Tropico 5: nacionalismo e independencia

Hay, principalmente, un no saber cómo decir. En consecuencia, hay lectura intensiva de libros incomprensibles; por lo tanto: oscuras cavilaciones. Como ciudadano más o menos fantasmal de Barcelona, envuelto estoy en los aromas del procés y la parafernalia del aparato represor del estado. En referencia a la noción de ley, encontré una curiosa nota en Zizek (El acoso de las fantasías, 2005) que me hizo pensar en Cataluña como expresión de una neurosis en fase transgresora y España como ejecutante de una perversión masoquista: «el carácter único que une la ley y al goce: a diferencia del neurótico, que reconoce la ley con el fin de gozar ocasionalmente con su transgresión (masturbación, robo), y, en consecuencia, obtiene satisfacción recuperando parte del goce que el Otro le ha robado, el perverso eleva directamente el placer del Otro a la autoridad de la ley. […] El masoquista pone el goce en la propia autoridad de la ley que prohíbe el acceso al goce».

Estas cosas ocurren: a veces uno está leyendo un manual de cocina y encuentra allí la clara expresión metafórica de un problema de física. La imaginación tiene el perverso poder de crear entramados de sentido casi incomunicables, y por eso uno guarda silencio casi siempre: para no hacer el ridículo. Pero bueno, ahora estamos de cháchara. Mi opinión es que, si se observara el problema España – Catalunya desde el punto de vista de la economía libidinal, quedaría claro lo que hoy es sólo confusión de términos vacíos (democracia, ley, ilegal, diálogo, etc). Por otro lado, si se extendiera el estudio de la alquimia y la naturaleza del mundo inconsciente y fantasmático, la sordidez podría convertirse, de pronto, en esperanza rosicler.

Pero para ello habría que comprender claramente la noción construida que tenemos del Otro. Ahora mismo, se puede hablar de dos bandos (en ninguno de los dos me incluyo), donde cada bando piensa al otro como una versión contraria y polarizada, y ejecuta actos de agresión simbólica y/o material al otro sin llegar a una materialidad definitiva y conclusiva del asunto. Atención: La contradicción no tiene ningún otro modo de existencia que la escisión. Dice Alain Badiou: «Con todo rigor, la contradicción no existe. […] La contradicción es un puro principio estructural. Insiste en el índice p de A, marca la repetición de A, pero en ninguna parte tienen ustedes un conflicto existente, real, entre A y P como términos constituidos y aislados. P, el esplace para todo aislamiento y repetición, no es ni aislable ni repetible. A, el horlieu, no es repetible sino escindido por inclusión en el esplace». Noches de verano en vela leyendo estas cosas y extrayendo de ellas el petróleo último del ser para que luego, al intentar expresarlas, nadie me comprenda. Un último aliento: ¡la contradicción puede ser superada! Y luego, moribundo silencio y retiro monacal.

En el retiro, poca monacalidad: un videojuego. Tropico 5.

Tropico 5 es un simulador de gestión de islas tropicales y repúblicas bananeras. En él encarnamos a una especie de virrey, súbdito de la corona inglesa, encargado de gestionar un asentamiento colonial en el caribe. Fíjense cuál es nuestra curiosa misión: crear un sentimiento nacionalista entre nuestros habitantes y liberarnos del yugo opresor de la corona. Siempre se dice: ¡no es lo mismo Catalunya que las colonias, por la esclavitud, etc! No lo es en algunos aspectos, sin duda, pero en otros, entre ellos el estructural, sí es lo mismo. Por eso, fabulo: ¿qué piensa alguien contrario a la independencia de Catalunya cuando juega a Trópico 5? Pues en el videojuego se pide, explícitamente, vulnerar la constitución de la corona y promulgar una propia.

Naturalmente, de forma muy simple, en Tropico 5 se representa el proceso: Primero un pequeño grupo de gente (el apóstol Pablo y secuaces). Luego la irrigación de una idea: ponemos a nuestros líderes en el púlpito de la iglesia y al mando de las escuelas. La opinión del pueblo cambia lentamente, muchas veces impulsada por grandes obras públicas (en mi isla, una Fitzcarraldiana Ópera y un incierto Cabaret). Sin embargo, servimos a la corona como si nada y atendemos a sus requerimientos (10 mil plátanos, un cargamento de hierro, todo entregado a tiempo). Hasta que un día nuestro Mariscal revolucionario nos dice: ya tenemos el 50% de apoyos, algo se cuece en la taberna. Y declaramos la independencia y salimos a las calles (con violencia si hace falta -en el videojuego-).

tropico 5 videojuego

No me interesa saber si esta es la mecánica exacta de todo nacionalismo que busca su emplazamiento (hay múltiples visiones del asunto, entiendo). Lo que me interesa es que por lo general los videojuegos de gestión de imperios y colonización se sirven de esta, y no otra, mecánica, y de los efectos masivos que puede tener en el imaginario común tal presentación polarizada. Pues, ante todo, creo en el supremo poder desfigurador de la psique, y sé que estamos en el fin del mundo de la empatía -de lo contrario ya se habría encontrado solución al problema, opino-.

Conseguir la independencia es sólo el primer paso en Tropico 5. Una vez fundada la república e instituida la constitución, cambian las tornas: nuestro cometido será mantener a raya a la insurgencia que quiere derrocarnos. Una vez más, definitivo Badiou: «Toda tentativa de instituir durablemente, de proponerse, unas formas de su impaciencia creadora, convierte el movimiento de masas en su opuesto. […] El movimiento de masas tiene por ser el desaparecer, y hay que aceptar que sea sin huella, en los vastos estadios del esplace histórico, al punto de que tantos nostálgicos rendidos llegan a decir lo mismo: ¿Qué pasó ahí? ¿Dónde teníamos el espíritu?».

iberlibro badiou libroWeb de la editorial

 

 

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