El tarot creativo | Una guía moderna para una vida inspirada

“Imagina un amor constante”, leí en una pegatina colocada frente a unas escaleras mecánicas. La persona con la que iba se detuvo y se fijó en el mensaje y señaló lo muy bonito que le parecía y me preguntó, mientras mi figura ya se desplazaba por la escalera mecánica, alejándose melancólica de la señal, ¿No es bonito? ¿No te parece bonito? Imagina un amor constante. Uhm. Claro que me parece bonito dije desde la cima de la escalera mecánica, hacia abajo. Pero irrealista en todo caso, añadí enlutado y ya retirándome. Si uno de los rasgos de la realidad es el dinamismo, no puede haber amor constante. Si hubiera amor constante, no habría tarot, tampoco, que es el tema que hoy nos ocupa. El amor constante podría equivaler al amor imaginado del útero, algo que en todo caso está fuera de la vida. El amor inconstante, en cambio, que se transforma en su vibrante tensión con el otro, me parece más realista. El amor que se construye y destruye, que se intensifica, aligera, vuelve, desaparece. Que vive porque tiene contraste. Ese tipo de amor lo pueden representar las cartas. Puesto que las cartas son representantes simbólicas del dinamismo.

El libro que nos ocupa es un acercamiento a la baraja del tarot clásica desde una perspectiva creativa. Es decir, si estás creando una obra de cualquier tipo, este libro te ofrece una lectura de la baraja y sus símbolos en esa clave. Cojamos por ejemplo un arcano mayor que me apasiona, La Torre. Jessa Crispin, la autora, aborda la interpretación de la carta primero por la imagen. En la figura de La Torre lo que se ve es esto:

La imagen, claro está, no es propicia. Hay un rayo y dos figuras caen desde la cima de una torre sólida, pero en llamas. Parece una especie de desastre súbito que sacude tus cimientos. Cuando aparece la carta de la Torre, se señala un derrumbe, el shock previo al inicio del cambio. Ante esta carta, la lectura enfocada en lo creativo señala que la aparición de la torre puede implicar una tragedia, pero también una sacudida que ayude a repensar y reposicionar las cosas. Un acceso a lo nuevo por el camino de la sombra. El consejo de Crispin: una carta liberadora siempre y cuando uno no se aferre a lo que vino antes. Por lo que si estás creando algo, esta carta te invita a hacer borrón y cuenta nueva.

Así, se nos introduce a la lectura del Tarot Creativo. Tiene una vocación de diccionario pero se puede leer de corrido. Además de la interpretación de las cartas, la autor incluye ideas, breves historias o parábolas que ejemplifican: la lectura se hace amena. Hay algunos ejemplos llamativos en la historia de la literatura de autores que, para crear, han recurrido a artes adivinatorias. En su momento me interesó mucho la figura de Philip K. Dick, quien al parecer compuso obras maestras como Ubik guiado tan sólo por lo que le decía el libro adivinatorio I Ching.

Pero, ¿cómo debemos entender las cartas del tarot? ¿Qué es lo que nos dicen y cuál es su verdadera alcance? ¿Cuál es su naturaleza?

Tarot y principio de semejanza

Un principio básico por el que se rige el tarot, completamente distinto al ejercicio determinista vacuo de discernir si el Tarot dice el futuro o si no lo dice, es el principio de semejanza. Debemos acercarnos, aunque sea ligeramente, a los modos de pensamiento que vieron nacer a esta arcana práctica, pues son modos de pensamiento distintos al nuestro, y debemos adoptarlos si queremos que esta práctica nos resulte satisfactoria. Foucault lo explica fácilmente: “¿Qué otra señal hay de que dos cosas están encadenadas entre sí, de no ser que se atraigan recíprocamente, como el sol a la flor del girasol o como el agua al retoño del pepino, sino que hay afinidad y como simpatía entre ellas?”. Algo significa algo en la medida en que tiene semejanza con lo que indica (es decir, una similitud). Pero no es una homología, pues de serlo dejaría de tener entidad propia.

Un ejemplo puede seguir aclarándolo: “Hay una similitud entre la flor del acónito y los ojos. Esta afinidad imprevista, permanecería en las sombras, si no hubiera sobre la planta una signatura, una marca, algo así como una palabra que dice que ella es buena para las enfermedades de los ojos. Este signo es perfectamente legible en sus granos: son pequeños globos oscuros engarzados en películas blancas que figuran, poco más o menos, lo que los párpados son respecto a los ojos”.

Nos quedamos pues, con esto: el signo de la afinidad, lo que la hace visible, es sencillamente la analogía; la cifra de la simpatía reside en la proporción. El conocimiento se produce en el encadenamiento de analogías. Ahora, en este modo de pensamiento las analogías imperan por encima de las taxonomías. Para explicarnos: uno puede tomar como referencia el color amarillo y crear un grupo semántico de cosas amarillas relacionadas entre sí, y por analogía, vincularlas por ese rasgo análogo. Como resultado, tendríamos un conjunto de elementos referenciados al amarillo. En El pensamiento salvaje Levi-Strauss pone algunos ejemplos de cadenas de sentido a través del amarillo en sociedades tribales que lo vinculan con el hígado y su curación, a su vez por analogía (la analogía del amarillo de la piel con problemas de hígado). Esto añade un componente importante que hoy en día manejamos poco en las cadenas taxonómicas lógicas: la imaginación. Por otro lado, debemos añadir otro elemento a este modo de pensamiento por analogía / semejanza. Debemos tener en cuenta la afirmación de Lévy-Bruhl desarrollada en profundidad por diversos autores: “Los primitivos ven con ojos iguales a los nuestros, pero no perciben con las mismas mentes”. Este detalle no es secundario, porque la mente que vio nacer al tarot tenía un modo de funcionamiento muy distinto al nuestro.

El poco conocido Owen Barfield, autor predilecto del poeta T.S. Eliot, realiza una aproximación a ese otro modo de pensamiento a través del estudio filológico de los textos antiguos y medievales. Distingue ese modo de pensamiento (beta) que gran parte de lo correlativo con él, lo representado, se encuentra “dentro de nosotros”. Una diferencia sustancial con el modo actual de pensamiento (alfa) “porque nosotros concebimos lo representado como algo que está dentro de nuestro yo percipiente, y sólo presumimos fuera de nosotros una base física no representada (“partículas”)”. La diferencia es fundamental, porque un modo de pensamiento puede permitirnos entender cosas como el Tarot o la Alquimia, si nos desplazamos o imaginamos un desplazamiento hacia él, y otro modo de pensamiento generará en nosotros la impresión de simple absurdo. Cuando nos fijamos en la enorme producción de textos escolásticos en torno al tema de las sagradas escrituras, lo vemos como una aberración, un “hablar por hablar” porque somos incapaces de ubicarnos en un universo de sentido donde la palabra sagrada tenía un poder, entre otros elementos.

Volviendo al tarot, grosso modo: el jugador tiene su baraja. Mezcla las cartas y realiza una tirada canónica (por ejemplo, cruz). Cada tirada tiene un “modo de lectura”, por lo que cada posición tiene un sentido, por ejemplo, temporal. Lo que se obtiene sobre el tapete son una serie de representaciones (las cartas) que tienen un significado individual y, a su vez, un significado encadenado. Por el principio de la semejanza, que se fundamenta en lo imaginativo, estableceremos (nosotros o el vidente) la estructura de la semejanzas que, desde nuestra subjetividad, vemos en las cartas. Si lo externo está en lo interno, y nosotros somos parte participativa del mundo, “nuestra subjetividad está leyéndonos siempre que esté leyendo cualquier cosa”. Este es el punto. Si nuestro entrenamiento en la analogía es amplio y sofisticado (cosa difícil hoy en día, pero no tanto para quien hace arte), y el principio funcional, veremos lo mismo en las cartas, en el poso de un café, en las grietas de una pared cualquiera. Se tramará siempre una proyección de nosotros hacia fuera, que volverá a entrar hacia dentro en forma de interpretación. Lo que veremos según este principio, no es el futuro, sino nuestro “momento inercial”, nuestra huella plasmada en el símbolo que, precisamente, nosotros mismos interpretamos. Se fija en una imagen, precisamente, el dinamismo.

El Tarot creativo, como realizar tiradas de I Ching preguntando por el desarrollo de nuestra obra creativa, tiene pleno sentido como guía. Con cada tirada que hagamos, si tenemos un pensamiento abierto y dispuesto a jugar con la transversalidad absoluta de los modos de pensamiento, y su realidad y su existencia efectiva, podemos leernos en los símbolos y entender nuestra posición -lo que nuestro entendimiento ha entendido de nuestra posición en el symbolón- y actuar en consecuencia. En esencia, las cartas sólo dicen en la medida en que son interpretadas por un observador. No son en sí mismas, materia aislada de carta impresa, sino que son una sola cosa con nosotros y, viéndolas, adoptan nuestra forma y nos dicen quienes somos, en la medida en que nosotros mismos nos lo vamos diciendo.

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