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El peso enorme de sus defectos dentro

Ella había sido la primera persona en amarlo entero, con el peso enorme de sus defectos dentro. Y la primera (y la única) que lo había estimulado a escribir, pagara el precio que pagase por esa casi tortura sin finalidad aparente de meter un poema o una historia en un cuadrado de papel. Y yo, se preguntó, ¿qué hice yo verdaderamente por ti, en qué intenté, de verdad, ayudarte? ¿Contraponiendo mi egoísmo a tu amor, mi desinterés a tu interés, mi retirada a tu combate?

– Soy un miedica pidiendo socorro -le dijo al amigo-, tan miedica que no me sostengo en las piernas. Pidiendo una vez más la atención de los demás sin dar nada a cambio. Lloro lágrimas de cocodrilo gilipollas que ni a mí me ayudan y tal vez sólo estoy pensando en mí.

– Intenta ser un hombre para variar -respondió el amigo enganchando al hermano Marx por la manga para pedirle un café doble-. Intenta ser un hombre aunque sea un poquito: puede ser que te sostengas en el columpio

Antonio Lobo Antunes, Memoria de elefante


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