VÍCTOR BALCELLS MATASObras e investigaciones
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Investigaciones9 de marzo de 2025

Histeria e Hipnosis con Siri Husvedt

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2:58 Foucault Locura

5:54 Algo sobre la imaginación

11:44 Visita a una Santera

Hipnosis, histeria y sanación | Lloré durante 4 años y cuando paré estaba ciega

En este vídeo analizaremos un artículo de Siri Husvedt publicado en "La mujer que miar a los hombres que miran a las mujeres". Es un artículo complejo pero muy revelador, uno de esos que te explotan la cabeza, así que sugiero sigamos el siguiente hilo conductor. El trabajo trata de contestar a un pregunta fundamental que también hemos formulado en este canal cuando nos hemos aproximado a cuestiones como las "formas mentales" o "Magick". La pregunta es:: ¿Cómo una idea o un factor psicológico -generados interna o externamente, consciente o inconscientemente- puede provocar parálisis, convulsiones, mutismo, sordera y ceguera? Esta es una pregunta, como decía, que ya hemos formulado aquí, pero la aproximación de Husvedt me resulta novedosa.

Primero, partimos de un caso concreto. A mediados de 1980, Gretchen Van Boemel, directora de electrofisiología clínica en la Universidad de California del sur, empezó a ver a decenas de pacientes que acudían a su consulta quejándose de ceguera o de vista gravemente afectada. Van Boemel observó que todas las pacientes, mujeres, tenían una historia en común: eran refugiadas camboyanas residentes en california que habían sobrevivido a las atrocidades de los jemeres rojos. Una mujer que en 1975 había visto cómo se llevaban a su familia para ejecutarla contó que había llorado durante cuatro años y que cuando dejó de hacerlo estaba ciega. Las personas que visitaron a Van Boemel habían sido testigos de cómo mataban a golpes, destripaban, decapitaban o ahorcaban a sus familiares y amigos. Esta paciente dijo que los jemeres la habían golpeado tantas veces que su espíritu había abandonado su cuerpo.

Van Boemel y otros colegas de la zona llegaron a ver hasta 150 mujeres camboyanas que sufrían distintos grados de ceguera histérica, también llamada entonces trastorno funcional, somatomorfo o de conversión.

Tras esta historia tenemos un punto importante: en la literatura psiquiátrica actual se sostiene una y otra vez que la conversión es una enfermedad psicogéna sin causa orgánica. Estamos aquí rastreando concepto de histeria (que goza de cierta mala fama entre los círculos humanísticos, por lo que queremos abordarlo con la máxima discreción). En 1682, en su epistolary dissertation, Thomas Sydenham la describió como una condición común "proteiforme y camaleónica" y la vinculaba a aflicciones antecedentes de una persona. Rompiendo con otros teóricos, sostuvo que los hombres también podían sostenerla. Doscientos años más tardes, Jean-Martin Charcón la convirtió en una enfermedad famosas y sensacionalista en el hospital de la Salpetrie de París, donde hizo demostraciones públicas en las que sus pacientes histéricas, bajo hipnosis, representaban su enfermedad delante de un público fascinado.

Estos espectáculos sin duda ofuscaron su trabajo científico y de ahí viene parte de esta opinión negativa en torno al término, sugiere Husvedt. Aquí dice: En su libro Medical Muses, un estudio de la vida en la Salpetrie. y de tres mujeres al cuidado de Charcot, mi hermana Asti Hustvedt formula sucintamente el problema que todavía acosa a la enfermedad: «Estoy convencida —escribe— de que Blanche, Agustine y Geneviève no fueron fraudes ni pasivos receptores de un diagnóstico falso. Realmente “padecían” histeria. Situada en la problemática frontera entre los trastornos psicosomáticos y los somáticos, la histeria era un embrollo entre enfermedad real e imaginada». Tiene razón, y ese embrollo debe ser objeto de examen. Esto lo dice Husvedt y yo lo suscribo con la intención de desembrollar también.

Lo que tenemos de Charcot y Sydenham es que:

La histeria es un trastorno neurológico, unisex, que no dejaba rastro en los cerebros de acuerdo con los cuerpos examinados en las autopsias.

Sin embargo, se asignó un papel a la sugestión en la histeriaun factor psicológico relacionado a menudo con un shock. El shock causaba una autosugestión que derivaba en parálisis, convulsiones o alguna otra «copia» de enfermedad neurológica. Además, Charcot creía que a través de la sugestión hipnótica podía crear en sus pacientes «histeria artificial», un estado que mimetizara la enfermedad mimética. (Si uno se para pensarlo aquí de pronto adquiere mucho sentido la misteriosa idea de Lacan: la histeria es una condición favorable si uno quiere ser actor)

Tenemos pues esta cuestión de la conversión: cómo de un fenómeno psicológico se enlaza un fenómeno físico con cierta relación simbólica. Husvedt se pregunta: ¿Qué papel juega la imaginación en la fisiología de la histeria? ? ¿Está la histeria a sólo un paso de la simulación, como tantos neurólogos parecen creer? ¿Es una enfermedad que actúa a nivel inconsciente? Charcot consideraba la teatralidad como un síntoma de la enfermedad, y la imagen de la actriz dramática sigue rondando el uso cotidiano del término histeria. A finales de la década de 1880, William Gowers definió la histeria como «la gran neurosis mimética» y, en las charlas sobre la histeria que impartió en Harvard en 1906, Pierre Janet vinculó explícitamente la imaginación con la histeria. «Un individuo tiene las piernas en estado de contractura porque afirma que se las ha arrollado un carro. Al verificarlo se descubre que el carro pasó por su lado y que él no sintió nada en absoluto. Un verdadero shock logrará menos que este shock imaginario.» Este sería otro caso de conversión. El artículo da más vueltas para contextualizar pero yo quisiera ir al su centro (y ya invitaros a leer el libro entero, de una inteligencia sublime)

A nivel científico, tenemos una interesante correlación. La serie de estudios de tomografía computarizada (TEP) publicados en 2000 por P. W. Halligan y otros autores, que comparaba un estudio anterior de un paciente de conversión con parálisis en la pierna izquierda con una persona con parálisis inducida hipnóticamente, reveló marcadas similitudes en la activación cerebral. «Los fenómenos hipnóticos —concluyeron los autores— proporcionan un modelo versátil y comprobable para entender y tratar los síntomas de la histeria de conversión». Ahora, estas publicaciones del año 2000 en esencia corroboran lo afirmado en los escritos de Charcot y Freud y no suponen ningún avance teórico, solo una constatación fáctica de que hipnosis e histeria son estados afines.

En las charlas que impartió Pierre Janet sobre la histeria en 1906 en Harvard, leemos: «En realidad lo que ha desaparecido no es la sensación elemental sino la facultad que permite al sujeto decir con claridad: “Soy yo quien siente, soy yo quien oye”». El paciente histérico que de pronto se vuelve sordo o ciego no ha perdido el equipamiento fisiológico necesario para oír o ver. Ha perdido la conexión entre su sentido de agencia y el oído o la vista. Hay una gran diferencia entre notar cómo mi brazo se dispara de pronto hacia arriba durante un ataque convulsivo y alargarlo para coger una copa de un estante de la cocina. ¿El histérico, como el sujeto hipnotizado, se enajena de alguna manera de su propia voluntad a través de una sugestión, que convierte un estado imaginario en uno real?

Porque algo es claro: impera en la literaturas científica la sospecha de que la histeria o trastorno de conversión es un fenómeno irreal, somético, fingido, ficticio. Sin embargo, los estudios cerebrales por imágenes entre el fingimiento de una parálisis y una parálisis de conversión son distintos, no casan y han vuelto un poco más real, la existencia de la conversión histérica. Pero estas correlaciones, al fin y al cabo, no pueden explicarnos por qué la visión de unas escenas horribles dejó ciegas a tantas camboyanas. Hay un misterio en la conversión histérica: En su Psychopathology of Hysteria (1913), Charles D. Fox comenta el misterio: «Naturalmente todo el asunto gira en torno al antiguo y omnipresente problema de la relación entre el cerebro y la mente; la cuestión consagrada por el tiempo del monismo y el dualismo». Todo el asunto sigue girando en torno a esta relación. Y por eso establecía al principio una conexión con nuestros estudios sobre magick y mundo esotérico variado: aquí hay sustancia, materia prima. Surge de pronto una pregunta clara: ¿Qué es psicológico y qué es fisiológico? ¿Existe alguna frontera entre ambos conceptos o es solo un juego del lenguaje que, una vez más, nos engaña? ¿Cómo, se pregunta Phillip Slavney en su libro "Perspectives on Hysteria" se traduce el significado de lo que sucede en la patofisiología de las neuronas?

Cada paciente de conversión tiene una historia y su relato personal es clave para entender el teatro fisiológico del síntoma. Bajemos de nuevo a una historia personal, concreta. En Borderlands of Psychiatry (1943), Stanley Cobb expone el caso de una joven histérica de veintiún años a la que atendió en el ala psiquiátrica del Massachusetts General Hospital. Como tantas mujeres que ingresaron en el Salpêtrière, ella acudió con síntomas drásticos y un historial de accidentes y maltrato. Cuando llegó hiperventilaba y tenía contracturas en los pies y las manos, pero parecía indiferente a los síntomas severos. Daba muestras de belle indifférence. Desglosaré su historia en una serie de fragmentos tomados del relato más extenso de Cobb: padre alcohólico, madre con discapacidad mental; tos ferina, convulsiones y neumonía antes de cumplir el año; a los dieciocho meses cayó en un pozo negro y estuvo a punto de ahogarse; resfriados frecuentes, caídas, sonambulismo y otitis (infecciones del oído) cuando era niña; violada a los doce; desmayos, vómitos, violada de nuevo a los dieciséis, dejó el colegio a los diecisiete tras la muerte del padre y se puso a trabajar como empleada doméstica, largas jornadas por un sueldo mísero; parálisis del lado derecho; temblor incontrolable, temblor posteriormente curado por un curandero; movimientos coreicos (breves, irregulares) y tetania (espasmos musculares) seguidos de periodos de remisión; empezó a trabajar con un jefe asmático y desarrolló síntomas de resuello, y fue ingresada.

Cobb trató a la paciente con hipnosis y sugestión. En el resumen que hace del caso insiste en la futilidad de trazar una línea entre lo mental y lo físico: «Las observaciones sobre esta paciente son únicas porque fue posible estudiar un caso de tetania de hiperventilación mediante análisis químicos de la sangre y, en la misma sesión, tras curarla por hipnosis, estudiar otras muestras de sangre y constatar que eran normales.

Además, los cambios químicos observados en la sangre de la paciente eran extremos y demostraban que el proceso histérico puede provocar cambios químicos serios y verificables. Por otra parte, se probó que los “cambios objetivamente verificables” en los análisis químicos sanguíneos de la paciente habían sido causados por sugestión hipnótica».

La mujer camboyana que vio cómo se llevaban a su familia por la fuerza dijo que lloró durante cuatro años y que cuando paró estaba ciega. En su caso, como en los de sus compañeros refugiados, la transformación del horror en un paciente con ceguera funcional puede describirse como simbólicamente perfecta, el trabajo del sueño despierto, por así decirlo. Los cuerpos de las mujeres se han convertido en metáforas ambulantes de la experiencia intolerable de un modo no muy distinto al de las imágenes concretas y emocionalmente destacadas de nuestros sueños. Merleau-Ponty llamó al sueño «una ontología corpórea, un modo de ser con un cuerpo imaginario que pesa».

En un artículo de 1979 sobre la hipnosis y la sanación publicado en Australian Journal of Clinical and Experimental Hypnosis, Kenneth Bowers arguye que el poder curativo altamente específico de la hipnosis radica en «la capacidad del sistema nervioso central para el simbolismo y las imágenes» y debe implicar «la transducción de información de un nivel semántico a uno somático, posible por mediación de las imágenes».

Dice Husvedt para cerrar: Para comprender la histeria habrá que dar un vuelco a nuestra comprensión de lo que es realmente la mente-cerebro y promover un cambio de paradigma que ya está en marcha.

Bien vale la pena recordar lo que William James escribió al final de su Compendio de psicología. La única esperanza que le queda a la ciencia es «entender cuán grande es la oscuridad en la que avanzamos a tientas, y no olvidar nunca que los supuestos de las ciencias naturales de los que hemos partido son provisionales y revisables».[

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