La Inteligencia de las Plantas (y los Hongos)
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Nos gusta pensar la inteligencia según la siguiente definición que leí o escuché en Claudio Magris: “La capacidad de distinguir una cosa de otra”.
Las raíces crecen en el suelo y, por lo tanto en la oscuridad.
Esto es algo que parecen no conocer en los modernos laboratorios.
En biología molecular los experimentos con plantas suelen realizarse sin tierra. Se utilizan plantas modelo, como por ejemplo la Arabidopsis thaliana, insertadas en una base de gel u otros soportes transparentes que contienen las sustancias necesarias para su crecimiento.
Estos geles transparentes permiten a los científicos estudiar con mayor comodidad las plantas.
Durante estos experimentos, las raíces están siempre expuestas a la luz. Es decir, a unas condiciones innaturales que, en consecuencia, le causan estrés.
En estos geles las raíces tienden a crecer más rápido. Este crecimiento suele atribuirse al bienestar de la planta. Se dice: “si crece más, será porque se encuentra a gusto”.
No es así: la raíz crece antes porque trata de escapar.
Y lo llaman bienestar.
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Me fijé en el efecto contrario en una de mis plantas, un jazmín chino. Al colocarlo junto a una pared que proyecta cierta sombra hace dos meses, empezó crecer en dirección a la luz, ascendiendo por el muro de hormigón.
Tres ramas han conseguido ascender y posarse de tal manera que el sol les da más horas. La planta concentra sus fuerzas en esas tres ramas.
Si las raíces necesitan de la oscuridad y el lento gestarse, en la parte opuesta la planta se prolonga en busca de la luz.
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En el libro de Rudolf Steiner “Cómo acceder al conocimiento de los mundos superiores” se plantea un ejercicio de meditación y contemplación.
El ejercicio se titula contemplación de las plantas.
Consiste en ubicarse cada día durante diez minutos ante una planta.
Lo único que hay que hacer es contemplarla en su constante y al mismo tiempo, indistinguible crecimiento.
Sentir su fuerza, su sensibilidad. Hacer de la planta y el concepto de su crecimiento inexorable la única imagen mental, durante un rato.
Plantas honestas y plantas deshonestas:
Fijémonos en el Altramuz. Esta planta produce muchas flores. Pero tiene un problema: debe evitar que las abejas visiten la misma flor más de una vez. Una vez realizada una visita a la flor por parte de una abeja, sería inútil recibir una segunda visita de una segunda abeja. Pues ya no habría ni néctar ni pólen.
Por ello el Altramuz ha adoptado una estrategia honesta frente a los otros. Una vez la flor ha sido visitada, cambia el color de la flor a azul. Emite una señal a otros insectos para señalar que una flor ya no contiene nada.
Hacia fuera es honesta con lo que hay en su interior.
En cambio, está la deshonestidad de las orquídeas. Ellas engañan a los insectos. Les obligan a transportar el pólen sin que reciban nada a cambio.
Las orquídeas son un tipo de organismo con una capacidad mimética camaleónica.
Las flores de las orquídeas suelen imitar la forma de la hembra de algunos himenóptreros no sociales. Además de la forma, la orquídea simula la consistencia de los tejidos, la superficie y también el olor. Segrega unas feromonas idénticas a las que producen las hembras cuando están listas para el apareamiento.
Los destinatarios de la trampa acaban copulando con la flor, y engañados transportan luego su fruto.
Vemos también la complejidad de la existencia de las plantas en la así llamada “Timidez de las copas”, definida por el físico Francis Halle (1938).
Según este fenómeno, ciertas familias de árboles tienden a evitar que las copas se toquen. Se trata de una especie de timidez social de las plantas para las de con su misma especie. Pienso en mí mismo todas las veces que no salgo de casa o, saliendo, no me comunico con nadie.
Las fagáceas, las mirtáceas o las mirtáceas son plantas reservadas.
Mirad hacia el cielo en medio de un bosque de pinos para comprobarlo.
Volvemos tras este recorrido breve por la inteligencia y sensibilidad de las plantas a las oscuras raíces.
Las raíces no sólo se comunican entre sí, de planta a planta. También lo hacen con la rizosfera (del griego esfera de la raíz): seres vivos que viven alrededor. En ocasiones traban simbiosis inter especie.
Como es el caso de las micorrizas. Un tipo particular de simbiosis que se establece en el subsuelo entre la parte vegetativa de los hongos y las raíces de muchas especies vegetales.
En algunos casos el hongo forma una especie de manguito en torno a la planta e incluso consigue penetrar en sus células. Una asociación mutualista: el hongo aporta elementos minerales como el fósforo y recibe a cambio azúcares producidos por la planta mediante fotosíntesis. Una forma de trueque ventajosa para ambos.
Que se produce en la oscuridad y bajo tierra.
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Es para mí interesante el hecho de que una de las terapias con mayor potencial contra la depresión surge de la profunda tierra. No del mundo vegetal, sino del mundo de los hongos, que acabamos de mencionar.
A diferencia de las plantas los hongos no hacen la fotosíntesis.
Las terapias con hongo psilocibios, muy utilizados en ciertas poblaciones rurales con tradiciones lejanas, sirven como agonistas parciales en los receptores de serotonina 5-HT2A y 5-HT1A en el cerebro.
Estudios recientemente publicados muestran cómo la psilocibina mejora la plasticidad y la interconexión entre las neuronas incluso tres semanas después del tratamiento. El tratamiento tiene origen natural, un hongo, y es sustitutivo de farmacología antidepresiva.
Llama la atención que durante tantos años estas sustancias milenariamente sagradas fueran prohibidas. Tal vez para que pudiera florecer la dominante industria farmacéutica de los antidepresivos. En la actualidad un 10% de la población de españa consume antidepresivos industriales. Más de 4,5 millones de personas.
Igual que la consciencia, la inteligencia es maleable y multiforme.
Ser capaces de ampliar ciertas concepciones del mundo a través de pequeños matices nos ayudará a comprenderlo mejor y, sobre todo, a ubicarnos en una posición menos central en él. Una posición de primacía que nada justifica que nos hayamos autoadjudicado, más que la destrucción y su historia natural.
