Técnicas de Espionaje Ligero con Mailtrack Visión Remota Rviewer
Pulsa para ver el vídeo. No se carga nada de YouTube hasta entonces.Verlo en el canal ↗
Transcripción del vídeo. Verlo en el canal.
Quiero contaros la historia de un espionaje indirecto, y de los sucesos inciertos que tuvieron lugar por culpa de una aplicación llamada Mailtrack. Su nombre ya indica por dónde van los tiros: rastreador de correos electrónicos. Sobre cómo sin querer o queriendo me espiaron, y sobre cómo a su vez yo espié y, por ese espionaje, llegué a inciertos conocimientos psicológicos.
Todo empezó años atrás, cuando yo era un incipiente posicionador de páginas web. Un día me contrató un incierto empresario, a quien llamaremos Mothman, para ayudarle en un proyecto de startup que acababa fundar.
El nombre de esa startup, Rviewer, ya tenía su misterio. De hecho, si buscáis en google veréis que en los resultados de búsqueda aparece una empresa llamada rviewer, no española, sino americana. Si entrais en su web veréis que son especialistas en visión remota, con certificación y experiencia contrastada. El oscuro empresario me había contratado para una startup de mismo nombre. Lo cual ya me pareció sincrónico. Sin embargo, mi empresa era mucho más prosaica, menos paranormálica: se trataba de un marketplace que ponía en contacto programadores y empresas que buscaran programadores. Se llamaba Rviewer porque podías realizar unos exámenes de nivel que te daban acceso a trabajos. Mi vida entonces carecía de sentido y propósito, casi todo el día eran horas de pantalla elaborando estrategias de marketing.
Entonces utilizábamos la herramienta slack para conversar, pero sobre todo usábamos el correo electrónico, centro de este drama. El oscuro empresario era un chaval musculado que gran vivacidad que irrumpía en la oficina y soltaba discursos empresariales motivacionales. Nos decía que él se levantaba a las cuatro de la mañana y que escuchaba podcast sobre marketing mientras corría ocho kilómetros cuesta arriba por Collserola. Solía hacer dos cosas a la vez y mientras hablaba de algo, decía, pensaba o calculaba con la mente otras cuestiones. La intensidad de este hombre se transmitía también vía correo electrónico. Cada día nos enviaba entre cinco y diez correos que incluían charlas motivacionales, ejercicios aeróbicos, webinars sobre túneles de conversión y toda clase de tonterías que, naturalmente, yo no abría. Hasta que un día me abordó junto a la máquina expendedora de aguas y me dijo ¿Por qué no lees mis correos?
Yo estaba en ese momento esperando a que se llenara mi vaso. ¿Cómo?, le pregunté.
Que no te lees lo que te envío o qué te pasa??
De regreso a mi silla me quedé pensativo: ¿Cómo sabía ese ser que yo ni abría sus correos?
No quiero dar muchos rodeos, al revisar uno de sus mensajes, titulado "5 razones para no evitar los asanas cuando vas a cerrar una venta", vi abajo a la derecha una marca de agua pequeña pero significativa, en la que se leía: "Mailtrack". Busqué en internet y encontré esta herramienta que, una vez instalada, te indica con un pingback cuándo alguien lee uno de tus correos. Naturalmente, también te señala cuándo alguien no los lee.
Al principio me pareció perverso, pero conociendo el truco me dije: "basta conque abras todos los correos de tu jefe para que él crea que los has leído". Y eso hice. Además, interesado por esa herramienta, decidí pagar su pequeña cuota unos meses y probarla. Pensé que podía ser ideal para rastrear los correos laborales con los diferentes clientes y compañeros de la Startup.
Lo que no conocía ni podía anticipar, eran los conocimientos colaterales que mailtrack me ofreció acerca de la psique humana y que pretendo consignar aquí. De entrada, con esta herramienta, uno puede descubrir / medir hasta qué punto otra persona está interesada en ti. Daos cuenta de que podría haber empezado el vídeo con este gancho poderoso, pero creo que es tan perverso que prefiero enterrarlo en el último tercio, donde solo llegáis los pioneros, o los más amigos por lo menos. Tú le envías un correo a una persona amada y puedes observar varias cosas:
Cuánto tarda en leerlo (o en su defecto, si lo lee)
Cuántas veces lo lee
Con qué frecuencia lo lee
Uno puede toparse, como fue el caso, con múltiples sorpresas. Mailtrack me mostró un día que una amiga con la que también colaboraba laboralmente abría mis correos repetidas veces nada más recibirlos. Entre diez y veinte veces en el plazo de una hora. El dato me inquietaba, dado que en presencia física ella era alguien completamente normal. Pero yo sabía que existía algo compulsivo, obsesivo indeterminado, en su conducta. Porque, abrir un correo veinte veces seguidas sin dar respuesta, más que un signo de interés, puede ser incluso un signo perverso.
Algo más significativo me ocurrió en una cadena de correos con un escritor célebre. El escritor célebre abrió una mañana 79 veces nuestra cadena de correos a la que yo no había contestado. ¿Esperaba el escritor célebre que yo contestara de un momento a otro y por eso entró 79 veces al correo?
Otro dato interesante que uno puede obtener con esta aplicación, Mailtrack, y este sí es un dato poderoso y a su ver perverso, tiene que ver con las personas del pasado. Os pondré un ejemplo: una persona con la que había dejado de hablar meses atrás, de pronto abrió sucesivas veces uno de nuestros correos pasados. Vía Mailtrack, recibí la notificación transmutada de su pensamiento. Supe que me pensaba, ahí tenía la prueba. No hice nada y poco después esa persona me escribió. La cuestión clave: yo ya estaba preparado para recibirla.
Mailtrack nos ofrece lo mismo que nos daba en la ficción esa película de Siedl llamada Animal Love, donde el tenebroso director alemán grababa con cámara oculta a personas junto a sus animales. ¿Alguien ha visto lo simiesco que puede llegar ser uno mismo cuando está a solas con un animal querido? Ese tipo de cámaras voyeurísticas es lo que nos ofrece Mailtrack en versión ultracontemporánea.
De alguna manera, se observa en todos estos detalles, que uno no juega limpio a menos que la otra persona también tenga mailtrack. Y en todo caso se observan en estos casos dobleces que oscurecen la función de esta aplicación que mi oscuro jefe utilizaba para, en esencia, tenernos controlados en esa quimera de startup supuestamente horizontal. Y que yo, durante unos meses, tuve instalada permitiéndome recolectar información secreta, confieso aquí, ya en el cierre, de quien me rodeaba. Busco una expiación dejando constancia de lo aprendido y a la espera de vuestros amables comentarios, me despido
