Tasa de rebote y locura

tasa de rebote

La tasa de rebote es el verdadero misterio de Google Analytics. Este dato señala qué porcentaje de usuarios entra en una web y sale de ella sin haber hecho nada. No se detecta scroll ni permanencia en el sitio, nada de nada: la puesta en escena de un tropismo que no debería haberse realizado. Por lo tanto, una alta tasa de rebote indica un alto índice de visitas de mala calidad. De acuerdo con esta afirmación, si nos atenemos a las estadísticas generales, observaremos cómo en Internet predominan las visitas de baja calidad: en un blog de contenido considerado -por Google- de calidad, una tasa de rebote aceptable rondaría el 60%. De cada 10 visitas, 6 habrían llegado para marcharse a continuación. En páginas comerciales la tasa de rebote puede ascender hasta el 85% /90% sin problemas.

Apunte psicológico asociado: Un día, en el metro, observé a un chico de mi edad mientras interactuaba con el móvil. Por momentos, nada raro: conversación ilegible de Whatsapp a base, principalmente, de emoticonos. Pero entonces, un cambio: en el proceder del chico, de alguna manera, una disfunción, un bug: el muchacho salió de la conversación de Whatsapp y empezó a hacer scroll. Ese scroll subía y bajaba por la lista de conversaciones. De vez en cuando, el scroll se detenía, y entrábamos en una conversación para, de inmediato, salir de ella. La combinación scroll – entrar en conversación – salir de ella, cuya sustancia mental sólo puede corresponder a la pura pulsión, adquirió una velocidad absurda, el muchacho parecía absorto en alguna imposible búsqueda de algo, y no levantó la vista del móvil hasta que, en una parada, una tromba de gente lo molestó físicamente.

Ahora que mis viajes en metro son más frecuente y mi observación se ha ampliado, puedo confirmar que he observado esa conducta en más personas -sin distinción de género, edad, etc-. Yo mismo me he sorprendido a veces en el bucle, con lo cual considero irrefutable que ese patrón existe, y se está extendiendo.

Esta conducta puede verse reflejada en la tasa de rebote, pues la tasa de rebote mide exactamente lo observado: alguien que entra en un sitio para a continuación salir de él sin haber hecho nada, para a continuación entrar en otro sin hacer, a su vez, nada, y así sucesivamente hasta por fin encontrar un remanso flotante que es, a su vez, una escapatoria (lo que en programación C# se conoce como un break, una salida para un programa en bucle).

En este artículo, de la manera más fría e impersonal, analizaré la tasa de rebote de esta misma web. Ya adelanto que los datos son dramáticos. El análisis se ha realizado cruzando datos de Analytics con Facebook en directo, de manera que una cifra en principio anónima, la tasa de rebote, aquí ha dejado de serlo. Naturalmente, mantendré en todo el tiempo la privacidad de los usuarios sujetos a estudio.

Tasa de rebote en un efecto viral

Empecemos analizando una entrada que compartí en agosto de 2017. Se trataba de un artículo que denunciaba un impago por parte de una editorial. La naturaleza reivindicativa del artículo y su carácter experimental (se pretendía atacar con posicionamiento SEO palabras clave de la editorial que no me había pagado) produjo un efecto viral cuando lo compartí en Facebook.

En tres días, a raíz de la viralización en la red social, la entrada obtuvo estos datos:

tasa de rebote facebook

973 visitas con una tasa de rebote del 89,52%. Es decir, de 973 personas que entraron en el artículo en cuestión, sólo 101 pasaron del titular. A partir de aquí, deberíamos analizar caso por caso, pero la cifra “duración media de la sesión” (44 segundos) nos permite suponer que más de la mitad de esos 101 no leyeron el artículo. De unas 973 visitas, podríamos estar casi seguros de que 930 fueron inútiles tanto para el visitante como para el visitado.

En Facebook, el artículo se compartió 14 veces y recibió en torno a los 260 likes.

Tasa de rebote en artículos no virales

Por lo general, los artículos que publico tienen poca trascendencia. Observemos qué ocurre en el nivel más pequeño de Facebook. Cuando no se produce viralización, lo que estamos analizando es, esencialmente, la conducta de mis amigos próximos (en Facebook y según su algoritmo). Algunos ejemplos con resultados que, particularmente, me inquietan. En todo caso, muestran un patrón distinto al viral. Se ponen en juego los pesos de las interrelaciones más próximas:

  • Esta entrada dedicada al lenguaje de programación C# recibe en Facebook 34 me gusta. En Analytics vemos que esos 34 me gusta ha dado como resultado 22 visitas en la web. El procentaje de rebote de esas 22 visitas es del 83,89%, y la duración media de la visita 1:32. Puedo inferir que, en esencia, de todos los que se han manifestado tan sólo 3,5 personas han leído el artículo entero.
  • En esta reseña de un cómic de un amigo, tanto mi post en Facebook como el suyo generaron un total de 60 me gusta. En Analytics vemos que se recibieron 71 visitas de Facebook con una tasa de rebote del 78% pero, felizmente, una duración media en el sitio de 3:50 minutos. 8,52 personas de 71 leyeron el texto de manera más o menos íntegra.

Si cotejo estos datos con otros extraídos azarosamente de los cerca de 40 dominios a los que tengo acceso (pues parte de mi trabajo tiene que ver efectivamente con Internet), compruebo que los resultados son parecidos o peores (sobre todo en las páginas que “quieren vender algo”).

Puesto que, en alguna medida, pienso que la escritura es mi principal virtud, no puedo congratularme por los resultados que observo, pues más del 90% de visitas que recibo vía tráfico social (incluso cuando sólo se trata de amigos o conocidos) no leen en absoluto lo escrito. Uno, por supuesto, no claudica, pues ya ha aceptado que el fracaso es también una forma de acceder a nuevos impulsos. Pero lo que no puedo evitar es la inquietud que suscita esta preponderancia general de tasas de rebote superiores al 70%, dato constante que nunca es afectado por el contenido (es decir, un contenido superior, incluso un contenido perfectamente pensado para la psicología del lector en Internet, mantendría tasas similares).

No me imagino, en la calle, que el 70% de las acciones de las personas empezaran a consistir en “entrar y salir de panaderías sin siquiera mirar el escaparate”, gente entrando por la puerta de un bar y saliendo por la ventana sin haber percibido al camarero, barrenderos que recogieran las hojas otoñales para seguidamente volver a esparcirlas a sus espaldas, y toda una sucesión de bucles que, de darse manifiestamente en el mundo físico, quebrarían su integridad simbólica.

Por eso se dan, sin freno, en Internet, el espacio abierto y anónimo (no tanto, no os lo creáis) para la pulsión.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *