VÍCTOR BALCELLS MATASObras e investigaciones
5 de mayo de 2023

Un caso de paranoia a través de la biografía de Lacan, por Elisabeth Roudinesco

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I.

Nos acercaremos en este vídeo a un caso de psicosis paranoica analizado por Lacan a través de los ojos de su biógrafa, Elizabeth Roudinesco, en este libro “Jacques Lacan, esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento”. Esto nos permitirá:

1. Conocer un caso de psicosis paranoica encarnado en una mujer con pretensiones de ser escritora (por lo que el perfil, más allá del género, interesa a muchos de los usuarios de este canal, interesados en literatura). Se trata de la historia de Marguerite Pantaine, de apodo, en adelante, Aimee (así es como la llama Lacan en su escrito). El suceso de partida es el siguiente: el 18 de abril de 1931 a las 20:30 horas, Marguerite Pantaine, de treinta y ocho años de edad, sacó de su bolso un cuchillo de cocina e intentó asesinar a la actriz Huguette Duflos a su llegada al teatro Saint- Georges, donde la actriz debía interpretar un papel principal en una comedia titulada “Todo va bien”.

2. Conoceremos este caso a través de los ojos femeninos de Roudinesco y no de Lacan. Con esta perspectiva reconstruiremos la historia de Marguerite Pantaine, de apodo Aimée, y ofreceremos una perspectiva aérea del caso y de cómo Lacan se aproximó a él, errores que pudo haber cometido y aciertos.

No en vano este texto marca el inicio de Lacan en el psicoanálisis teórico, y se convirtió en texto fundamental en años posteriores sobre la clínica de la paranoia. La paranoia nos interesa porque es un fenómeno que en mayor o menos medida todos hemos podido experimentar. Nos interesa, también, porque Aimée quería ser escritora y estaba frustrada al respecto.

La cuestión es que la noche del 18 de abril de 1931, en el teatro Saint-Georges, se declaró la locura de Aimée. Tras intentar acuchillar a la actriz Huguette Duflos, con quien no tenía ningún vínculo, fue enviada a comisaría, luego a la enfermería especial y finalmente a la cárcel de mujeres de Saint-Lazare, donde estuvo sumida en el delirio durante veinte días. El 3 de junio de 1931 fue internada en la clínica del asilo Sainte-Anne con el siguiente informe de peritaje, extendido por un tal doctor Truelle: “delirio sistemático de persecución a base de interpretación con tendencias megalomaníacas y sustrato erotomaníaco”.

Al día siguiente del suceso los periódicos hablan de una mujer que había perdido la cabeza a fuerza de leer novelas y de tratar de publicar las suyas. Hasta ese momento, a pesar de sus pretensiones literarias, se ganaba la vida trabajando en la oficina de cheques postales, un empleo administrativo. Nada explicaba en apariencia por qué había cometido tal intento de asesinato.

El 18 de junio de 1931 Lacan entró en contacto con Marguerite y estuvo cerca de ella un año analizando su caso. Hay que especificar aquí que Lacan, durante ese año, no la trató, sino que estudió el caso. No efectuó ninguna práctica clínica, tarea que realizaron otros. Veremos luego cómo Lacan, al escribir el caso, según Roudinesco, proyecta su propia representación de la locura y sus propias obsesiones familiares y fantasmáticas. Aunque la tesis teórica de Lacan tenga valor, veremos cómo fue tendencioso a la hora de comprender a esa persona, Marguerite Pantaine, conocida en la literatura como Aimee.

II El caso, que nos permitirá comprender el origen de la paranoia

El 19 de octubre de 1885, En Mauriac, centro sur de Francia, Jean Baptiste Pantaine y Jeane Anna Donnadieu concibieron a una niña a la que llamaron Marguerite. Después de ella, nacieron otros dos hermanos. Marguerite Pantaine. Esta niña murió murió cinco años después al incendiarse su vestido por culpa de una chimenea.

El 4 de julio de 1892 nacía una segunda niña, a la que llamaron también -este dato es importante- Marguerite Pantaine. Roudinesco dice “nacía la segunda Marguerite Pantaine”. En esencia, la niña nació con el fantasma de su hermana muerta encima, de mismo nombre.

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Marguerite creció en un entorno rural, algo aislada, lo cual favoreció un carácter soñador y solitario. Se decía de la madre, Anna Donnadieu, que estaba un poco loca, que “sus inquietudes tenían tendencia a transformarse en sospecha”. Esta madre tenía a menudo el sentimiento de ser espiada o perseguida. No la conocemos pero lo que se relata de ella es que era una paranoica. Tuvo otros tres hijos y quedó desfallecida.

Con el desfallecimiento de la madre asumió el cargo de la casa la hermana de Marguerite, otro personaje importante, Élise Pantaine. Esta hermana se casó en 1906 y Marguerite, marchó con ella. Sabemos que aunque era buena estudiante, Marguerite dejó los estudios y entró en la administración de correos. Tuvo un amor con un, dice Roudinesco, “Don Juan local”, un romance con los rasgos clásicos de la ceguera que duró tres años. Después “el amor se convirtió en odio”.

Marguerite, trasladada a la adminsitración de correos de Melun en 1913, cayó en una nueva pasión, esta vez por una mujer, la señorita de C. De N. Mujer de descendencia noble, intrigante y refinada, decía Lacan, aunque trabajaba en correos como Marguerite se sentía por encima de todo el mundo. Por boca de esa mujer oyó hablar por primera vez de Huguette Duflos, la actriz a la que años después apuñalaría, o Sarah Bernhardt entre otras, a las que la mujer decía haber conocido. La relación con esta mujer fascinante que parecía haber descendido de otro nivel duró cuatro años, hasta que de pronto desapareció.

En 197 se casó con René Anzieu, hijo de panadero. Eran dos personalidades completamente distintas. Él deportivo, ponderado, pragmático, sencillo. La propia familia de Marguerite se opuso al matrimonio aduciendo que ella no estaba preparada para tener esposo dada su “lentitud innegable, su gusto extremo por la ensoñación, su propensión a la lectura”. Todo eso la hacía inepta para el matrimonio, decía su familia. Pero se casó. Y al poco tiempo se reveló la diferencia. Él no soportaba que ella pasara el tiempo leyendo y aprendiendo lenguas y ella no aguantaba su desinterés por todo lo que tenía que ver con ella. Sexualmente, no funcionaban bien. Se preveía el desastre.

Sin embargo, ocurrió algo. Su hermana, Élise, enviudó y se trasladó a vivir con el matrimonio. Allí, tal y como hizo en la casa de la madre, tomó las riendas de la casa dada la inoperancia de Marguerite (algo que la hermana le reprochaba todo el tiempo) y eso provocó mayor separación con el marido y con la propia hermana, que ocupaba su lugar simbólicamente como “esposa” según lo esperado en esa época. “Aunque se sentía humillada por esa hermana intrusa que la abrumaba de reproches, Marguerite se dejó dominar por ella como se había dejado dominar por la intrigante empleada de correos años atrás”.

En 1921 queda embarazada. Pero acompañado a ese suceso feliz ocurre un cambio en la mente de Marguerite: empieza a creer que en el trabajo todos hablan mal de ella. Incluso empieza a reconocer alusiones veladas dirigidas a ella en los periódicos. Estos desajustes en la mente de Marguerite fueron en aumento durante el embarazo. Un día le tiró una plancha al marido, otro día reventó a cuchilladas las ruedas de una bici de un colega de trabajo.

En marzo de 1922 dio a luz a una niña, muerta desde el nacimiento, asfixiada en su propio cordón umbilical. Ese día apareció su antigua colega misteriosa en llamada telefónica y con descaro la acusó de ser culpable de la muerte de la hija, cosa que sumió a Marguerite en un encierro y mutismo. Volvió a quedar embarazada con el mismo desarrollo de paranoias durante el proceso. Esta vez, en 1923 nació un hijo.

Aquí Roudinesco rescata unas palabras del hijo, ya mayor, en torno a su Madre, Marguerite: “Esa hermana desaparecida que había marcado el primer fracaso de mi padre y mi madre siguió en sus pensamientos y palabras mucho tiempo. Yo era el segundo, al que había que vigilar y cuidar tanto más para evitar el destino de la primera”. Nótese aquí que la propia Marguerite tenía una hermana muerta, en este caso de mismo nombre, que le supuso un peso. Parece un caso de repetición transgeneracional, muy misterioso (o no)

Qué ocurre con el hijo: los primeros meses Marguerite lo sobre protege. Por ejemplo ante el frío lo cubre con capas de ropa, él muchos años después recuerda que se sentía ahogado como el cogollo de una cebolla. Paranoia respecto a peligros inventados que pudiera sufrir el niño. Sus delirios y ambiciones literarias empezaron a formarse aquí, dimitió de su empleo de correos, se sacó el pasaporte para marchar a estados unidos donde iniciar una nueva carrera. Todos esos sucesos encadenados fueron vistos como inicio de locura y acabó internada y separada de su hijo en una clínica.

En la clínica acabó de perder contacto con la realidad. A los seis meses fue liberada, volvió a tomar a su cargo al hijo y terminó abandonando en 1925 a la familia para partir hacia París, donde seguiría trabajando otra vez en correos, pero donde podría estar cerca de la vida literaria a la que aspiraba. Así empezó una doble vida entre lo real (trabajo en correos normal) y lo delirado (carrera literaria triunfante, ella comprendida por el público). Cuando salía de las oficinas de correos se convertía en una intelectual, iba a los cafés, tomaba lecciones particulares, asistía a tertulias con otros escritores. Fue en ese entorno donde oyó hablar de nuevo de Huguette Duflos. Conectando ese nombre con la antigua amiga intrigante a la que había deseado en el pasado, empezó a obsesionarse con Duflos. Armó un delirio según el cual Duflos conocía a Marguerite y le guardaba rencor. Se imaginó que se conocían y que eran rivales. Le ocurrió lo mismo con otras dos artistas: Colette y Sarah Bernhardt. No las conocía de nada pero se identificaba con ellas, a pesar de que en ningún caso ella hubiera sido reconocida como artista. Las consideró, como Duflos, perseguidoras de su persona, creía que esas mujeres famosas estaban contra ella.

Aquí Roudinesco analiza las lecturas de Marguerite, en concreto su pasión por las novelas de Pierre Benoit, cuyas tramas simbólicamente simétricas con todo lo que hemos contado hasta ahora, avivaron su paranoia y delirio contra esas artistas famosas.

En agosto de 1930, ocho meses antes del atentado, redactó una tras otra dos novelas y las mandó copiar a máquina.

La primera, Le detracteur, estaba dedicada al príncipe de Gales y contaba la vida idealizada de una campesina, Aimée, y su amor por un campesino, David. Aquí Roudinesco analiza cómo la ficción de Marguerite disfraza su propia locura, en un análisis brillante de lo que es realmente la literatura autobiográfica genuina:

“Una heroina en busca de amor que llevaba un nombre sacado de los relatos de Pierre Benoit, escritor admirado, una cortesana en la que se reconocía a la mujer célebre, condenada y adulada, un detractor que complotaba y una familia destruida por la pareja maldita”, elementos clave de la novela. La otra novela tiene una estructura parecida.

Ambas novelas fueron rechazadas por el comité de lectura de la librería Flammarion, cosa que enfureció a Marguerite, quien naturalmente ya soñaba su éxito y que se iba a codear con las grandes enemigas/admiradas Coletter, Duflos, etc… Aquí se hizo una brecha y sus esperanzas se hundieron. Entró en el delirio que la llevaría meses después a irrumpir en el teatro para apuñalar a su supuesta enemiga la actriz Duflos.

El análisis de Lacan

Este es en resumen del caso por parte de Lacan tras los primeros quince días de conversación con Marguerite / Aimée: “Psicosis paranoica. Delirio reciente que desembocó en tentativa de homicidio. Temas aparentemente resueltos después del acto. Estado oniroide. Interpretaciones significativas, extensivas y concéntricas, agrupadas alrededor de una idea prevalente: amenazas a su hijo. Sistema pasional: debe cumplir para con este último. Impulsos polimórficos dictados por la angustia.

Roudinesco, en este libro, reconstruye el caso de Marguerite con fuentes alternativas y dedica el capítulo 4 al trabajo de Lacan con el caso. Ahí destaca varias cosas que considero importantes, y con esto vamos cerrando este vídeo (como invitación a leer esta magnífica biografía de la vida de Lacan, personaje donde los haya)

-Lacan utilizó durante un año todos los medios de que disponía para reconstruir un caso de paranoia de autocastigo, el caso que hemos relatado de Marguerite. La mujer, que había fallado al cometer el crimen presentaba signos de paranoia y a la vez se sentía perseguida y tenía erotomanía y megalomanía hacia su propia figura.

Dice Roudinesco que Lacan pasó por la paciente sin tratar de escuchar nunca otra verdad que no fuera la verdad que confirmaba sus hipótesis. No la trató, tampoco la ayudó. Ella misma, Marguerite, dijo de Lacan que le parecía demasiado payaso y seductor como para confiar en él .

El texto que publicó Lacan deforma la historia original que aquí hemos contado, la literaturiza en cierto sentido y resulta difícil qué es una deformación intencionada y qué es un error real de Lacan cometido para sus fines teóricos. La clave es que este texto tiene importancia, más allá de los errores, porque Lacan abandona su faceta como doctor, se desvía de la causa orgánica como causa principal de la locura (en este caso la paranoia) y entrábamos en el terreno del psicoanálisis, donde la simbología de las vivencias explica la naturaleza de la locura, como hemos visto.

Le interesa a Rudinesco, psicoanalsta a su vez, y de gran inteligencia, reflexionar sobre por qué a Lacan le interesó este caso. Dice: “Era preciso que la paranoia fuera femenina para que Lacan pudiese contemplar, en el espejo que le tendía Marguerite Aimee, una imagen invertida de su propio universo familiar: un universo donde reinaba la aparente normalidad pero se escondía también la locura. Es decir, que había un interés propio en Lacan por este paciente, simbólicamente también isomórfico, lo cual me parece un hallazgo de la biógrafa. Lacan, prepotente desde niño y sin duda megalómano.

Acerca de la paranoia, Lacan demostró que la significación inconsciente del motivo paranoico aparecía en un mecanismo de delirio entre dos, en el que la hermana mayor “Elise” sustituía a la madre, después, que la paranoia de Marguerite surgía con el primer hijo y finalmente que la erotomanía estaba ligada a una homosexualidad reprimida (cosa que, por cierto, comentamos en un vídeo sobre paranoia y gangstalking en reddit. En este sentido, poco a poco vamos trazando vínculos entre vídeos aparentemente multitema).

Por un lado, dice Roudinesco, Aimee se apegaba a las mujeres célebres porque estas representaban su ideal del yo; por otro se prendaba del principe de Gales y le enviaba sus novelas para satisfacer su rechazo de las relaciones heterosexuales y para desconocer las pulsiones experimentadas hacia su propio sexo. Al herir a la actriz hería, pues, a su propio ideal. Por eso Paranoia de autocastigo.

RESEÑA DE LIBROYOUTUBE

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