VÍCTOR BALCELLS MATASObras e investigaciones
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Investigaciones17 de diciembre de 2023

Creación antes del habla. David Lynch, Joan Miró y el misterio de la afasia

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En ocasiones vas leyendo libros y se crean misteriosos vínculos entre ellos. Correlaciones significativas que pueden llevar a originales pensamientos. Este es el punto de partida. Tuve la ocasión de encadenar dos textos biográficos, uno sobre el pintor Joan Miró y otro sobre el director de cine David Lynch.

El primer libro es “Joan Miró. El niño que hablaba con los árboles”, escrito por Josep Massot. Este libro de cerca de 550 páginas profundiza en la vida de Miró y además lo hace con detalle, gusto por lo anecdótico y una prosa fabulosa. A mí este pintor no me interesaba demasiado hasta que conocí el libro de Massot. El otro libro es “El hombre de otro lugar” de David Lynch. Publicado por la editorial alpha decay y escrito por Dennis Lim, también es una revisión biográfica, más centrada en la obra que en retratar la vida privada.

Lo que decía: leí ambos libros seguidos y vi una relación. Tanto Lynch como Miró tenían claras dificultades con el lenguaje verbal. A lo largo de la biografía de Massot vemos a un Miró silencioso y tímido. Sumamente inteligente, pero parco en palabras (su prosa era seca y escueta). En el libro sobre Lynch encontré algo parecido. Es tal vez más conocida la dificultad expresiva de Lynch en materia de lenguaje estrictamente verbal. Resulta curioso en un autor de tal magnitud y profundidad que su prosa sea tan escueta, esquelética. Si cogemos su libro “Atrapa el pez dorado” lo encontramos hasta naive desde un punto de vista literario. Funciona porque es un libro sobre meditación trascendental, algo en sí difícil de bajar a palabras.

La cuestión. Al parecer, y aquí profundizamos en este vínculo, ambos artistas tuvieron algún tipo de afasia en su juventud y tardaron algo más de la cuenta en empezar a hablar. El propio David Lynch menciona en varios momentos que, en efecto, tardó en aprender a hablar. El propio biógrafo, Dennis Lim, señala que Lynch siente una particular atracción hacia “lo términos abstractos”, por lo que muchas veces su discurso puede resultar vago o simple. Sobre todo en comparación con la sofisticación de su dominio del lenguaje del cine.

Afirmaciones recurrentes de Lynch con esta naturaleza abstracta y poco concreta: “Cuando haces algo que funciona sientes felicidad” // “Las grandes ideas son hermosas, emocionantes, te hacen sentir como enamorado” // “Cuando el proceso creativo queda bloqueado es algo terrible”. Como podéis observar, son ejemplos de una cierta vaguedad debido a lo abstracto de las afirmaciones.

Ahora hemos de dar un salto y pasar a una nota encontrada en el capítulo XVII del Seminario 3, Las Psicosis, de Lacan, que me permitió establecer las conexiones. Voy a intentar seguir un hilo de razonamiento sencillo para este formato de vídeo. En esa nota se habla de los trastornos afásicos. Recordemos que la afasia es una “pérdida o trastorno de la capacidad del habla debida a una disfunción en las áreas del lenguaje de la corteza cerebral”. En este sentido, podemos decir que Lynch y Miró por lo expuesto fueron en alguna medida afásicos. Lynch por ejemplo no empezó a hablar hasta los siete años. Existe sin duda una anomalía. En esta nota, Lacan señala que “su amigo” el lingüista Roman Jakobson clasificó de forma clara los síndromes afásicos y mostró que la Afasia no es solo un problema o cuestión orgánica, sino también lingüística.

En su texto “Dos aspectos del lenguaje y dos tipos de trastornos afásicos”, Jakobson nos habla de varias cuestiones clave.

La primera es que hay una simetría entre la afasia de quien aprende a hablar y la afasia degenerativa de quien pierde la habilidad del lenguaje y tiene una afasia en avanzada edad. Esta disolución sigue un orden temporal de gran regularidad. Las pérdidas afásicas del adulto resultan ser un espejo de las adquisiciones en el niño de los sonidos del habla, en el sentido de que siguen comparativamente un desarrollo inverso.

O sea, de alguna forma vemos que se entra y se sale del lenguaje a través de un proceso. Antes y después del lenguaje, está lo que nosotros denominamos afasia. Pero, aquí ponemos una primera pregunta: ¿Es la afasia ausencia de lenguaje o bien, muy distinto, es la afasia otro lenguaje?

La respuesta para mí es que la afasia es otro lenguaje. Por lo tanto, no tanto un trastorno sino otro territorio. La hipótesis es que en el territorio afásico las fuerzas creativas son asequibles. La hipótesis es que en lo afásico las fuerzas creativas son puras, arquetipales, no contaminadas por la farsa del lenguaje y, por lo tanto, crear se vuelve más fácil. Por este motivo prácticas como la meditación desbloquean sin lugar a dudas los procesos creativos a largo plazo.

Afirmado todo esto veamos algunos detalles y profundicemos, siguiendo la teoría de Jakobson. Aquí he tratado de simplificar y ser claro. Vamos a ver los dos tipos de afasia y a tratar de comprender por qué, aunque la afasia daña a la comunicación (pues no podemos comunicarnos bien), no daña la creatividad. Más bien al contrario. La ausencia de lenguaje verbal facilita la creación en otros sentidos inéditos.

Quien habla conoce solo algunas de las palabras y combinaciones posibles de su lengua. Cuando hablamos, acudimos al lenguaje para materializar lo pensado, por decirlo así. Escogemos y juntamos palabras que forman cadenas de conceptos. Estos signos lingüísticos que ponemos juntos, en hilera secuencial, tienen dos modos de relación entre sí.

Primero tenemos la selección. Podemos escoger entre múltiples palabras para poder decir algo. La selección es un proceso que incluye también otro, el de sustitución (de un término por otro)

Luego, tenemos la combinación: Todas las palabras escogidas se agrupan en unidades lingüisticas de sentido superiores. Es decir, escogemos las palabras y las combinamos. Si el escoger nos permitía sustituir, el combinar nos permite dar textura.

Estas dos operaciones implican que cada signo lingüístico puede interpretarse de dos formas: una en relación al código y otra en relación al contexto.

“Cuando alguien recibe un mensaje dicho por otra persona, percibe que el enunciado (el mensaje) es una combinación de partes constitutivas (frases, palabras, fonemas, etc.) seleccionadas de entre el repertorio de todas las partes constitutivas posibles (el código)”.

A partir de estos dos modos básicos Jakobson distingue dos tipos de afasia o deficiencia del lenguaje en edad adulta (que, recordemos, es un espejo inverso de lo que ocurre en la infancia):

Tenemos por un lado el trastorno de semejanza. Cuando se les muestra trozos de palabras o de frases, estos pacientes saben completarlas. Cuanto más dependan las palabras del contexto más éxito tienen al expresarse. Por ejemplo, si está lloviendo les resulta fácil decir “está lloviendo”.

En este tipo de afasia suele haber dificultad a la hora de decir sustantivos. Normalmente el sujeto tiende a usar palabras genéricas para expresar cosas concretas. Por ejemplo, dirá “esta cosa” al referirse a un objeto concreto. Tenderá a decir “hice un plato de espaguetis” antes que “cociné un plato de espaguetis”.

Estos pacientes tienen dificultades a la hora de nombrar un objeto que se les señale. Si se les muestra una cuchara, antes que decir “cuchara” dirán algo elíptico pero relacionado, por ejemplo “cocinar”.

Este tipo de pacientes recurren muchasss veces a la metonimia, una figura retórica basada en la contigüidad (designamos algo con el nombre de otra cosa)”. Unos signos pueden reemplazar a otros. Así, si el paciente sostiene un cuchillo puede denominarlo como “Tenedor” (en la medida en que son cubiertos). Si se le indica un pelo con canas puede decir “vejez”.

Este es el primer tipo de afasia: incapacidad de decir el nombre, podemos definir.

El otro es su opuesto: Lo que se pierde no son los sustantivos sino las reglas sintácticas que los unen en la frase. Aunque las palabras son precisas su orden se vuelve caótico y lo que se obtiene es un conjunto inconexo de palabras. Por ello, este tipo de pacientes tienden a disminuir la longitud de sus frases. Disminuye la riqueza de la contextura. Las conjugaciones verbales, por ejemplo, desaparecen a favor del infinitivo. Se pierde sintaxis, no sustancia.

Aquí, en referencia a las palabras el sujeto puede decir “prismáticos” en lugar de “microscopio”. O bien “fuego” en lugar de “brasas”. Jakobson dice que el sujeto tiene aquí un modo quasimetafórico de operar. Se pasa de un sentido a otro figurado, pero incorrecto para quien escuche. A diferencia del otro que veíamos, las sustituciones tienen semejanza en su sustancia.

Tenemos pues que el Afásico o bien pierde las palabras o bien pierde la sintaxis. En ambas cosas hay dos elementos claves que se ven alterados: el uso de la metonimia o el uso de la metáfora.

Si el proceso de degeneración que acabamos de ver es un espejo inverso de lo que ocurre en la infancia, hemos de preguntarnos: ¿Qué ocurría en la mente de Lynch y Miró cuando todavía no hablaban pero el resto sí? ¿Qué implicó que pasaran más tiempo que otros “Fuera del lenguaje”? ¿No es eso una clave, según lo que hemos visto, de todo su arte? Pues el cine de Lynch, muchas veces denominado como onírico, extrema y mucho el uso de lo metafórico y metonímico. Las relaciones entre las cosas, los objetos, los personajes, las tramas, tienen desplazamientos especialmente marcados. Por otro lado, tanto las piezas figurativas como las no figurativas de Miró observan una destexturización de la sustancia a favor de la abstracción. Miró sin lenguaje más tiempo probablemente pudo comprender mejor las relaciones intrínsecas entre los colores previas a la definición técnica hecha con palabras. Estuvo más tiempo en un ámbito donde metáfora y metonimia funcionan diferente, o tal vez incluso no acaban de existir.

Lo que estoy diciendo, especulación o literatura, es que Lynch, a su vez, por pasar más tiempo fuera del lenguaje en la infancia, hasta lo siete años, pudo conocer la relación entre los elementos previa a la conceptualización y segmentación que provoca el lenguaje. Lo onírico es nube. El arquetipo es nube. Su sustancia es densa pero informe. El arquetipo tiene límites difusos, el concepto no.

Es interesante aquí, como añadido, mencionar una interesante Charla de la neuróloga Jill Bolte Taylor en la que describe lo que sintió paso a paso al tener un ictus. Dicho ictus suspendió las funciones del lenguaje, las retrajo. Lo que quedó, despejado el lenguaje, no lo definiríamos como “trastorno” (así se llama la afasia), sino la percepción inexplicable de unidad y comunión con una totalidad.

En fin, observaciones nocturnas. Recuerdo que este es un canal literario y especulativo. Que observamos anomalías relacionadas entre sí y buscamos ofrecer nuevas versiones del mundo. Este vídeo pertenece a la serie pequeños tratados pero su contenido está en relación con múltiples vídeos de la lista de Esoterismo y temas paranormales. Por ejemplo un video que grabé en oscuro estado meses atrás acerca de las formas mentales. Os dejo los enlaces en la descripción.

Y con esto me despido. Agradecido por vuestros comentarios, que enriquecen las observaciones diletantes que aquí hacemos, y con ganas de seguir profundizando en la especulación de sobremesa.

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