El envenenamiento del Imperio Romano
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Taxonomías: #InvestigacionesYT Investigaciones, Ciencia y Futuro, Historia Antigua
En este vídeo analizaremos las pruebas que existen sobre el envenenamiento de las clases altas de la antigua Roma debido a un material pesado, el plomo. Al parecer, hay historiadores y químicos que consideran que esta fue una de las causas de la caída del Imperio Romano.
Aunque nos desplazaremos dos mil años en el pasado vamos a ver también las estrechas relaciones que existen con nuestro tiempo presente. Si es cierto que los romanos ricos se estaban envenenando sin querer con plomo, era porque no tenían los instrumentos para medirlo. No podían saberlo. Visto así, ¿podría ocurrir algo parecido en nuestro tiempo? Vamos a acercanos al tema a través de referencias científicas y lecturas en un vídeo más de la serie “Pequeños Tratados”.
Todo este asunto empezó en 1983, cuando se publicó en el New England Journal of Mecidine un artículo del químico Jerome Nriagu en el que se estudiaba la alimentación y dietas de los emperadores romanos entre el 30 a.C y el 220 d.C. En este artículo, Nriagu mostró que 19 de los 30 emperadores que gobernaron mostraron una preferencia por alimentos y vinos “contaminados con plomo”. En dicho artículo se hipotizaba que las altas causas de plomo en el cuerpo de las clases altas romanas -por los motivos que ahora detallaremos- eran la causa de desórdenes múltiples, desde endocrinos hasta mentales, incluso la propia infertilidad.
En el artículo de Nriagu se establecía un vínculo entre la gran presencia de este material pesado con los comportamientos erráticos o dudosos de ciertos emperadores. Se pone como ejemplo a los famosos Nerón o Calígula, y del torpe emperador Claudio se dice que “tenía un habla perturbada, sus extremidades era débiles, un andar, torpe, temblor, ataques de risa excesiva e inapropiada y enojos indecorosos. Se dice incluso que babeaba a menudo”.
Este artículo tuvo mucha relevancia y tuvo sus afiliados y detractores. Lo que ya se sabía era que efectivamente una excesiva cantidad de plomo puede ser muy perjudicial, tanto a nivel fisiológico como psiquiátrico. Lo que no estaba claro era si las clases altas romanas tenían tanto contacto con este material. Con los años, desde 1983, se han realizado otros estudios que parecen indicar que sí. Los vamos a ver.
Pero primero algún detalle: ¿de dónde venía tanto plomo?. A mediados del siglo I se calcula que la producción de plomo en el Imperio Romano era de cerca de 80.000 toneladas al año. Se calcula que la aristocracia romana podía llegar a consumir hast 1 mg/ al día.
(https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/6395049/#::text=At%20the%20peak%20of%20the,and%20status%20of%20the%20class)
A los antiguos romanos les encantaba el plomo. Lo utilizaban en tuberías, para revestir ataúdes, en sus ollas y utensilios. También estaba presente en la creación de su principal endulzante, el defrutum, en una época en la que el azúcar de caña y la miel eran bastante escasas. Tenían abundancia de uvas y solían hervir el jugo en sus ollas de plomo. Los iones de plomo se filtraban en el jugo y se combinaban con el acetato de las uvas. El jarabe resultante, conocido como defrutum o sapa era muy dulce y se utilizaba en vinos y una amplia variedad de alimentos. De hecho, de las 450 recetas en un libro de cocina de esa época (el libro de cocina de Apicio), 100 pedían esos jarabes. A los romanos también les encantaba su vino, con los aristócratas consumiendo entre 1 y 5 litros todos los días (Es decir, que un poco alcohólicos también eran). Los investigadores que recrearon algunos de los jarabes encontraron concentraciones de plomo alrededor de 60 veces más altas que lo que la EPA permite en el agua potable pública.
Tenemos por otro lado en 2014 un estudio francés que prueba que el agua de las tuberías utilizadas en los acueductos romanos tenía 100 veces más plomo que el agua de manantial de la región debido al revestimiento que se utilizaba. Sin embargo, también señala ese estudio que ese agua no tenía una concentración lo suficientemente alta per se, y que en general se utilizaba no para beber. Luego tenemos un estudio de 2010 sobre el esmalte de romanos difuntos del primer al cuarto siglo después de Cristo en Roma, Reino Unido e Irlanda y se encontraron altos niveles de plomo. También otro estudio de 2019 realizado a esqueletos que vivieron durante la era romana en Londres encontraron que la cantidad era de entre 8 a 123 microgramos por gramo, frente a 0,3 a 2,9 microgramaos de esqueletos de la Edad de Hierro.
Es curioso también que sea el plomo precisamente el agente supuestamente envenenador. Ese metal que en alquimia se asocia a Saturno.
Lógicamente, este elemento per sé no puede determinar la caída de todo un imperio. Aquí por cierto, os muestro la lectura que me llevó a todas estas investigaciones. Un libro de Edward J. Watts publicado por Galaxia Gutemberg que supone una revisión al clásico libro de Gibbon (excelente, pero muy inventivo). En este libro se ve un panorama completo de la lenta pero inexorable caída del imperio y sus múltiples motivos. No obstante, tiene su relevancia el tema del plomo. Pues sí puede distorsionar en alguna medida la psique en masa de su población. A esto habría que sumar otra sustancias perjudiciales consumidas de forma masiva.. Y justo esto es lo que me interesa. La idea de que no se supiera que algo utilizado de forma muy común pudiera ser venenoso. Nos hace pensar, por un lado, en la gran cantidad de tecnologías y sustancias modernas cuyo alcance no conocemos del todo en nuestro cuerpo / no ha sido suficientemente estudiado. Incluyo en este asunto temas como el wifi si un se detiene a leer qué y cómo se estudian sus efectos. Pero para evitar caer en conspiraciones raras podemos detenernos en los mismos metales pesados, o los plásticos, que pueblan nuestros cuerpos de manera mucho más intensiva que en el pasado.
Aquí de pronto surge una conexión sugerente entre la presencia de metales pesados en nuestro cuerpo y el crecimiento desmedido de hongos que pueblan nuestro cuerpo, como es el caso de la cándida. Al parecer uno de los riesgos principales de la presencia de metales pesados en el cuerpo no son ellos en sí sino las interacciones que pueden tener con nuestro microbioma y sistema endocrino.
The Candida species can synthesize nanocrystals of lead sulphide, mercury or cadmium
Bioreduction of precious and heavy metals by Candida species under oxidative stress conditions
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6801149/
https://violetaivanovahomeopathy.com/heavy-metals-toxins-can-cause-candida-overgrowth/
https://www.healthline.com/nutrition/candida-symptoms-treatment#symptoms
Es interesante este detalle de la Candida porque, por ejemplo (y aquí ya especulamos literariamente), una de las primeras descripciones de envenenameinto por plomo la tenemos en el Alexipharmaca de Nicandro, escrito a mediados del segundo siglo antes de cristo. Y dice: "reluciente, mortal blanco plomo cuyo fresco color es como leche que espuma por todo" (II.74ff). El poeta describe una boca espumosa, aspereza de la lengua y garganta seca, junto con arcadas secas, escalofríos, delirios y una fatiga abrumadora”. Claro, esto de alguna forma resuena con los síntomas de sobrecrecimiento de cándida, y si nos fijamos en el efecto de la cándida en la piel, encontramos esa blancura.
Aparecen aquí de nuevo los hongos, cuyas extraordinarias características particulares empezamos a ver ya en un vídeo anterior. Observamos pues que existe una cadena de disrupciones, por decirlo así, que de forma muy sutil, cada una, afectan de una forma u otra, aunque casi imperceptible, al cuerpo y a la psique. Y todas estas disrupciones si actúan de forma conjunta pueden llevar a síntomas. Nosotros nos fijamos aquí en una correlación fisiológica entre metales pesados y la reacción del cuerpo. Pero qué pasa con, por ejemplo, los efectos psicológicos del consumo masivo de pantallas y scrolls, los efectos a largo plazo del sedentarismos y tantos otros efectos de nuestra vida moderna, una vida muy distinta a nuestros antepasados.
