El silencio sólo se debe a la investigación. La investigación, de campo, conlleva a su vez riesgos y peligros, pues quiere ser profundosa. Recuerdo las primeras cincuenta páginas de Gérminal de Zola: las minas de carbón francesas del siglo XIX: «Mientras, en el pozo seguían las maniobras, el martillo de señales había dado cuatro golpes y bajaba un caballo; siempre era un momento emocionante, porque a veces, el animal, dominado por el espanto, desembarcaba muerto».  La explotación minera a gran escala implicó un incremento sustancial de acumulación de energía y valor potencial (sabemos que se inició en 1234 con la promulgación de una ordenanza para minar libremente carbón en los entornos de Newcastle). Si nos fijamos en el oro, sabemos que hasta los años sesenta su valor estaba directamente vinculado al valor de las monedas. Había pues, una referencia material para medir el valor de una moneda. Hablamos del patrón oro. O bien dos referencias, como ocurre en el patrón bimetálico que dominó en el siglo XIX. En todo caso, la referencia última para medir el valor de una moneda era totalmente terrenal.

En 1971 Estados Unidos abandona el patrón oro y el dólar pasa a referenciarse únicamente en la confianza de sus poseedores. La decisión es clave porque, desde la Segunda Guerra Mundial, hasta 44 monedas fijaron su valor al dólar, en una construcción piramidal que en última instancia estaba sustentada por el oro. Cuando se abandona el oro, empieza la era de la libre fluctuación. Lo que nos interesa, pues no somos propiamente economistas, es el camino hacia la abstracción o la desustanciación del fundamento material, en este caso el oro, para pasar a creer en un fundamento psíquico. La imagen de un caballo que desciende muerto a las entrañas de una mina de carbón es una metáfora invertida. Lo importante: a veces, dominado por el espanto, el caballo desembarcaba muerto.

Hace dos semanas compré una cantidad determinada de Bitcoins (se suelen adquirir en Coinbase) con la intención de transferirlos directamente a un Exchange llamado Poloniex y operar allí con criptomonedas secundarias: el núcleo de esta investigación. Acerca de este punto, sólo puedo señalar que cuando acabé el bachillerato me obligaron a estudiar Dirección de Empresas, carrera que abandoné épicamente inacabada para entregarme a la frugalidad de las letras. Sin embargo, el abandono no fue total: seguí interesado por la economía de manera autodidacta. Hice inversiones durante un tiempo con el sueño maníaco de enriquecerme y, un día, lo perdí todo. Como lo perdí todo, se inició un período de ostracismo que sólo ha sido roto para iniciar esta investigación. Con lo cual, hay cierta inquietud y peligro. La experiencia me dice que ningún análisis alcanza a definir adecuadamente la naturaleza esotérica del mercado y que en cualquier momento los astros pueden literalmente conjurarse y derrumbarte. Quien ha operado en el mercado, ha visto su nigromancia, el efectivo poder de fuerzas psíquicas disfrazadas detrás de números. Y hay que recordarlo en todo momento, tras los números no hay nada.

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Debo decirlo pues, antes de proseguir: habito en la contradicción. Pues si se ha dado esta investigación es también porque hay una perversión. Sueño con que se me perdone mi capitalismo trasnochado por la vía de la expiación: estos artículos. Pero nada libera del castigo inherente a habitar en la contradicción. Zola: «Durante un momento permaneció con los ojos clavados en el fondo de las tinieblas de la mina; y, en aquella profundidad, bajo el peso y el ahogo de la tierra, volvía a ver su infancia, a su madre todavía hermosa y valiente, abandonada por su padre».

Al iniciarme en el submundo de las criptomonedas me fijé de inmediato en su división de minería. ¿Cómo que minería? ¿Minería de qué cosa? Lo primero que hice fue buscar imágenes de los tales mineros de criptomonedas. Quería ver sus caras y su vestimenta. Lo único que encontré fue esto:

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En el día de su creación, se estableció el número total de Bitcoins disponible. Esta cantidad disponible se imaginó escondida, disponible para ser descubierta (en un lugar a su vez imaginario, espacio de la matemática). La actividad de descubrir Bitcoins en el espacio imaginario de la matemática la ejecutan mineros. Los mineros disponen de capacidad de cálculo (los ordenadores en columnas que vemos en la imagen, por ejemplo) puesta al servicio de la minería. El acto de minado, el exacto golpe del pico contra la piedra, ocurre con el planteamiento de un problema matemático y su resolución. Cada diez minutos miles de nodos -compuestos de mineros- luchan por resolver un mismo problema matemático. Quien lo consigue, obtiene una recomensa: Bitcoins. En conjunto, la red de computación de minado de cryptomonedas es la más grande del mundo, por encima incluso de la capacidad de Google o Facebook.

A medida que se resuelven problemas y se minan bloques, la dificultad de los mismos problemas aumenta, requiriendo a su vez de mayor capacidad de computación. Es decir, a medida que pasa el tiempo, el minado se complica, tal y como ocurre en las vetas de metal parcialmente agotadas que pueblan España (pensemos en Asturias). Con este método, se garantiza una duración del proceso de minado de Bitcoins de cerca de 100 años, siempre que no se produzcan saltos bruscos en el escalado de la capacidad de computación.

Vemos, pues, que se mina algo en el interior de un campo conceptual -que en todo caso no podemos tocar-, para crear a su vez una moneda también conceptual, pues sólo se referencia a sí misma. Hay que meditar bien en el concepto, pues guste o no supone una evolución extremadamente sofisticada del capitalismo y sus métodos. Entre otras cosas porque los mineros de Bitcoins son responsables, a su vez, de validar las transacciones de Bitcoins que se producen entre la gente. Los bloques que se minan no son otra cosa que listas de transacciones que deben ser validadas y registradas en el Blockchain (una suerte de libro mayor). Aquí, si observamos hacia atrás, observamos un cambio que transforma lo jerárquico en circular. El minero de Gérminal es la representación absoluta de la pobreza. Ni siquiera unidos logran vencer o contrarrestar las fuerzas del capital. En cambio, en el ámbito de la criptomoneda el minero -efectivamente hay personas detrás de esa tenebrosa imagen- el minero tiene un poder destacado y determinante. Dice el diccionario de símbolos de Cirlot acerca de lo circular: «unidad interna de la materia y de la armonía universal, según los alquimistas. En virtud de su movimiento, tanto como de su forma, el giro circular tiene además la significación de algo que pone en juego, activa y vivifica todas las fuerzas establecidas a lo largo del proceso en cuestión, para incorporarlas a su marcha y, en consecuencia, de los contrarios de la clase que fueran». Muchos resumen todo este asunto en especulación. Yo no quiero confirmar si tal cosa es así; lo que quiero es comprender la diferencia en el método.

De tal manera, regreso al terreno oscuro de la biografía práctica, transferí parte de los Bitcoins de Poloniex a un servicio de minado en la nube de Bitcoins llamado Hashflare. En esta página se contrata capacidad de computación para minar diversas cryptomonedas. En última instancia, lo que se contrata es potencia eléctrica, que servirá para alimentar a los procesadores. Aquí vemos el coste en energía eléctrica del minado de Bitcoins en Estados Unidos -Lousiana, el estado más barato:

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También existe una versión doméstica de la minería, con lo cual el propio espectro de lo mineros se establece en jerarquías de poder. Uno mismo, en casa, puede habilitar una estación de minado y convertirse en un agente pequeño. Como tal, no tendrá incidencia frente a los agentes de Cloud Mining, a menos que se presupongan movimientos coordinados de masas en su conducta (posiblemente a través de Reddit). Para habilitar una estación de minado en casa lo único que hace falta es dinero, y confianza en las criptomonedas, claro.

Innumerables analistas, curiosamente pertenecientes a la prensa más cercana a la bolsa y los mercados financieros, dicen que el Bitcoin es una burbuja varias veces superior a la dramática burbuja de los tulipanes de 1620-23, en esencia, la mayor que se recuerda, si descontamos la actual burbuja de los mercados financieros, claro -cosa que no mencionan. Pero el objeto de esta investigación, repito, no es confirmar o desmentir este aspecto: no lo podemos saber con certidumbre, pero la ley es que todo lo que sube, también baja. Lo que nos interesa, repito, es el método. De acuerdo con el método de minería que aquí hemos expuesto, se concluye: la naturaleza de burbuja del Bitcoin puede ser cierta, pero no será de la misma naturaleza. Su fundamento, en última instancia, no es el precio. Detrás de esta moneda no hay nada y eso es una evidencia nunca negada. Sin embargo, estudiando detenidamente las fluctuaciones del valor del Bitcoin observamos cómo, de pronto, se establece como fundamento la efectividad de los mineros y no tanto el precio u otras posibles referencias del mismo. En oscilaciones señaladas ha sido la ineficiencia de los mineros en el proceso de bloques lo que ha causado una pérdida de confianza en los inversores. Es decir, aunque como el resto de monedas, el Bitcoin se asienta en la confianza, esta no depende de los mismos parámetros. Aquello que potencialmente podría revelar la burbuja es, en esencia, distinto: un posible fallo tecnológico. Entramos en mundos desconocidos. Mañana, 28 de diciembre, se pondrá en marcha la bifurcación SegWit2 a partir del bloque 501451 de minado de Bitcoins. Una bifurcación dura implica la creación de variantes del Bitcoin más efectivas tecnológicamente para operar en algunos nichos. El objetivo de las bifurcaciones duras es precisamente incrementar la confianza de los inversores en la moneda con nuevas prestaciones tecnológicas. Me decía un amigo hace unos días: menudos rizomas.

El resto de criptomonedas adquieren sentido a partir de este fundamento: su tecnología.  El el vasto, volátil y desquiciado mercado de alcoins (criptomonedas secundarias), encontramos multitud de productos de fiabilidad variable. Hay incluso proyectos que se declaran utópicos, como la criptomoneda Horizon State, especializada en ofrecer transacciones encriptadas en referendums, o Petro, la criptomoneda Venezolana en el nicho del petróleo con la que se espera combatir la hiperinflación del país. A su vez hay pools de minado de estas otras monedas, la industria florece, las vetas se abren y los mineros saludan con sus cascos de protección ya innecesarios.

Cuando penetro en estos mundos y luego vuelvo, por ejemplo, a Facebook, donde los temas son otros, siempre termino por pensar de alguna forma en las palabras de Zizek en Acontecimiento: «La libertad de elección que se nos ha impuesto es falsa, es la forma misma de nuestra esclavitud».

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