VÍCTOR BALCELLS MATASObras e investigaciones
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Investigaciones31 de marzo de 2024

Libros Raros, Bacterias , Poemas y otras cavilaciones

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En este vídeo nos adentraremos en la obra de Christian Bök y sus poemas creados dentro de bacterias. Es decir, con las bacterias como soporte de la escritura. Tal y como suena. Lo haremos con un recorrido que nos llevará a ver también algunos libros y conceptos afines al tema.

Para empezar, ayer un amigo me llevó a ver una presentación un tanto extraña. Existe una región liminal entre el mundo del arte y el mundo de la literatura donde se crean piezas que me fascinan. Este amigo me dijo que presentaban un libro titulado “Historia del esputo”. Y así fue. En una sala recóndita y escondida en el centro de Barcelona, a oscuras, asistí a la lectura de algunos capítulos de este volumen centrado en estudiar el estudio del escupitajo en profundida. Éramos en la sala unas veinte personas. El artista, Gabriel Pericàs, al acabar la performance, explicó cómo llevaba ya más de seis años estudiando el tema. Y pensé: mira que hay artistas raros y obsesivos que consagran partes importantes de su vida a algo minúsculo. Puede ser que esos artistas sean los más interesantes. Al mismo tiempo, el mismo libro, en inglés titulado “History of lubrication”, me causaba cierto rechazo. Pensaba: ¿Quién en su sano juicio se obsesionaría por los escupitajos durante años? ¿No es eso un tanto raro?

La cosa sólo acababa de empezar. Por profundizar un poco más en lo “raro”: El libro, que finalmente no compré, lo vendía una misteriosa librería catalana llamada Ja. Esta librería tiene una particularidad: tan solo vende un libro a la vez. La podéis encontrar en la entrada de la sala de exposiciones La Capella (para quienes seais de Barcelona o visitéis la ciudad) pero también en Redes.

Luego, de regreso a casa, empezaron a darse suaves sincronicidades. En el metro, recuerdo, estaba con este libro (mostrar libro de Michel Nieva). Se trata de un compendio de pequeños ensayos híbrido sobre literatura y tecnología. El autor, Michel Nieva, llamó mi atención el año pasado con una novela de ciencia ficción con videojuegos muy loca e imaginativa: “La infancia del mundo” (tenéis por cierto una conversación que mantuvimos él y yo sobre este libro en el Canal de la editorial Anagrama). En este ensayo, también estimulante e inteligente (que por cierto os recomiendo si os gustan las rarezas que conducen a otras rarezas), en este ensayo encontré la referencia a Christian Bok, poeta que escribe dentro de las bacterias.

Christian Bok es el creador de lo que se llama la genética literaria. Se le conoce como uno de los pioneros en el arte “transgénico”. Tal y como explica Nieva en su libro “En el año 2001, Bök afirmó que su misión era extender la poesía más allá de los límites formales del libro, y que su escritura emergiera en nuevas formas de vida. De esta manera inició The Xenotest Experiment, un ambicioso proyecto aún no finalizado con el que aspira, junto a un equipo de biologos de la Universidad de Calgary, a codificar sus poemas en el genoma de una bacteria llamada Deinococcus radiodurans.

Esta bacteria es una de las criaturas más resistentes al calor y a la radiación que se conocen, y se estima que no solo sobrevivirá al fin de la especie humana, sino a la muertey explosión del sol dentro de cinco mil millones de años.

Con este método de inscripción, la bacteria, al reproducirse, legaría eternamente a sus futuros especímenes los poemas encriptados en la información genética que la define como especie.

Esto desde un punto de vista tecnolgico es relevante, pues el papel no dura eternamente y mucho menos duran los “discos duros” o sistemas de almacenamiento digital actuales. Aquí, ojo, porque los discos duros ferromagnéticos con más de 20 años de antigüedad están perdiendo su información y es noticia la gran cantidad de contenido digital que se está “deshaciendo” en estos formatos poco estables que todos usamos. En cambio, el ADN de las bacterias preservaría la información durante millones de años y en cada bacteria se podrían almacenar hasta 215 millones de gygabytes, o sea, 28600 libros en un espacio inferior al de una célula.

Así que la idea de Bök tiene un sentido práctico: forjar textos tan imperecederos que se habrán de conservar hasta cuando ya no haya nadie capaz de leerlos. Para dicho fin, explica Nieva en su fascinante ensayo, Bök diseñó un alfabeto químico que en esencia consistió en cifrar cada una de las 26 letras del alfabeto a codones, que son secuencias de tres nucleótidos de ADN. Aquí entraríamos en detalles técnicos que detalla en profundidad el ensayo, pero en esencia lo que hizo fue codificar en en cadenas de ADN palabras. (por ejemplo, como vemos en pantalla, la palabra Poet).

Lo interesante de este proceso es que no acaba ahí. Es decir, no se trata solo de un método para grabar palabras dentro de la bacteria. Bök fue más allá.

Compuso un soneto titulado “Orpheus” que al incorporarse al ADN, proporciona la información para que la bacteria escriba un poema nuevo y complementario, que Bok apodó Eurydice.

O sea, básicamente, la bacteria puede hacer dos cosas:

1. Almacenar documentos escritos

2. Almacenar documentos escritos que pueden transformarse en otros documentos nuevos.

El poema Orpheus empieza con “Any style of life / is prim” y la bacteria lo transforma en el poema Euridyce que dice “The faery is rosy / of glow”.

Al parecer, de forma experimental, todavía no se ha logrado insertar los poemas en esta bacteria súper resistente llamada Deinococcus Radiodurans, pero sí se ha conseguido introducir en la Escherichia Coli. Por lo que podemos decir, afirma Nieva, que esta bacteria es la primera poeta no humana de la historia.

Bueno, con todo esto Christian Bök creó un libro, the Xeno text Book 1. Se publicó en 2015 y contiene algunos de estos sonetos grabados en bacterias.

Es curioso que se llamara a estos poemas Orfeo y Euridice. Recordemos que Orfeo intenta rescatar a Eurídice del inframundo y fracasa en el intento al querer contemplar su rostro, al cual Maurice Blanchot, explica Nieva, llamó “el límite que el arte no puede alcanzar”.

Me pareció curioso leer este texto después de asistir a una rara presentación de un libro titulado “Historia del esputo”, cuyo contenido bacteriano sin duda también es relevante. Y añadimos este contenido a otros libros que hemos visto en este canal, como el ensayo sobre materiales y hongos de Laura Tripaldi, o esta novela “El vasto territorio”, que también trata sobre lo microscópio y sus particulares formas de inteligencia.

Es algo que me sorprende del mundo, o de la realidad, o de matrix, como queráis llamarlo: uno inicia ciertos caminos investigadores y entonces empiezan a aflorar cosas afines y sincrónicas por todos lados. De la historia del esputo al almacenamiento de poemas en bacterias, ese fue mi día de ayer. Un día, por otro lado, lluvioso y anodino, duro, frío en las emociones, decadente para variar. Eso sí, tuve un feliz encuentro con un amigo al que aprecio, una buena conversación. ¿Puedo pedir algo más?

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