lo irregular critica literaria

Un breve apunte interdisciplinar. Empecemos por algo que me molesta: leer la reseña de un libro, una película u otra clase de manifestación artística, y encontrar el adjetivo “irregular”. Si hacemos un breve experimento y buscamos en Google “Babelia ‘irregular’”, o bien “El Cultural ‘irregular’”, tendremos acceso a una cantidad notoria de textos (principalmente críticas literarias) que utilizan siempre la palabra “irregular” de forma negativa. Se dice “una novela irregular”, a secas -sin precisión acerca de la presunta irregularidad- para señalar una carencia en su estructura, tempo y ritmo con respecto, se entiende o se supone, un modelo exterior o ideal. El mismo tipo de expresión también es habitual en otras disciplinas de creación. Se puede decir que, entre el gremio de críticos (y literatos), “irregular” es un término que en la práctica totalidad de las veces se entiende de forma restrictiva.

Aquí un pequeño razonamiento para aquellos que abusan del término “irregular” a secas, sin especificar en una cláusulas subsiguientes, qué tipo de irregularidad.

En primer lugar, debemos centrarnos en la idea de “medida”. Me interesa la visión de medida de los griegos. Entonces la medida no se consideraba en un sentido moderno como una suerte de comparación entre un objeto y su patrón externo. Existía, en cambio, una noción de medida interna cuyo referente era, en todo caso, uno mismo. Así, un exceso, un patrón de irregularidad, podía considerarse como una ruptura de la armonía según la medida interna. La relación antigua entre medida y armonía interna está clara si nos fijamos en la raíz de la palabra latina mederi, “curar”, basada a su vez en la raíz indoeuropea “med-”, que implica reflexión ponderada, de la cual deriva el propio término “medida”. Puesto que creo en la literatura como un modo de expresión personal y no como un sistema rígido de reglas y cánones exteriores (ver escuelas de escritura, guiones, etc), no puedo creer en un criterio de irregularidad absoluto tal y como se considera en los suplementos culturales.

En segundo lugar, suponiendo que pudiera existir un criterio de irregularidad, este no podría ser absoluto tal y como se plantea en la mayoría de textos críticos. Es decir, no se puede utilizar con sentido el término “irregular” a secas y sin matizaciones. Esta afirmación se sostiene en el siguiente razonamiento: en física clásica, encontrar un patrón de orden implica “prestar atención a las diferencias similares y a las similaridades diferentes”. Para ilustrar esto, tomamos en primer lugar una línea recta partida en segmentos iguales A, B, C, D, E. Como está partida en segmentos iguales podemos decir:

A:B::B:C::C:D:E

Esta expresión, ratio o razón, define una curva de primera clase. Con primera clase definimos toda curva que sólo tiene una diferencia independiente (segmentos iguales).

Ahora, si tomamos un círculo y lo conceptualizamos como un conjunto de líneas rectas, vemos que tiene dos diferencias independientes: la dirección y la posición. Esto nos ofrece una curva de segunda clase. La hélice, a su vez, sería una curva de tercera clase. Pero tanto la línea recta, como el círculo como la hélice estarían determinadas por una sola ratio esencial: A:B::B:C.

Una breve reflexión en torno a las posibilidades combinatorias de las curvas de diferente nivel, arroja la imagen mental del orden mucho más profunda: podríamos mantener un mismo ratio y ejecutar curvas de diferente nivel que dieran una “apariencia” de desorden (aparente al tener el mismo ratio). Esto ocurre al hablar de líneas, círculos y hélices en su imagen conceptual. Si nos acercamos a una obra literaria, encontramos algo muy parecido. Aunque en la obra literaria no sean aplicables ratios matemáticos exactos, sí se puede hacer intuitivamente un esquema estructural de partes. En dicho esquema encontraremos, en todo caso, órdenes, como mínimo, en varios niveles distintos, siendo esta disposición jerárquica y extensiva clave: una obra literaria siempre será irregular. Habrá que especificar, pues, en qué consiste esta irregularidad y cómo funciona en la personal noción de orden de cada pieza. Ese es el reto del crítico. Y en todo caso, parece evidente que carece de sentido decir “es una novela irregular” y punto. No significa nada y sólo aporta un matiz negativo gratuito (por esa noción de supuesta regularidad o canon exterior) impropio de una crítica que se pretenda rigurosa.

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