libros noviembre 2017

Esta página tiene un ritmo de publicaciones inconstante que en ningún caso me favorece. La gran ventaja de los períodos de silencio, es que sólo deja a los prístinos y originales lectores inmemoriales, el núcleo duro, y uno en consecuencia puede actuar con mayor libertad. Ahora, pasado este mes de silencio en el que percibí, precisamente, falta de libertad -y por eso guardé silencio-, regreso con cautela al escenario. Y lo quiero hacer con un recuento general de las lecturas de los meses de octubre y noviembre de 2017. Curiosa la extraña y no buscada coherencia temática y de contenido.

Realidad y juego, D. W. Winnicott

El psicoanálisis no vive su mejor momento. Pero cada vez que entro en una librería busco si hay sección de psicoanálisis. Algunos autores tienen un poder imaginativo que reclamo y exijo como lector, y que muy pocas veces obtengo en otras materias. Es notorio entre mis amigos que me gusta mucho Jung. Aunque reconozco en él claras deficiencias conceptuales que me han llevado a considerarlo más literatura que ensayo, todavía creo en determinados fundamentos de su concepción del inconsciente. Sabiendo de mi inclinación por los psicoanalistas imaginativos, una amiga me recomendó Realidad y juego, de Donald Woods Winnicott. Esta ha sido lectura clave en estos dos meses. En libro se centra en el estudio de los primeros objetos del niño, véase el osito de peluche, o previamente, el objeto primero: el pecho de la madre. La traducción es escandalosa y en ocasiones no se comprenden las frases, pero lo que viene a decir Winnicott a través de casos y especulaciones es: En la relación con el objeto primero, en la fundación del concepto de otro para nosotros y en su asentamiento, residen las condiciones y potencialidades posteriores para la locura o el equilibrio. Hay pasajes donde el propio autor se declara extraviado en la loca imaginación. Al concluir el libro: graves reflexiones durante días. Muy recomendable.

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Teoría del sujeto, de Alain Badiou

Difícil es decir si he entendido bien este libro. Diría que en abstracto entiendo el mecanismo para la dialéctica que propone Badiou. En todo caso, gran literatura. Con títulos de capítulo cómo “De la fuerza como desaparición, cuyo efecto es el Todo donde ha desaparecido”, uno ya queda irradiado de niveles de pensamiento y abstracción delirante. Leí este libro fundamentalmente en el metro y enajenado. Explica bien la dialéctica según Hegel, Marx y Lacan, y lo hace a través de ejemplos tan curiosos como un poema de Mallarmé. Lo uno, el dos, cómo de lo uno el dos, dónde qué y de qué manera el sujeto en todo ello. Tiene un estilo rápido, con mucho punto aparte y giros efectistas de estilo. Verbosidad animada, gran fuerza cuando se pone sentencioso, por no decir definitiva fuerza noqueadora. En ocasiones, parece burlarse de otros autores, con lo cual: humorístico. También es cierto que el gran estilo que muestran ciertos filósofos franceses e italianos obnubila la claridad de lo que quieren decir. Ahora, como lo leía por puro placer y no debo dar cuenta ante nadie (y cuesta treinta y pico euros), en los momentos de incomprensión total el estilo me sustentaba como la mejor novela de Delillo, y yo tontamente lo celebraba.

teoría del sujeto badiou

Quédate este día y esta noche conmigo, de Belén Gopegui

Mi interés por este libro surgió por el tema del mismo (Google, pero en verdad no es esencialmente Google, ni Internet, como se vende y he comprobado después) y porque varios amigos/as me habían recomendado la lectura de Gopegui. Lo que más me ha gustado: las digresiones, opiniones y reflexiones que expresan los narradores, Mateo y Olga. Hay melancolía en el contenido, y lo más difícil en mi opinión: hay una voz personal en los tramos con vocación ensayística. Lo esencial de las ideas expresadas es reconocible por el lector que sufre en este mundo, pero Gopegui lo dice con destreza magnética -el sonido, el orden, el contrapunto-. Por lo tanto, deleite en el estilo. También hallazgos conceptuales que he celebrado. Lo que no comprendo es el interés que pueden tener las escenificaciones ambientales. En ese aspecto, el contenido es demasiado esquelético y, si uno presta atención al raccord, muy problemático y hasta inverosímil en ocasiones. Sin embargo, he dudado al respecto, pues escuché en la presentación que el título original del libro no iba a ser el que figura (claramente comercial), sino algo que daría sentido a la deficiencia que he percibido: Robot ante un espejo (o algo por el estilo, agradecería confirmación). Si el título hubiese sido, efectivamente, Robot ante un espejo, hubiese considerado esa particularidad de los empalmes atmosféricos algo manifiestamente voluntario y muy inquietante. Es un libro en el que debo pensar mejor y una autora a la que quiero seguir leyendo.

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Acontecimiento, de Slavoj Zizek

Zizek es mucho más comprensible desde todos los puntos de vista. Su misterio no es otro que el misterio de Lacan. Es decir, lo que me fascina de él, además de sus erráticos y lúcidos ejemplos, sus pequeñas verdades, es en última instancia lo que de Lacan hay en él, es decir, Lacan en sí. Por eso, supongo, algunos dicen que Zizek es un gran comentarista, más que propiamente un filósofo. De todas formas, todo esto no es cierto: En tanto que este hombre ha cambiado mi opinión acerca de determinados fundamentos del mundo, es para mí un filósofo, incluso un profeta. aunque falta finalmente una unidad, son necesarios los autores que escriben bien (y están bien traducidos) y que saben poner ejemplos. Estoy de acuerdo con Hegel al destacar la importancia de los resúmenes en filosofía. Acontecimiento, de Zizek, obra en esencia literaria que revuelve el pensamiento. El título designa el tema, desarrollado en capítulos que lo abordan desde diferentes perspectivas filosóficas. De lectura obligada como casi toda la colección de ensayo de Sexto Piso (por lo menos lo leído hasta ahora, placer malayo).

acontecimiento zizek

Agatha, de Pablo Martín Sánchez y Sara Mesa

Mi reciente interés por el arte contemporáneo me ha llevado a desarrollar un interés por los libros que exceden su propio marco. Obras que en su concepto despliegan una subordinación añadida de ramificaciones. En todo caso, obras donde el editor desempeña una función autoral destacada. Este es el caso de Agatha, el último libro de La Uña Rota. La intervención genial del editor: Nathaniel Hawtorne le ofreció a su amigo Hermann Melville, en una serie de cartas, una historia. Esta historia nunca llegó a ser escrita por Melville a pesar de la insistencia de Hawthorne. La Uña Rota recupera esa situación para encargar a dos autores contemporáneos y de la misma generación, Sara Mesa y Pablo Martín Sánchez, la escritura del relato nunca ejecutado por Melville a partir de sus propias poéticas. El libro se convierte en un juego de perspectivas, pues. Sara Mesa adopta el punto de vista de un personaje aparentemente secundario y construye la historia en primera persona a partir de tal sensibilidad. Pablo Martín Sánchez, siguiendo el rastro de autores que combinan ficción y ensayo, se inventa a un narrador que encuentra sorpresivamente el manuscrito original de Agatha escrito por Melville. En este caso, ejercicio oulipiano de reconstrucción e imitación a partir de otras obras de Melville. El libro, en conjunto, exquisito. Podría figurar expuesto en un museo de arte contemporáneo y la gente de tal gremio lo recibiría como lo que es, pieza magnífica, y, seguro, llorarían por su grandeza.

agatha pablo martin sanchez

Introducción a la historia de la filosofía, de Hegel

Hegel es sin duda plomizo, aunque por momentos resulta épico y bíblico. Repite los mismos ejemplos y se resume a sí mismo para decir finalmente lo mismo con otras palabras. Esto es de celebrar porque resulta claro, y por si no te había quedado claro, él ya aclara dos, tres o cuatro veces el mismo aclaramiento. Como tal, la introducción a la historia de la filosofía expone las consideraciones y determinaciones previas que configuran lo que es y lo que no es propiamente filosofía. Se delimita el objeto de la filosofía, en mi opinión con efectividad incontestable. Algo así como el pensamiento que piensa el propio pensamiento. En definitiva, si uno hace los saltos adecuados, el espíritu de Hegel es propiamente cuántico, lo cual me ha agradado notificar. El libro se vuelve francamente divertido cuando Hegel repasa las principales Historias de la filosofía escritas en su siglo. Sin embargo -tono fúnebre.- después de haber leído a diversos filósofos contemporáneos (Derrida, por ejemplo, o el propio Badiou), me ocurre con Hegel lo mismo que con Jung: su pensamiento lo exige, pero ellos no acaban de abandonar en ningún momento el discurso de la razón y la lógica, la referencia final al absoluto, la posibilidad a priori de su desentrañamiento con las herramientas que poseemos (el lenguaje). Pero tampoco se lo exijo, sabiéndolo ya por otros. Libro aclarador: clásico.

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