijo sobre el estrado: “Yo inventé lo que se escribe como lo Real”. Me lo imagino en la proa del barco Titanic, contra viento y marea, diciendo “Yo inventé lo que se escribe como lo real”. Sus afirmaciones suelen tener cierta carga bíblica en la formulación sintáctica, yo diría que extrema el francés como pocos escritores franceses lo han hecho -y eso que, principalmente, lo que tenemos es una transcripción oral.

Dichas afirmaciones, que suelen sucederse frase tras frase en complejos párrafos, crean un entramado que te arroja al pensamiento loco y febril. Como ocurre con Nietzsche, lo que dice Lacan es independiente de su sentido. Lo que nos golpea en primera instancia es su fuerza y lo extraño de cada propuesta. Uno lee: “La alucinación es el fenómeno o la manifestación de un real surgiendo en la verdad” y sabe que aquí hay mucho que pensar, porque todos los sustantivos utilizados tienen, en apariencia, significados desviados frente a lo que, comúnmente conocemos (¿real? ¿verdad? ¿alucinación? ¿manifestación? ¿surgiendo en la verdad? surgiendo en la verdad…).

Lee: “El inconsciente está ubicado en el Otro como portador de los significantes que mueven los hilos del sujeto”, y piensa, a priori,  what the fuck? Cuidado: no es mi intención explicar estos conceptos aquí, porque lo que me interesa es precisamente el análisis de su existencia y formación. Sobre tales conceptos, sólo diré que, a mi juicio, tienen pleno sentido y son devastadoras cuando uno (tú o yo) comprende el significado aproximado de cada uno de los términos según su pensamiento (inconsciente, Otro, portador, significantes, los hilos, sujeto). Lacan ofrece una descripción completa de la psicología humana, funcional, perfectamente adecuada a occidente y, sobre todo, original. En muchos aspectos, como veremos y como pretendo demostrar, es totalmente visionario.

Estrechemos el círculo lentamente hacia el tema que nos ocupa. Hay una frase en concreto del ultimísimo Lacan que me llamó la atención:

“Somos hablados, y debido a esto, hacemos de las casualidades que nos empujan algo tramado. Hay, en efecto, un tramo -nosotros lo llamamos nuestro destino”.

Aquí sí una explicación, pues tomaremos este hilo. Para Lacan, la adquisición del lenguaje es el fundamento de la existencia de la patología. El síntoma ocurre en el hombre por la existencia del lenguaje. La existencia del lenguaje nos ha llevado a articular la realidad operativamente en por lo menos tres niveles: lo Simbólico, lo Imaginario y lo Real. De este último, lo Real, no conocemos nada directamente precisamente porque poseemos el lenguaje. El lenguaje, su articulación, nos impide conocer lo Real (por ejemplo: cómo un ser animal percibe el mundo sin historiarlo y narrarlo). Ahora mi explicación se vuelve un poco más grosera, pero quiero que se comprenda: el ultimísimo Lacan duda, de alguna forma, de la existencia de algo que podamos llamar sujeto. El síntoma y los agujeros que ocurren entre los niveles y que se representan en la forma de la pulsión parecen revelar algo ciertamente inquetante: en gran medida, uno cuando habla, sólo habla para sí. Es decir, Lacan descubre que en el hablar hay una gran parte de material que no pretende ser más que autocomunicado. Aquí surge un problema claro: ¿lo que tiene sentido para mí, tiene sentido por ello para el otro? ¿Qué es el decir? ¿Por qué usamos unas palabras y no otras, ciertas construcciones, por qué determinados lapsus, nombres, verbos? Cuando Lacan define lo que ocurre en la sesión con el psicoanalista pone en escena ese hablar para sí que nos caracteriza. Ante el psicoanalista, personaje neutro en la escena, el analizado sólo habla para sí (un espejo tiene delante, si el analista es bueno).

Hace dos años que realizo un psicoanálisis y entiendo perfectamente a qué se refiere. En la sesión con el psicoanalista, la persona que tienes delante es para ti un recipiente vacío. Pues no sabes nada de él y él nada revela al respecto. Se conoce desde hace décadas que, en determinadas situaciones, puede darse algo conocido como la transferencia. Cuando ocurre la transferencia, el paciente está totalmente en el hablar para sí, y de alguna forma ese hablar para sí desactiva parte importante del pensamiento consciente. En la sesión con el psicoanalista ocurre muchas veces que uno inicia un hilo discursivo, y que poco a poco, con escuetas respuestas por parte del psicoanalista, este hilo se vuelve extraño, y uno tiene la impresión de que empieza a decir cosas que no quiere, a hablar mal -en mi caso, empiezo a mezclar catalán con castellano, entre otre lapsus verbales y equivocaciones-. De pronto, uno toma consciencia de su falta de consciencia y vuelve. Pero puede decirse claramente que durante un rato, uno sólo ha hablado para sí mismo, como si delante hubiera una pared: lo que se decía en ese raro modo automático de la mente no pretendía propiamente una respuesta de nadie, aunque la reclamara. En ese hablar para sí el analista ha podido de pronto entrever patrones y rasgos, que tarde o temprano centrarán el síntoma, cuáles son los agujeros que hay que rellenar o fibrar en el entramado simbólico-imaginario-real (existe un método, que parte de un esquema muy convincente -el del nudo borromeo-, aplicable en terapia con resultados prácticos imposibles de medir estadísticamente. La ciencia lo rechaza por que la ciencia es un viejo dinosaurio conceptual, creo).

Lo importante, ahora: Lacan opina en su últimísimo pensamiento que el analista debe tener, en el momento de la transferencia, la habilidad del mejor lector de poesía. Miller lo resume como: “El analizante habla, hace poesía, mientras que el analista corta”. ¿Por qué? Lacan dice: “Sólo la poesía permite la interpretación”, y Miller añade: “Pero esto sólo es válido con la condición de demostrar que la poesía está doblemente articulada. La poesía produce un efecto de sentido, pero produce también y al mismo tiempo un efecto de agujero, un vaciamiento”. Prestad atención al placer que sentís cuando leéis un buen poema: gran parte de ese placer de sa porque, además del sentido, también hay espacio para su falta, a la que no podemos poner palabras, pero que opera en tensión. Las claves de esta afirmación que trataré de articular son dos: poesía e interpretación.

Primero, con todo esto no podemos hacer ciencia: no sirve. Como tal, una interpretación no tiene valor ni de intercambio ni de uso: es sin valor más allá de lo individual porque es intransferible. Lacan sugiere que el analista actúa sobre la conjunción del efecto de sentido y el efecto de agujero, lugar donde se produce el equívoco. Cuando el analizado, en la transferencia, muestra sus cartas, el analista ataca ciertos significantes y significados y, tras la interpretación, pone en juego nuevos significantes y significados a partir del efecto de resonancia. (intentaré explicar con detalle esto, pues es el fundamento del artículo). Un ejemplo simple: supongamos que una persona, ante el analista, todo el tiempo tiende a enjuiciar los hechos de su vida de manera polarizada: “esto es bueno, esto es malo”. Cada vez que el analizado realiza un comentario por el estilo, el analista puede contestar “Bueno, no siempre todo es bueno totalmente, o totalmente malo”. Es un ejemplo tonto, pero debe ser entendido. En este momento el analista ha sugerido una variante que ataca a varias estructuras conceptuales del analizado sin tener la apariencia, propiamente, de ataque. Ha afirmado algo que resuena en lo dicho por el analizado (no todo es bueno ni malo) y ante lo que el analizado responde por lo menos teniendo en cuenta como posibilidad el nuevo significado (este ejemplo concreto lo he experimentado muchas veces, y con el tiempo ha surtido su efecto, pero requiere de habilidad y es mucho más sofisticado de lo que muestra el ejemplo). La situación de transferencia es una situación de vulnerabilidad del analizado, y en ella el analista puede conseguir que el analizado construya, por sí mismo, nuevas estructuras (con los beneficios y peligros que eso conlleva: delicadísimo trabajo).

Por otro lado, el lugar común, esas palabras gastadas que se usan repetidas veces pero han perdido su carga (ejemplo: “baño de multitudes, arder en deseos, espiral de violencia”), no es otra cosa que un artefacto cuya tensión efecto de sentido – efecto de agujero ha sido resuelta. Esta afirmación implica afirmar, a su vez, como ley, que todo lo que se viraliza y se fija en la memoria colectiva pierde con el tiempo su tensión interna, específicamente su valor poético, siempre. El efecto tiene sus gradaciones también en el nivel individual: escuchar cien veces una misma canción cancela su poder estimulante. (No obstante, un aparte, hay cosas que deben estar del lado de la repetición y la costumbre, no hay aquí ningún alegato romántico). Lo que determino aquí es: La tensión entre el efecto de sentido y el efecto de agujero es una fuerza. Una buena metáfora se distingue por establecer en la resonancia entre sus elementos una extrema tensión sentido-agujero. Dirigida adecuadamente, cualquier formación del lenguaje que aproveche estos conceptos, puede ser punto de partida para la transformación de las estructuras de pensamiento del paciente en su fundamento, y con ello para el cambio en la conducta. Existe un poder verdadero en quien comprende y profundiza en el lenguaje poético. Antes he dicho una fuerza, y no había error: una fuerza. Por lo menos mucho más poderosa que el odio, y menos que el amor.

Para explicarlo mejor, me gustaría aquí dejar de golpe a Lacan, a quien ya he violado bastante (pensarán los psicoanalistas y filósofos; pero no me importa, muy pocos han tocado jamás la transversalidad loca a la que yo estoy abocado, lo que extraigo sólo puede ser en bruto), para dar un viraje: quiero centrarme en los asesinos del lenguaje poético: Google. De acuerdo con la premisa de este artículo: nos vamos a entender por el extravío (espero): en un ejercicio de giro radical abandonamos el vaporoso y etéreo mundo del psicoanálisis, para adentrarnos en la abstracción suprema del algoritmo.

 

Google

La lectura de Lacan se inserta de pleno en un amplio período histórico de mi vida en el que ha existido un particular interés por Internet. Ese interés por Internet no es otra cosa que Interés por el ser humano. Internet es inagotable, y en sus ramificaciones encontramos la posibilidad de mundos con lógicas divergentes. Internet es uno de los lugares donde nace lo nuevo, y con lo nuevo, como el propio Lacan pensaba, me refiero a algo que no ha sido pensado todavía (otra cosa que no puede hacer la ciencia, sino sólo los genios que la modifican su camino a piñón fijo). Por eso lamento haber estudiado periodismo. Lo que no lamento, en cambio, es haber estudiado SEO. Con SEO me refiero a Search Engine Optimization (Optimización de motores de búsqueda). Es un oficio que exige un alto conocimiento del lenguaje, así como de los campos semánticos y las estructuras. Exige un pensamiento ideal para ingenieros o personas capaces de mantener en su cabeza complejas estructuras dinámicas (números, relaciones, objetos abstractos en todo momento). En la oficina donde trabajo son necesarias herramientas automatizadas para gestionar las superestructuras de las webs gigantes. El oficio del SEO es, sobre todo, de lectura, comprensión de datos, y racionalización textual.

Sigan este razonamiento para sumergirnos brevemente en el sentir del, así llamado, SEO specialist. Tenemos una página web que cuenta, por ejemplo, con mil artículos. Estos mil artículos los escribió alguien por placer y sin pensarlo mucho. Todos ellos hablan de tostadoras. Al hombre que hizo tal web, le encantaban las tostadoras. Cada tarde, sin faltar una buena tostadora en el regazo, escribía sobre tostadoras en su página. Supongamos que ese hombre se da cuenta un día de que, después de escribir mil artículos, no tiene apenas visitas en su página. Y no sabe por qué. Por eso, nos llama. Nosotros, desde nuestro escritorio de mimbre, lo atendemos: ¿Sí?, el hombre nos dice que tiene ese mastodonte con mil artículos y que quiere “posicionarlo”. En ese momento, una vez acordadas las condiciones, el SEO specialist (¡la ultimísima enseñanza!) empieza a examinas la web de tostadoras con varias herramientas de pago, sus armas. Escuchad sus melodiosos nombres: Ahrefs, Semrush, Backlinkseo Tools, Majestic SEO, Screaming Frog (este, sin duda, es el mejor). Estas herramientas tienen el poder de decirnos dónde está posicionado exactamente cada artículo de la web de tostadoras. Nos dice, por ejemplo, que este artículo se encuentra en la posición 50 para la keyword “Lacan”, palabra que se busca quinientas veces al mes en España a través del motor de búsqueda Google. Lo que tenemos de pronto es un mapa de palabras clave.

En el caso de las tostadoras, estos programas y el estudio exhaustivo de las métricas, nos dicen: algún artículo de vez en cuando se ha posicionado, pero se observa claramente que el ser humano que ha escrito este blog, lo ha escrito como ser humano, y no como debería haberlo hecho: como robot.

Cuidado, seamos precisos. Primero, tened en cuenta esto: ahora mismo, en 2018, es muy probable que el algoritmo de Google sepa exactamente cómo escriba un ser humano y ya no quiera escritura robot. Pero durante años quiso escritura robot. Durante años, por lo menos dieciocho, la web se ha llenado de contenidos escritos con esta lógica. Si uno busca “por qué ronronean los gatos”, encuentra textos que marcan mucho una sintaxis de frase breve y un tanto repetitiva. Si uno repasa los resultados de las primeras páginas no tarda en notar que todos ellos son copias de sí mismos, exceptuando gozosas excepciones. Hay que profundizar en el paginado para encontrar alguna cosa distinta.

¿Por qué ocurre esto? Porque Google puso publicidad en su buscador y con ello nos condenó, literalmente, a la locura y de nuevo al fascismo, como veremos y estamos viendo. Ese simple error, fue determinante. Ya he mencionado varias veces y he citado cómo los propios fundadores del buscador pensaban que la inserción de publicidad en los resultados iba a desfigurar los resultados de búsqueda. Pero no sólo fue la publicidad, sino el planteamiento filosófico de base, lo que nos conduce a la tragedia. Volvamos a las tostadoras para luego volver a esto (soy inclemente con el lector esta vez. Si no lo fuera no conseguiría expresar propiamente lo que quiero: mis disculpas). Como he sido contratado como SEO specialist por el hombre de la web de tostadoras, arreglo técnicamente su página web y realizo lo que se conoce como un Keyword Research.

En un Keyword research simple, uno puede poner en marcha varias herramientas. Yo os mostraré por comodidad Ahrefs. En Ahrefs hay recuadro llamado “Keywords Explorer”. Entramo allí y aparece un recuadro blanco. Introducimos la palabra “tostadoras”, y penetramos en el maravilloso mundo de la semántica robot (¡lo adoro!):

tostadoras kw research

¿No es delirantemente maravilloso? A partir de Tostadoras, Ahrefs nos ofrece 499 palabras clave (con datos detallados de cada una y subbúsquedas como la que veis en imagen, ramificación eterna) que contienen el término tostadora + otro término (o más: long tail). Tambien, Ahrefs nos ofrece 560 variantes un poco más sofisticadas (palabras asociadas temáticamente que no tienen por qué contener la palabra tostadora). Luego, nos sugiere otras 245 palabras y, por último, una nueva herramienta: las palabras que están empezando a buscarse ahora. Lo que vemos en el cuadre de abajo a la derecha es un raro caso (de momento, pronto será normalísimo) de long long tail, una palabra clave quizá buscada a través del reconocimiento de voz.

Bien, el especialista SEO, con todo esto, reescribe los mil artículos, marcando en cada uno una palabra clave y creando una jerarquía de enlazado interno (unos artículos enlazan a otros potenciándose) que, de pronto, se afina con las reglas de Google y empieza a posicionarse. El método es muy complejo y, opino, difícil. Por ejemplo, aunque se marque en cada artículo una palabra clave, el verdadero maestro de los textos SEO sabe que la clave está en el arrastre. En todos los textos debes tener en mente el máximo número de palabras clave, y utilizarlas, dispersarlas por la página. Siempre hay que tener en cuenta que es preferible una escritura creativa y natural, a una escritura robótica, hoy en día. El mundo del SEO es como el de las brujas pirujas, y la mayor parte de la gente vende humo. Quizá yo mismo os esté vendiendo humo, es imposible incluso para mí saberlo con total certeza. Pero sí puedo decir y demostrar si alguien lo solicita que, mediante esta técnica, entre 2015 y 2017 tuve, junto con un fiel amigo, casi un millón de lectores (el problema es que no leían mi literatura, sino textos de tostadoras).

Entonces, vemos que hay unas “reglas de Google”. ¿Cuáles son esas reglas? No lo sabemos. Algunas empresas privadas las infieren a través de análisis masivos de resultados de búsqueda y cambios de posiciones y dicen, por ejemplo: “en 2018 recomendamos reducir la densidad de las palabras clave principales de todos los textos”. En ocasiones, trabajadores de Google aparecen como sibilos y, sin decir nada a las claras, te sueltan una ambigüedad. Es un mundo muy oscuro. Yo no quiero criticar su mecánica, al contrario. Pienso que es una construcción impresionante y un ejercicio de inteligencia humana descomunal. Sin embargo, tiene un único fallo: ha tomado unos principios filosóficos como los principios filosóficos, y con ello, repito, nos ha condenado al fascismo.

En su nacimiento, Google era un tonto bebé al que podías engañar fácilmente. Clasificaba las páginas según el número de enlaces entrantes: cuantas más páginas te linkaban, más fuerte eras. Y al mismo tiempo, posicionaba muy alto textos SEO primitivos, muy repetitivos en sus palabras clave (para algunas búsquedas todavía aparecen, sorpresivamente, esos vestigios arqueológicos del pasado). En el año 2006, una actualización del algoritmo desindexó del buscador a la empresa BMW por Keyword Stuffing. Los robots refinaron su capacidad de entendimiento del texto y comprendieron que BMW realizaba prácticas artificiales de escritura. Poco a poco, estoy resumiéndolo mucho pues esto es un artículo y no un mamotreto, Google puso en marcha modificaciones en el algoritmo que sofisticaron su modo de posicionar las webs. Penguin, Panda o Hummingbird son nombres de piezas clave que han ayudado a que hoy, el buscador, sepa distinguir un texto bien escrito (siempre según sus criterios) de otro que intenta burlarte o hacer trampas. En el oficio del SEO hay personas que hacen Black Hat SEO (intentan burlar al buscador y aprovecharse de sus debilidades) y personas que hacen White Hat SEO (intentan comprender al buscador y seguir al pie de la letra y de forma actualizada la evolución de sus reglas). Yo me inclino y me intereso por lo segundo. El mundo está representado en cada una de sus partes, y cada una de sus partes en el mundo. Hoy en día, debido a la sofisticación de Google, es muy difícil que puedas engañarlo. Así que hay que hacer las cosas a su manera, y de esta forma mágicamente nuestra página de tostadoras triunfa en las SERPs (como en el psicoanálisis, aquí también hay jerga: Search Engine Results Page, página de resultados del motor de búsqueda).

Para mí, la idea está clara. Durante por lo menos dieciocho años hemos consumido en occidente cantidad masiva de texto obtenido en resultados de búsqueda. Por supuesto, no estoy diciendo que Internet contenga sólo eso (Internet es un mundo, en toda su extensión y profundidad, aquí tratamos un aspecto muy masivo de él). Debimos tragarnos textos de este tipo de forma salvaje por lo menos entre 2004 y 2014. Necesariamente ha tenido consecuencias en nuestra mente.

¿Qué consecuencias ha tenido?

 

El poder del lenguaje poético. La mente seca

Google es promotor indiscutible del positivismo. Toda página web debe ser racionalmente comprensible. Si un día al creador de una web le da por empezar a hablar de otras cosas, la valoración de Google de esas otras cosas podría entrar en conflicto. Si en el blog de tostadoras un día, su autor, en arrebato romántico, escribe la reseña melancólica de un libro, Google se preguntará, de acuerdo con su positivismo: ¿Qué hace una reseña de un libro en una página de tostadoras? ¿Tiene eso alguna relación? Como no la tiene, no le vamos a dar valor en los resultados de búsqueda.

En cualquier proyecto de internet que pretenda aparecer en los resultados de búsqueda sin palabras clave “de marca” (Uno puede crear y posicionar socialmente una nueva palabra clave. Ejemplo: “forocoches”), es necesario acotar un tema y un grupo semántico. Si tenemos una página de tostadoras, hay ciertos límites del conjunto semántico que conforma tostadora, que no deberíamos pasar (escribir una reseña literaria estaría fuera del límite semántico tostadora, más bien en un grupo del estilo “literatura” o “libros”). No tengo especial interés en describir cómo se se hace la taxonomía de una web, sino en señalar únicamente que se realiza este trabajo de acotación semántica siempre que hay que posicionarla.

Lo que tenemos, por lo tanto, es una enorme cantidad de textos, leídos durante años, que se guían por principios de escritura SEO, cuyo principal distinción es la agrupación semántica.

Recordemos a Lacan y volvamos al lenguaje poético. Un texto SEO, con una palabra clave y por lo menos cinco secundarias asociadas, ya se conceptualiza a priori como un texto que va a ser contrario a la idea de crear tensiones entre los significados. Más bien, se suavizan esas tensiones, pues estamos obligados a ir repitiendo palabras clave y a acotarnos al tema (y si nos salimos de él, estrategia posible para disfrazarnos ante los robots de Google, muy inteligentes, no podemos marcharnos muy lejos del grupo semántico).

Durante años, mientras el buscador no fue los suficientemente sofisticado, hemos leído textos cuya tensión efecto de sentido – efecto de agujero ha sido resuelta: lugares comunes funcionales en sí y en conjunto, en bloque: eso es lo que hemos leído. Y ahora que el buscador se ha sofisticado y puede distinguir el evidente problema que se deriva de esto, entramos en la era del vídeo, llegan las búsquedas por voz, el texto ya no será leído otra vez.

Mi tesis: El psicoanálisis, cuando trabaja en escena, trabaja con el lenguaje poético porque el lenguaje poético es una forma de transformación y dinamismo. Los textos SEO primitivos que hemos leído sistemáticamente (y seguimos leyendo, penosamente) durante una década presentan un esquema contrario, donde la acotación semántica retiene el posible movimiento transformativo: hay petrificación. Si estamos en una web de tostadoras, nuestra mente no saldrá jamás, por más que leamos entradas y entradas, de las tostadoras & company. No hay contrapunto, ni tensión por oposición, ni formulaciones poéticas, y además se exige una sintaxis seca, de frase corta (un texto a lá Lacan sería probablemente indexado, un texto a lá Proust jamás lo será), sobreoptimizada con conectores, visualmente fragmentada, etc: en definitiva, la sequedad, y por acumulación, el secamiento de ciertas fuentes primarias de nuestra mente. Y a continuación, por falta de tensión entre los significados distantes, la instauración definitiva de una forma de hablar muy distintiva de quien ha sido infectado por esta enfermedad: el hablar para sí enquistado, lleno de lapsus, de los youtubers, el lenguaje coach, Donald Trump, Hombres Mujeres y Viceversa, Risto Mejide (el personaje, claro), etc, portadores del vacío, constituidos en el vacío, alelados por el vacío, promotores del vacío. Otra idea, ya más fantasiosa: cuando los significados se petrifican y vacían, llega el fascismo. Las tensiones ya no pueden resolverse por la palabra porque la palabra ha dejado de ser un camino, y carece de dinamismo. Se pasa a otras cosas, entre ellas, la violencia efectiva y simbólica (casi siempre ya gobernada por el inconsciente).

Por último, quiero mencionar algo que me ha entristecido. Es notorio y sabido que yo siempre he sido una persona de letras. Y es normal, por ello, que quien me conoce tenga ciertas expectativas respecto a lo que yo debería ser o soy. Desde el principio, en muchas personas, encontré oposición cuando anuncié que estaba interesado en el mundo del SEO. Con el tiempo, y llegando a alcanzar cierto nivel profesional que me ha conducido a trabajar en esto, percibo claramente que muchos creen que estoy en alguna clase de locura, o bien desviado, equivocado. Lo percibo de personas del mundo de la literatura, el arte, en personas cercanas. Quiero que quede claro que considero tales prejuicios efecto directo de lo que estoy diciendo. Y me pone furioso la ceguera que les hace creer en mi ceguera. He emprendido este camino porque me gusta trabajar con palabras, porque no he encontrado otra manera de dignificar mi trabajo dentro del orden simbólico del capitalismo -el mundo editorial es una farsa, señores-, y lo necesitaba a riesgo de enfermar definitivamente de neurosis, y porque quiero encontrar las fuentes finales, las razones de lo que ha ocurrido en mi mente, de la lucha que se lleva a cabo allí a partir de esta experiencia alucinógena casi, que considero única, y que vence de la parte de la poesía y la verdad, y no del vacío y la cosa porque gasto las noches frías en escribir estos textos, y en hacerme mi propia poesía.

 

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