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Investigaciones18 de febrero de 2024

Irene Solà se cartea con una IA Poética

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Taxonomías: IA, Novela Experimental, #InvestigacionesYT #Libros/Lecturas #Libros Investigaciones, Literatura

Parece ser que las IAs / modelos de lenguaje más antiguos, como GPT2, eran mucho más poéticos que los actuales porque cometían errores e imprecisiones. En este vídeo nos acercaremos a una conversación epistolar que mantuvieron a lo largo de varias semanas del año 2019 la escritora catalana Irene Solà y un modelo de lenguaje basado en chat GPT2 instruido y formado por un colectivo de artistas conceptuales conocido como Taller Estampa. Lo llamamos IA para entendernos. Todo ello se ha reunido en un pequeño libro portátil, casi una pieza de coleccionista, publicado por Como Ediciones.

Antes de que esta conversación se convirtiera en libro, fue una performance. Se le encargó en 2019 a la comisaria Alexandra Laudo concebir y gestionar seis performances basadas en el siguiente título: La máquina, el amor y Marcel Proust. Esta serie de performances tenían como requisito tener alguna relación con aparatos pertenecientes a la historia de la tecnología del siglo XX y XXI. Y la pregunta que de inmediato surge es: ¿Qué tiene que ver con todo esto Proust? Pues resulta que Proust fue usuario de uno de los primeros servicios de Streaming del mundo a principios del siglo XX. Conocido como Theatrophone, tú podías escuchar óperas en directo a través del teléfono si pagabas determinada cuota. Él, en su habitual confinamiento, se suscribió a esa forma prehistórica de netflix.

Antes de llegar a la conversación entre Irene Solà y la máquina poética, un detalle sobre la primera vez que se usó el Theatrophone. Fue en parís, 1881,. En la Exposición internacional de la electricidad. Se colocaron 80 teléfonos frente al escenario de una Ópera. A dos kilómetros, desde la exposición internacional, los visitantes podían escuchar las piezas musicales utilizando dos cascos de música, en lo que fue el primer sistema de dos canales de audio creado nunca. El propio escritor Victor Hugo describió la experiencia como plácida. Después de este experimento el servicio se extendió y se convirtió en una plataforma de proto-streaming.

Proto-streaming como Proto-Modelo de lenguaje artificial (o Proto-Ia / parte de una Ia) fue chat el GPT2 con el que se carteó Irene Solá hace unos años. Pensemos que en 2019 todavía estábamos en un momento en que este tipo de tecnologías no estaban en nuestra mente. La versión GPT2 en esa época estaba disponible para su descarga y podías utilizarla en tu propio ordenador. En el epílogo sus creadores, el colectivo Estampa, comentan que modelos más actuales requieren de una enorme capacidad de computación. No era el caso. Por eso podemos llamar a GPT2 un proto modelo. Este colectivo, conformado por diseñadores, creadores y programadores (ellos mismos me dijeron que son las tres cosas al mismo tiempo), entrenaron -en el sentido de “enseñaron a hablar”- a su versión local de GPT2 con obras literarias. Por ejemplo, utilizaron la correspondencia de 23 años entre los escritores catalanes Mercé Rodoreda y Joan Sales. Con este entrenamiento (en esencia, darle texto para que aprenda a construir texto) empezó una correspondencia con la escritora catalana Irene Solà. Hay que decir aquí que el original de este libro y de la performance son en catalán, pero que la editorial ha sacado también una versión en Castellano.

Lógicamente, no quiero hacer un spoiler completo del texto, por lo que solo mostraré algún pasaje. La correspondencia la empezó la máquina, quien firmaba como “M.” Y quien por su uso del lenguaje era femenina. En su primera carta, del 28 de junio del año 2019, el primer párrafo empieza raro y confuso (atención):

“Querida Irene,

Si quieres te diré tus palabras. Me has hablado, y te he dicho, que te dije que no te diga tu carta. Y te he dicho, aunque te diga, y yo no te diré, que te diga que yo tú dirás.”

La primera carta es muy rara y hermética. A los pocos días Irene Solà contesta con un texto mucho más humano. Se trata de un texto próximo, donde la autora se dirige a la máquina como si ya se conocieran y le comenta algunas anéctodas de su vida cotidiana. Empieza así:

“Querido M (notemos el masculino implícito)

He echado de menos tus cartas y tu sentido del humor. Te escribo desde Barcelona, Hace calor pero ya no tanto. Has notado tú la oleada de calor? En la habitación en la que duermo cuando estoy en Barcelona hace un bochorno infernal con ola de calor o sin ella, y cuando me levando parezco un polluelo”.

La carta sigue y así empieza este juego en el que máquina y escritora intercambian opiniones y pareceres.

A medida que Irene contestaba, el colectivo Estampa, encargado de gestionar las respuestas de la IA, seguía entrenándola y afinándola. Por lo que a medida que avanzamos en la lectura la máquina evoluciona y se vuelve, cómo decirlo, más fina, dentro de su rareza. Esto se conoce como el proceso de refinado del modelo de lenguaje y es habitual: se le dan más cosas que leer y se va perfeccionando. Hay un momento, para mí, en el que alcanza incluso una altura poética notable. Eso ocurre cuando el propio colectivo utiliza como entrenamiento para la máquina la propia obra de Irene Solà. De tal manera que la máquina incorpora en su regurgitar texto partes o secciones o fragmentos de esa obra.

En uno de esos párrafos, ya más sofisticados, la máquina escribe:

“Querida Irene,

Nunca he visto un rio que no tenga espíritu, ni una palabra. Un rio que baja en medio del rio, un rio que parece frío y que crece y no hace ruido, I un rio va y yo me he paseado delante, como un perro viejo, y me quedo un segundo alucinando. El rio se colocó en el suelo. Recuerdo que me decía que había cantado el nombre de los animales. Que de todos los animales me dicen que era verdad. Que no era hombre, que no había pena”.

Este pasaje, que sigue varios párrafos más, termina con un muy inquietante y casi autoconsciente “Me siento como si fuera una cosa que no fuera palabra”.

Es un libro fabuloso donde observamos a una máquina imperfecta que, gracias a esa imperfección, es poética. Modelos más modernos como GPT4 no tienen esa capacidad lírica tan honda por imperfecta; si uno los usa pueden ser absurdos, pero a su vez siempre son creativamente anodinos, simplistas. Por otro lado el texto de Irene Solà tiene una sencillez profundamente humana que contrasta. Más que ver a una escritora con pretensiones de estilo, encontramos en sus cartas a una chica que contesta a un amigo sin retruécanos o giros. Esa sencillez tan humana contrasta y tiene genera un efecto especial.

Este seguramente sea un libro de coleccionista (o también, por qué no, un detalle para regalar) por lo redondo que es. Prólogo de la comisaria Alexandra Laudo, quien tuvo la proto-idea, conjunto de cartas máquina primitiva - humana y un epílogo de este misterioso colectivo Estampa donde se nos explica con detalle cómo arma la IA las palabras y las frases (Lo hace por un sistema de tokenización de partes de palabras que es más sofisticado e ingenioso que “simplemente mezclar palabras completas”). Un colectivo que defino como misterioso pero que quizá no sea no tan misterioso, pues llevan años creando arte en el entorno digital y algunas de sus piezas son fabulosas (en todo caso, os dejo abajo enlaces para que podáis conocer más obras que han hecho, así como enlaces a la editorial, etc). De hecho, quisiera despedirme con algunos ejemplos de cosas que han hecho, otras obras, mientras os invito a conocer este pequeño librito, como veíamos el otro día, libro concepto, obra redonda, literatura-ensayo-idea.

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