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“Exococina”, de Óliver Mancebo. Compartir mantel con la otredad

A los catorce años, vi con mis compañeros de clase un ovni en el barrio de Sarriá. Disputábamos un partido de fútbol sala en el liceo, ya había anochecido. Sillari conducía el balón en la medular. Mancuso y yo corríamos por las bandas para coger a la defensa al contragolpe. Esperábamos un pase en profundidad. Pero el pase en profundidad no llegó. Así lo percibí desde la banda: la tensión del juego se deshizo cuando alguien gritó “¡Mirad al cielo!”. La pelota pareció despegarse de los pies de Sillari y rodó solitaria por la frontal. Allí, entre las nubes, había aparecido una luz fluorescente verde con forma de S, en torno a la cual rotaban pequeñas luminarias amarillas. A pesar de que el professor Infurna dijera en un acto de fiero -tal vez salvaje- realismo que eran “las luces de una discoteca”, resultaba obvio que aquello era una nave espacial. Permaneció en el cielo unos cuarenta minutos. Terminó el partido y ya fuera del liceo, en la parada del autobús, seguimos viéndola. Las abuelas escandalizadas agitaban los bolsos en una mano y la tarjeta del transporte público en otra con el rictus vuelto hacia la nave. En ese rato, se hicieron hipótesis y conjeturas. Hablaron supuestos conocedores de las ciencias físicas y de la metafísica, expertos en geopolítica, sociología, psicología exoterrestre. Pero nadie habló de cocina. Qué iban a comer los habitantes de la luz verde. Qué clase de proteínas misteriosas y musgos acaso ingerían, o bien inhalaban, absorbían por el sonido, la luz, el color, esos seres. Qué íbamos a ofrecerles en el caso de que decidieran descender allí mismo, por ejemplo, en la concurrida cabecera de la línea 34, parada de autobús llena de abuelas, carricoches, hombres con brillos raros en las gafas.

exococina mancebia postigo

Exococina, de Óliver Mancebo, es el primer libro -que yo sepa- que se acerca al tema de la cocina extraterrestre. Dicho concepto se configura de forma tripartita: por un lado tenemos una historia humana de la cocina en el espacio (en el ámbito de la carrera espacial), por otro una historia de la cocina extraterrestre en la imaginación -cine, novelas, etc-, y por último, a modo de bisagra entre las dos, una perspectiva daimónica de la cocina extraterrestre, donde se entiende por daimónico aquello que simboliza nuestra relación con lo numinoso. La exococina representa, pues, el espectro completo del entendimiento humano. Tenemos ya a astronautas que comen comida hecha para el espacio, y al mismo tiempo se muestra como algo intangible, pero posible, por lo que merece la pena especular: el alimento que nos lleva a ver “estraterrestres” (el peyote, por ejemplo), y la comida de esos mismos extraterrestres, ya sean sólo símbolo y reflejo de nuestro inconsciente, pura imaginación o realidad consumada (como en el caso de Joe Simonton relatado en el libro). Aunque sí es preciso en la corta historia humana de la exococina -con claroscuros de feliz especulación literaria-, el libro no tiene vocación enciclopédica, pues pretende sentar las bases de una ramificación de la ciencia antropológica. Es, pues, un libro abierto en el que cabe tanto la especulación como la rigurosa documentación histórica.

Por otro lado, está claro que Exococina debe leerse en clave irónica. El narrador, festivo en su manejo de la semántica y constructor de intrincada sintaxis, da a entender que estamos ante un manifiesto inaugural, fruto de una diletancia, y no antet una tesis científica. La propia cubierta es prueba de ello, y además nos remite a un cuarto campo posible de la exococina en su subtítulo: cómo recibir a las visitas: la comida para el desconocido real, el forastero de carne y hueso.

Una breve exploración por internet me ha llevado a una base de datos acerca de comida y ciencia ficción. La dejo aquí como complemento para quien se inicie en la lectura de Exococina, que actualmente, según creo, puede encontrarse en ferias editoriales independientes o de fanzines, o bien en la web de la editorial, Mancebía Postigo

La propia editorial, de hecho, merece una mención aparte. Bajo el lema de “apropiacionismo y levitación editorial” ofrecen tiradas limitadas y hechas a mano de un reducido y curioso catálogo que combina el papel con otros medios. Me llamó la atención. Además del libro que comentamos, tienen otros dos: una publicación llamada Recetario sónico popular, que enlaza con el tema de la cocina. El libro en verdad contiene un audio que reproduce grabaciones de personas cocinando recetas clásicas de galicia. Lo que se captura es el sonido del acto de cocinar lo tradicional. En este sentido, es una nueva e interesante aproximación a un tema tan sobado hoy en día como es el de la cocina.

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El tercer libro del catálogo de Mancebía Postigo (por el momento cuentan también con arte sonoro y pequeñas películas, una de ellas relacionada con la cocina), es Pensadores Bailando, un juego oulipiano en el que conforman textos, a modo de baile, a partir de la mezcla inverosímil de dos pensadores. En suma, detalles de coleccionista que merece la pena descubrir. El proyecto, por cierto, lo llevan Marta Postigo y Óliver Mancebo, y ellos mismos son los autores de los libros y sus propios productores.

 

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