VÍCTOR BALCELLS MATASObras e investigaciones
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Investigaciones12 de marzo de 2023

El trauma, los Sueños y el Insomnio

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En este vídeo analizaremos la relación entre el trauma y el sueño a partir de una obra del psicoanalista Darian Leader, “Por qué no podemos dormir”, publicada en Sexto Piso. Esta editorial ha publicado varios libros de este autor, como “La moda negra: duelo, melancolía y depresión” o “Qué es la locura”, textos muy ilustrativos para introducirse en las categorías de la psicopatología y en el psicoanálisis en general.

El trauma es un motivo central en toda narrativa. Existe una perspectiva generalizada según la cual descubrir un recuerdo traumático y arrojar luz sobre él es como encontrar la pieza que faltaba en un rompecabezas. Sin embargo, la realidad es que pocas veces suele haber un nexo entre el recuerdo traumático y la historia que se construye de él. Normalmente, lo que queda de un trauma es algún detalle del contexto que lo rodeó. Puede ser un mueble que estaba cerca en ese momento, puede ser un detalle decorativo secundario de la escena… La cuestión es que el suceso en sí no queda registrado.

Existen muchos estudios que tratan de estudiar la relación entre el trauma y el sueño según el método científico. En 1965 Herman Witkin y Helen Lewis estudiaron cómo podían afectar sobre nuestros sueños determinados estímulos vistos antes de quedarnos dormidos. Se trabajó con cuatro grupos de varones a los que se les mostraban diferentes filmaciones:

A los primeros se les mostraba una grabación bastante sangrienta de un parto.

A los segundos una operación de circuncisión

A los terceros una mona comiéndose a su bebé muerto.

A los cuartos un agradable documental de viajes.

Witkin y Lewis detercaron numerosas referencias simbólicas a la fecundación y el parto tras aquellas gráficas filmaciones y concluyeron que a los sujetos les costaba más recordar sus sueños cuando los elementos previos al momento de dormir eran tan perturbadores. Parece ser, por otro lado, que los tres primeros vídeos vistos antes de dormir generaban en los sujetos sueños más opacos simbólicamente hablando. Más herméticos, con referencias claras a aspectos de su propio pasado (madre - padre - recuerdos infantiles), frente a sueños incluso naturales o desprovistos de simbología específica para aquellos que vieron el documental de viajes.

Nos quedamos de esto con dos cosas. Uno, con la idea de que lo perturbador se encripta en símbolos y aparece en el sueño. Lo segundo, es que existe un error metodológico en el estudio. Los investigadores pretenden extraer una estadística cuando lo que obtienen son sueños individuales que se fusionan con hechos y recuerdos pasados personales. Toda estadística es vana en la dimensión del trauma.

Cómo reaccionamos al trauma, y en qué puede consistir dicho trauma, diferirá según la persona, igual que será diferente según el momento histórico. Durante la Guerra de secesión americana el síntoma clave del trauma de guerra era el “Corazón irritable”. En la primera guerra mundial era la neurosis conocida como “shock del obús”. En la segunda guerra mundial se definiría como “Fatiga de combate” y sólo a partir de la guerra de Vietnam adoptó nomenclatura que conocemos: Trastorno por estrés post traumático. Para que una persona sea diagnosticada con estrés post traumático tiene que sufrir una serie de síntomas. Sin embargo un estudio cualitativo de la Universidad de Cambridge realizado en el año 2007 estima que el 75% de las personas que han padecido algún trauma de guerra no sufren los síntomas tipificados.

Estamos, pues, como vemos desde diferentes puntos, ante arenas movedizas. Y sin embargo, todos tenemos claro en nuestro interior qué es lo traumático. Al menos como esencia. Desde un punto de vista médico se centró primero la atención en síntomas físicos y actualmente se incide más en la memoria y en las perturbaciones de la misma. Existe la creencia extendida de que el sueño REM facilita la transferencia de recuerdos del día desde su lugar de almacenamiento a corto plazo hacia la memoria a largo plazo. Desde cierta perspectiva médica se argumenta que la ausencia de sueño REM impediría la transferencia y provocaría que el trauma quedara atrapado en la memoria a corto plazo, facilitándose su activación y evocación a partir de pistas ambientales. Por ejemplo, un sonido determinado, un timbre, un portazo, nos devuelve al instante al campo de batalla y a la experiencia traumática.

Comprobar todo esto desde un punto de vista científico es complicado porque, si nos atenemos a la clínica psicoanalítica, el contenido que supuestamente queda atrapado en la memoria a corto plazo y en bucle (y que experimentamos como flashbacks o pesadillas) es muchas veces algo que no le ha ocurrido realmente al sujeto. El trauma está codificado y desviado. Por eso, en un estudio publicado en Psychological Science en 2004, veteranos de Vietnam mostraban más respuestas fisiológicas relacionadas con el trauma cuando hablaban de supuestas abducciones de extraterrestres que cuando hablaban de sus experiencias de combate. El trauma se había transferido y transfigurado en el delirio de la abducción.

Al mismo tiempo, esto es experiencia seguramente compartida, el trauma se invoca muchas veces a través de expresiones secundarias, frases hechas dichas por otra gente… Podemos tener durante años pesadillas con, por ejemplo, un anuncio de la tele. El anuncio de la tele está actuando como marcador del trauma.

Aquí cuenta el caso Darian Leader de una paciente que describió una escena en la que, de niña, fue tocada por parte de su padrasto. Relató detalles precisos del suceso. Sin embargo, tras unos meses de análisis, se dio cuenta de que esa escena era en realidad fake, se dio cuenta de que la había importado casi por completo de una amiga suya que sí había sido objeto de abusos demostrados. Y la cuestión no es que la paciente no tuviera un trama. Lo tenía. La cuestión es que aquello que ella creía que era el trauma (ser violada por padrastro) era una máscara. Esta es la complejidad y sutileza del trauma.

Es una operación muy habitual de la mente tomar recuerdos prestados cuando la memoria se consolida. Por eso hay que desconfiar de la memoria, porque la construcción es mucho más literaria de lo que creemos e incluso las verdades fundamentales podrían ser disfraces de otras verdades más importantes.

Tenemos el caso de Joseph Roberson, soldado que combatió con la 30 División de infantería de los Estados Unidos en la batalla de las Ardenas. En esa batalla tuvo que matar a un soldado Alemán que reptaba por una zanja. Le dijo que se rindiera, el soldado no se rindió, sacó su pistola y Robertson tuvo que disparar primero y matarlo. Durante años lo que soñó fue la imagen de aquel soldado rubio, de piel pálida y ojos azules al que había matado. Lo que aparecía no era el momento de la muerte y la desfiguración, sino la imagen angelical.

La imagen, en este caso, es un sustituto, algo que indica el punto de un horror inconcebible. No pensable. Ante estas imágenes el terapeuta no puede descubrir el trauma sin más, lo que se esconde detrás, pues eso sería destructivo. Hay que permitir que aflore. No es lo mismo circunscribir un trauma que tratar de recordarlo.

Aquí, para ir cerrando, volvemos a los sueños. Los clínicos saben que, cuando los sueños de un paciente comienzan a llevar inscritos ciertos hechos traumáticos, se ha producido un progreso. Darian Leader, autor de este libro que estamos comentando (“Por qué no podemos dormir”, una investigación sobre el sueño) nos habla de un paciente que fue abandonado cuando era niño durante un año por el padre. El paciente no recuerda nada de ese abandono: no siente que haya herida allí. Lo que recuerda es el regreso del padre, en concreto un regalo que le trajo al regresar. Sin embargo, cuando avanzó el análisis, el paciente destacó un ciclo de sueños en los que se veía acercándose a una casa vacía, identificada como el hogar de su infancia. Despertaba con sentimientos de extremo vacío y desconsuelo. El sueño estaba simbolizando la situación. Cuando se produjo este ciclo de sueños empezaron a disminuir los síntomas por los que había llegado a la terapia.

De alguna forma, se abre la conexión con la herida y se permite que el inconsciente mismo la trabaje y la cauterice.

¿Qué función tienen los sueños? Diríamos que es una intervención quirúrgica en los recuerdos, pero de un tipo muy particular, pues toma residuos del día y los engancha a hilos inconscientes de pensamientos y de fantasías. Un discípulo de Freud, Schwerdtner ya dijo que dormir era una forma de psicoterapia individual. Donde el inconsciente es un lector que interpreta material nuevo y lo absorbe dentro de estructuras preexistentes.

Cuando no lo consigue, podemos encontrar los síntomas. Lo que no se puede interpretar se manifiesta de diferentes formas desconectadas (delirio, por ejemplo, o los famosos terrores nocturnos, también asociados por cierto al dios Pan, pánico, grutesco, ser con pezuñas de cabra). Esto explica por qué los veteranos de guerra traumatizados entran en la fase REM mucho más rápido que otro perfil: en esos individuos hay una especie de presión de soñar, es decir, una presión para tratar de procesar lo que los ha desgarrado, en definitiva.

Observábamos en el vídeo anterior la relación entre las sincronicidades y los momentos de crisis. Veo aquí, en el tema de los traumas y los sueños, muy sutilmente, una afinidad que os dejo a vosotros reflexionar y, si queréis, comentar.

Quiero recordar que este es un canal literario y que me baso en lecturas y autores para componer los textos, pero que busco al mismo tiempo hilar un discurso, aunque sea tenue y sólo a través de patrones, acerca de la complejidad insondable del ser humano, una complejidad que a toda costa buscamos ampliar en contra de discursos reduccionistas, estadísticos o ideológicos que simplifican lo que no puede por definición simplificarse y, tal vez, ni siquiera explicarse.

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