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Investigaciones12 de agosto de 2024

Crecimiento Personal Sofisticado: "Prometheus Rising", de Robert Anton Wilson

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Taxonomías: Psicología Humana, Prometheus Rising (PDF), #InvestigacionesYT Investigaciones

"Me gustaría hablar hoy de uno de los libros sobre crecimiento personal mejor escritos que conozco: Prometheus Rising de Robert Anton Wilson.

Con ejemplos únicos y eruditos, alejados de los lugares comunes naive, el libro ofrece una exploración profunda y esquemática sobre cómo funciona nuestra mente y cómo podemos, de alguna manera, liberarla de sus limitaciones y cómo, en última instancia, podemos reprogramar la realidad misma. O sea que este es un libro de autoayuda erudito, profundamente literario y al mismo tiempo sobrepasa un cierto nivel en el que se vuelve especulativo, mágico, casi ciencia ficción. Wilson nos introduce a su modelo de los ocho circuitos del cerebro, que representan diferentes niveles de conciencia y evolución personal, del más burdo o bajo al más refinado.

Circuito Bio-Supervivencia (Oral):

Relacionado con la seguridad física y la supervivencia básica.

Controlado por el tronco cerebral y el sistema nervioso autónomo.

Circuito Emocional-Territorial (Anal):

Enfocado en la dominación, sumisión y jerarquía social.

Conectado con el tálamo y el sistema muscular.

Circuito Semántico o Racional:

Relacionado con el pensamiento lógico, el lenguaje y la manipulación del entorno.

Gobernado por el cerebro izquierdo.

Circuito Socio-Sexual:

Conectado con las relaciones sociales, sexuales y los roles de género.

Asociado con la corteza cerebral.

Circuito Neuro-Somático:

Asociado con la experiencia del cuerpo, la salud mental y la sensación de bienestar.

Relacionado con la activación de estados de éxtasis y conciencia holística.

Circuito Neurogenético:

Conecta la conciencia individual con el pasado y futuro de la especie.

Involucra la percepción de la realidad desde un nivel colectivo e histórico.

Circuito Meta-Programación:

Permite la reprogramación consciente de los otros circuitos y la realidad personal.

Facilita la creación de nuevos modelos de percepción y existencia.

Circuito No-Local Cuántico:

Relacionado con experiencias místicas y la conciencia de unidad con el universo.

Conecta con percepciones que trascienden el espacio y el tiempo convencionales.

Fijaos que esta descripción es intuitivamente igual a la estructura simbólica de los chacras (en la que se describe el refinamiento de la energía psíquica desde lo basto en mulhadara hasta lo sutil en Sahasrara) y a otras estructuras jerárquicas parecidas que sirven para simbolizar el avance en niveles de la Consciencia de la persona hacia un nivel, digamos, de mayor sofisticación o apertura. Aquí no hay novedad.

La gracia, reside, precisamente, en la sofisticación del texto, en los ejemplos que toma el autor y en cómo está escrito. Hay un tono humorístico ligero y los ejemplos que toma dicen mucho más de lo que uno podría esperar. En este vídeo seguiremos de forma algo más pausada una vez resumidas las líneas maestras de lo que es el libro, seguiremos el capítulo 5, en el que Anton Wilson trata de explicarnos cómo los tres primeros niveles de consciencia influyen de manera muy poderosa al principio de nuestra vida, cuando estamos madurando y todavía, "se supone", no hemos madurado, a través de dos literaturas incónicas, la de Charles Dickens en David Copperfield y la de James Joyce en Finnegans Wake.

En este quinto capítulo Anton Wilson señala de entrada cómo Charles Dickens parecía conocer bien las teorías freudianas mucho antes de la llegada de Freud. Se centra en la novela David Copperfield.

Dickens describe una infancia idílica en la que David, el protagonista, entonces todavía niño, vive con una madre viuda que bien podría caracterizarse como una encarnación humana de la bona dea (buena diosa) de los antiguos (quien todavía persiste como la "hada madrina" en los cuentos infantiles). En esta escena feliz irrumpe el horrible padrastro, el Sr. Murdstone, cuyo "complejo de Jehová" lo convierte en un avatar del dios padre castigador. No hay forma de obedecer todas las reglas de Murdstone; son demasiadas y, en su mayoría, no están explícitas, sino implícitas. David soporta monumentales azotes en las nalgas (por su propio bien, por supuesto, aunque Dickens enfatiza de una manera bastante freudiana el obvio placer que Murdstone obtiene de estas sesiones). Naturalmente, David comienza a internalizar este sistema anal de valores e imagina que es un miserable pequeño culpable y que se merece plenamente esta tortura. Luego, Dickens inserta la siguiente escena, cuando David regresa después de un año en la escuela:

Entré con un paso tranquilo y tímido. Dios sabe cuán infantil pudo haber sido el recuerdo que se despertó en mí al oír la voz de mi madre en la vieja sala de estar cuando puse un pie en el vestíbulo. Creo que debí haber estado en sus brazos y haberla escuchado cantar para mí cuando no era más que un bebé. La melodía era nueva para mí, pero era tan antigua que llenó mi corazón como un amigo que regresa después de una larga ausencia.

Creí, por la forma solitaria y pensativa en que mi madre murmuraba su canción, que estaba sola, y entré suavemente en la habitación. Ella estaba sentada junto al fuego, amamantando a un bebé cuya diminuta mano sostenía contra su cuello. Sus ojos miraban hacia el rostro del bebé y ella cantaba para él. Estaba en lo cierto en que no tenía otro compañero. Le hablé y ella se sobresaltó y gritó. Pero al verme, me llamó su querido Davy, su propio hijo: y viniendo hasta la mitad de la habitación para recibirme, se arrodilló en el suelo y me besó, y apoyó mi cabeza en su pecho cerca de la pequeña criatura que se acurrucaba allí, y puso su mano en mis labios.

Ojalá hubiera muerto. Ojalá hubiera muerto entonces, con ese sentimiento en mi corazón. Habría estado más preparado para el cielo de lo que he estado desde entonces.

El sueño de regresar a la bioseguridad oral es demasiado evidente como para requerir comentarios.

De manera similar, en la monumental novela de James Joyce sobre la mente de un hombre dormido, Finnegans Wake, el Padre y el Dios Padre están siempre asociados con la guerra y la excreción, como ha señalado el estudioso de Joyce, William York Tindall. Como "Gunn, the Farther" (Juego de palabras entre "Padre" y "Más lejos" en inglés), el aterrador monstruo anal combina pistola, deidad y flatulencia.

Es el celoso (territorial) "Señor de los Ejércitos" del Antiguo Testamento, es decir, de las batallas. Su insignia, la palabra de trueno de cien letras que se repite diez veces en el sueño, siempre combina paternidad, amenaza, defecación y guerra: por ejemplo, en su primera aparición en la página 1, es:

bababalalgharaghtakamminaronnkonnbronnton

nerronntounnthunntrovarrhounawnskawn

toohoohoondenthurnuk

Aquí encontramos Baba (árabe, padre), fonético Abba (hebreo, padre), fonético gaélico scan (crack: de trueno o del ano), ronnen (germánico, excreción), la sugestiva orden implicando tanto medalla por valentía en alemán como ordure (excremento) en inglés, etc. El aterrador Dios Padre en otra parte "hace sus maniobras en abierta inmundicia" y predica todos los valores autoritarios anales: "No cods before me... Thou shall not commix idolatry... Love my label like myself."

Es el villano de la "goddinpotty" (juego de palabras entre "fiesta en el jardín" y "orinal de dios"); el dios embaucador que colocó la trampa cebada en el Jardín del Edén; el ego internalizado en el entrenamiento para ir al baño; el dios del trueno y la ira (god-din).

Huyendo de él, los "desafortunados habitantes de la tierra" siempre buscan su opuesto, ALP (alemán, sueño; también la raíz de las primeras letras de los alfabetos griego y hebreo—alfa y aleph, la fuente, el principio)—Anna Livia Plurabella, cuando su nombre se escribe completo: las aguas de la vida combinadas con todos los úteros bellos. Ella es tan oral y amorosa como "el Omniboss" es anal y amenazante:

... con un pico, con un resorte, todas sus rizos sacudiéndose, gotas de roca en su tacita, fichas de tranvía en su cabello, todas ondeadas a un punto y luego toda insinúa, pequeña mamá anticuada, pequeña mamá maravillosa, agachándose bajo puentes...tan feliz como el día es húmedo, balbuceando, burbujeando, charlando consigo misma, encantando los campos...

Esta mujer-río amniótica es la madre perfecta del recuerdo del sueño infantil y la Gran Diosa de los antiguos, el lugar seguro y cálido de la bioseguridad ideal, y a ella Joyce le ofrece su oración más ferviente:

En el nombre de Annah la Toda Misericordiosa, la Siempre Viva, la Portadora de Plurabilidades, ¡halo sea su víspera, su tiempo de canto cantado, su arroyo corrido, sin dobladillo como es desigual!

La humanidad, en la visión de Joyce como en la de Rattray Taylor, deja siempre a Annah para seguir al Héroe (Padre) hasta "la mugre de Waterloo" (campo de batalla de Waterloo con sangre y excremento superpuestos para revelar las raíces anal-territoriales de la guerra) y luego regresa, temporalmente castigada, "para escuchar, mientras ella nos amamanta, junto a las aguas de Babelang."

En el Capítulo Tres de Finnegans Wake, los "ofensores" (invasores) y "defensores" (nativos) se mezclan tan a fondo que lo único que queda es un "defensor" compuesto que asume la culpa de todos.

Esta visión cíclica de la historia, ya sea en Joyce, Rattray Taylor, Vico (la fuente de Joyce), Hegel y Marx, etc., es solo parte de la verdad, pero necesita ser enfatizada porque es la parte que la mayoría de las personas temen reconocer. Ya hablemos en términos de la dialéctica Matrista-Patrista de Taylor, del ciclo de Vico de las edades Divina, Heroica y Urbanizada, la trinidad de Marx-Hegel de Tesis-Antítesis-Síntesis, o cualquier variación de ellas, estamos hablando de un patrón que es real y que se repite.

Pero solo lo hace en la medida en que las personas están robotizadas: atrapadas en reflejos cableados.

Cuando los hechos acumulados, trucos, herramientas, técnicas y artilugios de la neurociencia —la ciencia del cambio cerebral y la liberación del cerebro— alcancen una masa crítica, todos seremos capaces de liberarnos de estos ciclos robóticos. La tesis de este libro es que hemos estado acercándonos a esa masa crítica durante varias décadas y alcanzaremos el punto de inflexión más rápido de lo que esperas.

Las actuales oleadas de pugnacidad emocional-territorial que arrasan este planeta no son simplemente otra civilización cayendo, al estilo de Vico. Son los dolores de parto de un Prometeo cósmico que surge del largo sueño de la historia del primate domesticado.

Por supuesto, estas son generalizaciones genéticas e históricas que no coinciden exactamente con ninguna familia específica. Los arquetipos de la diosa benévola y el gigante hostil no se activan en los casos en que la madre es fría, rechazante, amargada, etc., y el padre es la figura cálida y de apoyo. Las impresiones en los primeros y segundos circuitos son estadísticamente desviadas en tales familias y cualquier cosa puede resultar: un chamán, un esquizofrénico, un genio, un homosexual, un artista, un psicólogo, etc.

El capítulo comienza con una observación un tanto sorprendente sobre el impacto del entrenamiento para el control de esfínteres en la psique infantil. Wilson dice, y cito: 'La conmoción y consternación del infante cuando la dureza del entrenamiento tradicional para el control de esfínteres introduce los valores anales-patristas del segundo circuito en el previamente dichoso continuum oral-matrista es transmitida con gran maestría en David Copperfield de Dickens'. Aquí, Wilson no solo destaca la importancia de estos primeros aprendizajes, sino que también conecta magistralmente la literatura con la psicología freudiana, a pesar de que Dickens escribió medio siglo antes de Freud.

En David Copperfield, Dickens nos muestra cómo el joven David, bajo la opresiva influencia de su padrastro Mr. Murdstone, comienza a internalizar un sistema de valores anales, lo que lo lleva a sentirse culpable e inadecuado. Wilson describe esta situación con gran detalle, explicando cómo David 'naturalmente, comienza a internalizar este sistema anal de valores e imagina que es un miserable pequeño culpable que merece plenamente esta tortura'. Es un ejemplo perfecto de cómo la literatura puede reflejar los procesos internos de nuestra mente, especialmente cuando se trata de la formación de nuestro ego y nuestras relaciones de poder.

Luego, Wilson contrasta esto con la obra de Joyce, particularmente Finnegans Wake, donde la figura del padre se asocia constantemente con la guerra y la excreción. Cito: 'En Finnegans Wake, el Padre y el Dios Padre están siempre asociados con la guerra y la excreción, como ha señalado el estudioso de Joyce, William York Tindall'. Joyce, a diferencia de Dickens, utiliza el lenguaje y la estructura de su novela para deconstruir estos valores tradicionales, mostrando una realidad mucho más caótica y fluida, en la que la mente puede explorar niveles más altos de conciencia.

Este capítulo no solo ofrece un análisis literario profundo, sino que también nos invita a reflexionar sobre cómo los primeros años de nuestra vida pueden moldear profundamente nuestras percepciones y comportamientos, y cómo la literatura puede servir como una ventana para comprender estos procesos. Wilson logra conectar de manera brillante la psicología, la literatura y la evolución de la conciencia humana en un solo capítulo, haciendo de Prometheus Rising una obra imprescindible para cualquiera interesado en el crecimiento personal y el desarrollo de la mente."

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