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Investigaciones6 de marzo de 2023

Qué son las Sincronicidades

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Trataremos hoy de profundizar y arrojar luz sobre el tema de las sincronicidades. Tema espinoso, igual que el de los sueños. Si uno busca en Google o a través de redes sociales información sobre las sincronicidades, el resultado es desolador. Se encuentra una muralla de documentación vacua, chamanes iluminados y otras variantes que impiden obtener ninguna claridad. El contenido que pretendo mostrar aquí en torno al fenómeno de las sincronicidades es distinto y por lo tanto debemos construirlo desde sus bases. Pero creo que los insights que ofrecerá este vídeo tienen su valor. Al menos lo tuvieron para mí.

Paradójicamente, lo que me permitió en este tema obtener un poco de claridad es utilizar mi método anti-algoritmos. Buscar en bases de datos. En este caso, entré en la página web Library Genesys e introduje en la barra de búsqueda el término “Syncronicity”. Allí se listaron 62 publicaciones que incluían el término en el título. Las descargué todas y las surfeé hasta llegar al paper que quiero comentar hoy: Synchronicity in a New Light, del psicólogo Junguiano Robin Robertson. Un texto publicado en 2008 en A Quarterly Journal of Junguian Thought.

Me interesa este texto por los hallazgos que ofrece y por su vertiente literaria. Tiene esa cualidad que los buenos ensayos comparten con la literatura policíaca: el suspense. Nos cuenta Robertson que trabajó durante un tiempo en una clínica donde los pacientes se estaban recuperando de la adicción a las drogas o al alcohol (como si fueran dos cosas distintas, apunto).

Tras describir minuciosamente la bruta y aséptica arquitectura del lugar, el autor declara dos cosas.

Uno: que cuando llegaba al edificio por las mañanas era capaz de sentir si las “cosas estaban locas” o no. Es decir, al acercarse al edificio, dice, sentía si iba a ser un día movidito o si los pacientes iban a estar tranquilos. Tal y como lo describe de forma fenomenológica, es como si “pudiera oler” el nivel de locura del edificio. Esta habilidad, dice, la compartía con otra doctora y cada mañana compartían sus impresiones.

Esto por un lado.

Por otro lado, Robertson utilizaba procedimientos terapéuticos subliminales para tratar a los pacientes. Por ejemplo, si un paciente estaba ansioso, Robertson hacía los siguiente: mientras hablaban, en segundo plano, imitaba la respiración del paciente. Luego, una vez imitada la respiración ansiosa, “sincronizado” con el paciente, poco a poco calmaba su propia respiración arrastrando por efecto espejo al paciente consigo. Es un efecto curioso que funciona, tiene su explicación neurológica, pero sólo funciona si uno sabe ejecutarlo sin que se note y hay que ser hábil para ello. En ese estado de conexión y transferencia con el paciente, ligados por la sincronicidad, el terapeuta sentía la textura emocional del sujeto al que tenía delante.

Presenta el caso de un paciente llamado “Red”. Este paciente sufre de Paranoia (curioso tema recurrente del canal) - INSERTAR VÍDEO-. Robertson no es su doctor, solo se ven en los pasillos. Por algún motivo, Red desarrolla una fijación con Robertson y empieza a pensar que Robertson quiere hacerle daño. Robertson lo sabe porque se lo mencionan otros doctores y lo siente cada vez que se cruzan por el pasillo: el tal paciente “Red” se pone alerta. En su interior, maquina, cree que Robertson quiere hacerle daño. Un día llegan a gritos, el tal paciente “red” desquiciado tras haber visto a Robertson en el pasillo grita que sabe que quiere matarlo pero que tiene un cuchillo consigo!

La cuestión es que se impregna poco a poco el aura de la paranoia en nuestro narrador y, en un momento dado, el narrador también está paranoico. No se da cuenta de inmediato, lo comprende al cabo de unos días. Entra con cuidado en los pasillos del hospital para no cruzarse con “Red”, si lo ve minimiza su impacto sobre él, toma precauciones y dedica pensamiento al tal “red”. La paranoia del paciente se tranfiere y se convierte en la paranoia del doctor, como por un efecto espejo / sincrónico. Lo sorprendente, dice Robertson, es que cuando él mismo se dio cuenta de que estaba experimentando Paranoia, la paranoia desapareció. Y al mismo tiempo, en algún lugar de ese edificio, el paciente “Red” se desmoronó y tuvo que ser llevado al hospital. Lo que trata de explicarnos aquí Robertson es de ciencia ficción: en esencia, que “se sincronizó con el paciente, lo absorbió - vampirizó, encarnó la patología y, comprendiéndola, también liberó en parte, al menos, al propio paciente”. Como si la computación de las cosas no tuviera la frontera cerrada que representan los cerebros.

El autor pone aquí algunos ejemplos más, donde voluntaria o involuntariamente se sincroniza con un paciente y, enlazados en la sincronización trabajan como un solo ente.

Aquí merece la pena rescatar una reflexión muy interesante de la psicoanalista Marie-Louisew von Franz:

“En el campo de las emociones, fenómeno que se encuentra en el borde entre la realidad fisiológica y la realidad psicológica, el ritmo es esencial. En estados de intensa emoción realizamos movimientos rítmicos y tendemos a repetir ad infinitum los mismos pensamientos e iteraciones. Este hecho condujo a Jung a sospechar que los complejos del inconsciente podrían tener una naturaleza períodica-rítmica”.

Robertson nos habla aquí de las investigaciones de Henry Reed (el despertar de los poderes psíquicos LIBRO) en torno a la comunicación más allá de lo verbal, más allá de la palabras. Cómo en las relaciones entre las personas se crean ritmos, frecuencias, tendencias por debajo de las propias palabras y cómo eso se percibe como un feeling (todo esto suena ciencia ficción pero, pienso, es tan sólo nuestra falta de educación para percibir el mundo sensorial más allá de la palabra y la imagen. El feeling y su percepción hay que entrenarlos en nuestro mundo contemporáneo, o mueren).

En esta línea, Robertson cita las investigaciones de los psicólogos experimentales William Condon y Ray Birdwhistell, y del antropólogo Edward T. Hall, donde demuestran que la danza sincrónica entre los individuos es algo más que una metáfora.

Lo que hicieron fue grabar a grupos de seres humanos en diferentes situaciones grupales a cámara hiperlenta, para observar cómo determinados movimientos se contagiaban de forma imperceptible e inconsciente de una persona a otra. “Lo que conocemos como danza, dicen, es realmente una versión estilizada de lo que los humanos hacen cuando interactúan”. Por ejemplo, en un parque infantil, un grupo de niños que parecía cada uno jugando a lo suyo. En el vídeo, una niña estaba especialmente activa, ubicada en el centro. Observaron cómo los niños alrededor de la niña, sin prestarle especial atención, empezaban a imitar movimientos de la niña de forma acompasada y sincrónica, en el jugar. Aquí se describen otros experimentos realizados donde se muestra este curioso y misterioso fenómeno de contagio “a través del éter” se diría.

Aquí entramos en el dominio de la psicometría: la capacidad de acceder a información interior sobre una persona sólo con el mero contacto físico, sin mediar palabra “telepáticamente”, se diría.

Mencionado todo esto, nos centramos en la palabra que ha aparecido todo el tiempo: sincronía y sincronicidad. Qué pasa con las sincronicidades. Aquí una reflexión de F. David Peat:

“Forma parte de la naturaleza de las sincronicidades tener sentido y en particular estar asociadas con una profunda activación de energías en el interno de la psique. Es como si la formación de patrones dentro de la mente inconsciente se acompañara por patrones físicos en el mundo exterior. En particular, cuando los patrones psíquicos están a punto de alcanzar la consciencia, entonces las sincronicidades están en su punto álgido. Luego, las sincronicidades suelen desaparecer en la medida en que el individuo llega a ser consciente de la nueva estructura de fuerzas en el interior de su personalidad”.

Vayamos al grano de la experiencia. A todos nos ha pasado: pensar en alguien y que esa persona nos llame. Pensar algo y que nos aparezca una imagen en redes sociales relacionada. Si se repite varias veces nos fijamos y creamos un patrón y sentimos el efecto de “oh, sincronicidad rara”. Robertson dice que no debemos fijarnos en el significado de la sincronicidad, de si es posible o no, mágico o no, sino en el hecho de que existe. Porque cuando existe la sincronicidad en la experiencia propia hay un contenido inconsciente que está buscando ser revelado. Ese es el sentido de la sincronicidad: el aviso de que tenemos en nuestro interior un nuevo conocimiento sobre nosotros que busca hacerse consciente, y se auguran turbulencias. Las sincronicidades están más presentes en momentos estilo “acontecimiento extendido”, el nacimiento, la muerte, la separación, el enamoramiento. Así, por un lado, la sincronicidad como brújula o aviso para que prestemos más atención hacia los contenidos en pugna de la psique: porque entonces hay que resolverlos. La sincronicidad como aviso. Nos acompasamos a un contenido y este contenido, con diferencia, tiene mayor potencial de cambio.

Tenemos por otro lado un insight importante: cuando provocamos la sincronicidad, por ejemplo acompasando la respiración con otra persona, uno puede llevar hacia sí la respiración del otro por puro efecto imitativo. La sincronicidad como oportunidad y mecanismo de transformación, en definitiva.

Todo eso nos lleva a intuiciones que, finalmente, bordean lo mágico u otros entendimientos sobre cómo es la realidad. La experiencia con dosis medias o altas de LSD (100 - 150 microgramos) muestran, según he experimentado y contrastado con bastantes personas, lo que se conoce como el pulso, o la experiencia inefable de que el mundo y sus cosas son una sola cosa entramada, y de que hay un pulso, un latido central, y como tal se harmónico y total: atraviesa el espacio tiempo (literalmente uno lo ve como una ola que lo atraviesa) y el sentido interno (uno nota cómo incrementa la intensidad, la fuerza, la conexión entre las cosas y cómo, cuando pasa el pulso, el yo se muestra como lo que finalmente es, esencialmente una ficción). La experiencia ofrece un contacto directo con el mundo como pulso, como danza unitaria. Esta es una experiencia inefable para el ego. No se puede bajar a palabras o conceptos esta realización porque, de lograrlo, lo destruiría, destruiría al ego. Por lo que, apunte final que interesa para el oficio de escritor, el misterio está detrás de las palabras. En el sonido y la modulación. También ahí están determinadas respuestas metafísicas sobre nuestra existencia, codificadas en su específico lenguaje (en todo caso un lenguaje sin palabras).

Fin

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