VÍCTOR BALCELLS MATASObras e investigaciones
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Investigaciones24 de marzo de 2024

StoryWatchers, Psicología de las Stories de Instagram

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Instagram es algo así como el agujero negro de nuestra psique, también una máquina de crear formas mentales erráticas en nuestra mente. <<<

Nos vamos a fijar en este vídeo en la psicología de las Stories de Instagram, un formato que solo dura 24 horas online pero que permite hacer muchas inferencias en torno a la privacidad ajena. Hago este vídeo dado que uno de mis trabajo profesionales es el de analista de datos y porque hace un tiempo una artista a la que admiro como escritora, Anna Pacheco, me sugirió crear vídeos sobre los efectos de internet en la mente. Este es el primero de una serie. Veamos qué pasa con las Stories de Instagram, qué son los storywatchers, qué disonancias cognitivas surgen de todo esto, cuál es la locura a la que nos abocamos. Veámoslo con ejemplos y, claro, también con algún libro y referencia.

Algo que destaca de entrada es que cuando tú subes una Storie puedes ver, si haces click en la parte inferior izquierda, quién la ha visto. Este es el elemento clave que conduce a territorios inciertos y, como veremos, a situaciones imprevistas.

Hay algo fundamental en mi experiencia como analista de datos para empresas. Normalmente las herramientas que utilizo tienen muy en cuenta la protección de datos y la privacidad de los usuarios. Por ejemplo, cuando uno utiliza Google Analytics para analizar el tráfico de una página web solo tiene ante sí números y cifras: no es posible saber quién en concreto está visitando tu página, eso es algo que Google no permite. Si os habéis fijado en los últimos años las páginas web han empezado a requerir el consentimiento para el rastreo de cookies precisamente por ese motivo.

Sin embargo, en las stories de instagram haces click abajo a la izquierda y ves quién las ha visto. Es algo, desde un punto de vista técnico, incomprensible y perverso. Recordemos que Instagram ya eliminó hace 5 años la pestaña en la que se podía ver lo que hacían otros usuarios por ser demasiado invasora. Pero no ha tocado el asunto de la privacidad en las métricas de las stories. Vamos a ver qué implica esto, porque surgen varias cuestiones.

La primera es que si subes stories de forma habitual y checkeas a los diez minutos quién las ha visto de forma seguida puedes tener una idea aproximada de quién está pendiente de ti. Esta es una primera deformación cognitiva. Subo una storie, entro en la analítica a los 10 minutos y detecto e identifico durante varias semanas las personas que están pendientes de mí. Recordemos que el algoritmo tiende a mostrarte a aquellas personas que ya suelen interactuar con tu cuenta.

Otro elemento importante que se ha diluido en los últimos años o que han corregido: en el listado de personas que te ven, hasta hace un tiempo, se ubicaban en la parte alta las personas a las que uno seguía y, además, las personas con mayor interés en uno. En la parte baja del listado se muestran siempre las personas que uno no sigue. Hace un par de años podías saber con una mezcla de este detalle y del anterior, de forma clara y diáfana, quién estaba pendiente de ti sin mucho margen de error.

Como veis, un analista de datos es por definición una mente perversa que busca correlaciones y sentidos, así que ya me disculparéis. Si uno publica pues durante treinta días seguidos y analiza de forma secuencial las métricas puede tener una idea estadística del interés / curiosidad que genera y en quien.

Aquí aparece un tercer elemento, que es la figura que da título a este vídeo: los storywatchers. Algo que he detectado tras años subiendo vídeos psicodélicos en mis cuentas privadas es la figura de personas que han desaparecido de la existencia real, del mundo físico que me rodeaba, para convertirse en storywatchers permanentes que, además, en algunos casos cumplen con los dos puntos anteriores: storywatchers permanentes e instantáneos. Es decir, para convertirse de forma literal y figurada en lo que conocemos como fantasmas.

Así que uno sube stories de forma recurrente empieza a aparecer en las métricas gente que ya no está en tu vida. Ex parejas remotas: storywatchers. Conocidos que pudieron convertirse en enemigos o con los que dejaste de hablar por lo que fuera: storywatchers. Compañeros de escuela del pasado remoto: Storywatchers. Es decir, fantasmas, porque en muchos casos jamás interactúan con uno. Uno solo ve su logo y su nombre, sistemáticamente ahí, como una sombra, una presencia muerta.

Esto lleva a un cuarto elemento que implica una disonancia cognitiva importante. Tengo bastantes amistades que o no tienen instagram, o no lo usan apenas. Son personas más analógicas que yo con las que me comunico por otras vías y, sobre todo, en presencia física. Así que, claro, si uno tiene la costumbre de subir stories habitualmente, puede ocurrir que acabe teniendo más presentes en su mente a fantasmas que a personas reales. Porque tú entras en las estadísticas y ves el nombre de personas y su emoticono visual.

Por poner un ejemplo simple: supongamos que mi ex-pareja de hace diez años ve todas mis stories sin interactuar nunca conmigo. Cada vez que entro y consulto las estadísticas veo su nombre y su logo. De tal manera que si yo subo una storie al día y consulto las estadísticas cada día, acabo pensando cada día, aunque sea solo un momento, en aquella persona. En cambio, amistades analógicas que no tienen instagram, reales y a las que veo habitualmente en el mundo físico, no me las ofrece la máquina como imagen-forma mental. Así que muy paradójicamente uno puede acabar pensando más en personas sepultadas que en personas presentes. La imagen-nombre desencadena cadenas de recuerdos o proyecciones aunque uno no lo desee.

Y aquí uno diría: oye esto te ocurre a ti que eres analista y que consultas las estadísticas-métricas siempre. Yo contestaría que no, que todo el mundo que conozco en general consulta esto mismo y que ya he hablado con muchas personas acerca de lo que aquí escribo sin que me miraran raro: todos sabemos de qué estamos hablando.

Como menciona el antropólogo británico Robin Dunbar en su obra “Friends: Understanding the power of our most important Relationships”, nuestro cerebro puede tener relaciones de confianza recíproca con poco más de 150 personas. 150 es de alguna forma un número límite de control para nuestra mente.

Entonces tenemos que si uno se entrega al consumo de las redes sociales de forma intensiva (como por otro lado ya ocurre hoy en día de forma masiva y enfermiza) una parte importante de las 150 personas potenciales con las que puede tramar relaciones de confianza pasan a ser fantasmas-storywatchers. Es decir, que de alguna forma nuestro pensamiento se ve parasitado por formas mentales, imágenes del pasado, referencias de personas ya muertas en nuestra vida real; conquistado, dominado, es como una fuerza que entra deshumanizando la mente. Esto yo lo considero una parte del Halo, descrita en la novela Discotecas por fuera que escribí en 2019. Pero aún podemos seguir profundizando y encontrando nuevos elementos.

Hemos visto a los Storywatchers-fantasmas del pasado que ven nuestro contenido pero no dicen nada. Ahora veamos lo que ocurre con los Storywatchers/zombis que sí nos interactúan.

Mi opinión es que instagram es una red que ha destrozado las relaciones humanas, incluso ha conseguido devaluar aquellas que eran sólidas en el mundo físico. En las Stories de instagram uno tiene dos opciones de interacción: puedes poner un corazón o bien puedes dejar un comentario.

Lógicamente, no todo el mundo que ve tus stories está callado sin interactuar. Por ejemplo, la familia o los amigos cercanos es habitual que digan algo. Pongo aquí el ejemplo casi mítico de mi madre que siempre me comenta todas las stories. Todo eso entra dentro de una normalidad. Pero, ¿qué ocurre con las relaciones con gente a la que uno ve poco? No hablo aquí de fantasmas, sino de personas intermedias que encuentras de vez en cuando en el mundo real.

Mi experiencia aquí es que mucha de esta gente medianamente cercana ha sustituido la costumbre de una comunicación completa y de calidad por interacciones de muy bajo nivel como son los emoticonos-emoji o las frases simples y esporádicas. No es casual, creo, que en mi bandeja de entrada del correo electrónico hayan desaparecido todas las cartas largas que recibía en el pasado. Hay gente con la que me carteaba por extenso que ahora considera suficiente ponerme un corazón y una frase aséptica para tener la ilusión de que seguimos en contacto y somos amigos. Hay personas a las que yo todavía escribo cartas que me contestan de forma diluida aprovechando el entorno de las Stories, o bien, para no perder el tiempo que implica escribir una carta, me envían una nota de voz. El resumen final es que yo ya no recibo cartas de nadie. Que la mayor parte de respuestas que recibo de gentes así llamadas de letras, escritores, editores, etc, toda esa gente, de letras, como digo, son textos minúsculos, emoticonos o notas de voz.

De alguna forma, el nuevo entorno, en este caso de las stories, ha permitido simplificar y acelerar las conexiones y al mismo tiempo convertirlas en banalidad extrema. ¿Qué diferencia hay entre estos amigos intermedios si todos ellos me interactúan con corazones emoji, con fuegos emoji y con una o dos frases simples iguales entre sí? Para mi personas que eran individuales pasan a ser proto-zombis. Esta es la palabra justa, amigos zombis. No digo que no estén expresando un afecto real. Digo que expresan un afecto banal, que no es lo mismo.

Vistos los Storywatchers-fantasma y los storywatchers-zombi pasamos a la última categoría, siempre eterna si nos ceñimos a los casos que tenemos ya desde la literatura antigua, de los storywatchers-oportunistas-trepas.

El mundo, ya lo sabíamos, está lleno de personas a las que importamos únicamente de una forma instrumental, como medio y no como fin. Personas, por decirlo así, que solo te llaman cuando quieren algo. Esto es de sobra conocido por cualquiera, es una cualidad intrínseca del ser humano ser en parte una hiena carroñera. Es algo que hay que controlar en el mundo capitalista en el que vivimos. La cuestión es que gracias a las stories de instagram este tipo de personas han desarrollado un comportamiento evolucionado curioso. El storywatcher carroñero, antes de hacer su petición, te va a chupar el culo con la nueva moneda de nuestro tiempo: el like / la interacción. Dado que son actividades fáciles y banales, sirven de efectiva obertura. Dado que producen placer dopamínico en el receptor, son usadas para ablandarte de forma instrumental.

Así que lo que tenemos tras una década de consumo es un servicio gratuito, Instagram, con una funcionalidad muy utilizada, que en última instancia genera fantasmas por tubo, zombis erráticos por un tupo y hienas devoradoras por un tubo. Cómo distinguir en esta amalgama en la que el número, la métrica, el volumen de followers, etc, es una clave, ¿lo genuino?

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